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9 septiembre 2013 1 09 /09 /septiembre /2013 19:47

¿Somos capaces de creernos todo lo que nos cuentan? ¿Esa habilidad natural para reproducir como propio todo lo que oímos es producto de nuestra buena fe, de la habilidad de los medios de intoxicación o de nuestra ignorancia, que se basa en la falta del más mínimo sentido crítico?

 

 

Los juicios de valor podemos creer que son “innatos” a nuestra esencia personal; algo así como opinar eso que está tan de moda hoy en día de “yo soy así y al que no le guste que se fastidie…”, como si “ser así…”  fuera de mayor mérito que “yo era así y he cambiado a mejor…”. Pues eso es lo innato, lo que forma parte de tu personalidad, sea esta detestable o soportable.

 

Difícil lo han tenido los filósofos a lo largo de la Historia del pensamiento  para separar lo “innato” de lo que llamamos “prejuicios”. Estos, sin duda, nacen de aquello que no hemos conocido o apenas ha sido así, pero de lo que tenemos una idea general anterior a nuestro conocimiento contrastado. No es innata porque puede ser contraria a nuestra personalidad, pero forma parte de aquello en lo que creemos a pies juntillas, aunque realmente no nos hayamos parado a pensar en por qué diantres tenemos las ideas tan claras sobre asuntos a los que hemos dedicado tan poco tiempo en contrastar.

 

Al último nivel, el de los “juicios”, se llega por el estudio, la lectura, la experiencia de la vida o aquello que mejor nos sirva para saber de lo que hablamos. Eso  que tanto gusta decir a la gente de la “Universidad de la vida” o la del pupitre, añado yo,  pero de verdad. Tener un juicio fundado no es algo que acostumbremos a hacer, por lo que quien habla con conocimiento no suele ser reconocido más que como una “rara avis” que dice cosas extrañas y poco convencionales.

 

Nuestras ideas políticas, económicas o sociales se basan fundamentalmente en los prejuicios, en el campo habitual de las ideas preconcebidas y mediocres, en los espacios comunes en los que nos vemos cómodos opinando de lo que desconocemos, pero al menos lo hacemos como los demás.

 

De mi tía la del pueblo nadie me va a contar nada que yo no sepa; y que me digan lo contrario que les voy a decir yo unas cuantas cosas; nadie la conoce mejor que yo. Lo mismo de mi trabajo, que hago mil veces mejor que el vago de Manolo que no sabe ni hacer la “o” con un canuto. De la crisis económica…ah pues los socialistas, de los recortes…los del PP, de los americanos en Siria…por las bombas químicas que ha tirado el que manda allí. Poco sabemos realmente de la complejidad de lo arduo por lo que lo mejor es simplificar y si simplificamos mejor que nos den ideas claras para salir del atolladero. Una vez dispuestos a simplificar lo mejor son los tópicos, los clichés y la información sencillita. Con cuatro ideas nos manejamos bien.

 

El problema es que resultamos muy fáciles de engañar. La democracia es educación, información, responsabilidad, cultura y juicio crítico. De lo contrario somos presa fácil a la manipulación de los mediocres. Si nosotros lo somos, simples y mediocres,  para gobernarnos no es necesario grandes lumbreras, con cuatro parlanchines es suficiente. Y así nos va; nos convertimos en el país de los mediocres. Todo lo que nos rodea lo será. No solo eso, nuestra ignorancia nos lleva a ser terriblemente injustos.

 

Si os parece vamos a repasar algunas de las mayores injusticias que cometen nuestros prejuicios y de las que nunca nos hemos sentido culpables:

 

A)    LOS INMIGRANTES.

 

 

Los inmigrantes acaparan las prestaciones sociales, aumentan el fracaso escolar, generan precariedad en las condiciones laborales, solo tienen derechos y no deberes, provocan desempleo, sustraen plazas en los colegios, son sucios, fanáticos religiosos, nos están invadiendo, no quieren integrarse, son delincuentes, transmiten enfermedades contagiosas, no respetan la cultura del país, tienen familias desestructuradas, son una amenaza para la identidad nacional, tienen preferencia en el sistema de salud, acaparan las prestaciones sociales, no pagan impuestos, son una amenaza para la democracia y no deberían votar.

 

B)    LOS GITANOS.

 

Los gitanos son nómadas, vagabundos, ladrones, venden droga, tienen clanes mafiosos, son analfabetos, solo saben bailar y cantar, son holgazanes, sucios peligrosos, machistas, autoritarios, racistas y no se quieren integrar.

 

C)   LOS MOROS.

 

No sabemos qué es un árabe o un persa, no sabemos si todos los moros son musulmanes y si todos ellos son integristas y por tanto terroristas. Los moros terroristas, quieren islamizar Europa y se niegan a integrarse, al contrario, nos quieren convertir al Islam. Todos los moros son iguales, sus imanes son peligrosos y terroristas, el Corán es peligroso e incompatible con Occidente y no queremos una mezquita en nuestro barrio.

 

D)   LOS JUDÍOS.

 

El cristianismo asocia a los judíos con la muerte de Jesús a pesar de que Jesús era judío, como sus padres y sus discípulos, ejercía de rabino, hablaba hebreo y arameo, celebraba el Shabat y rezaba en la Sinagoga. No obstante el odio de los cristianos nace del rechazo de los judíos a Jesús a pesar de que la gran mayoría de ellos en aquella época no lo conoció. Curiosamente el odio por el deicidio no recayó en los romanos sino en los judíos.

 

El islamismo asocia a los judíos con la secularización occidental y con la falta de religiosidad, los laicos les acusan de su extremismo religioso, las derechas con los movimientos comunistas y alternativos, las izquierdas les responsabilizan del capitalismo y el pensamiento contrarrevolucionario, los internacionalistas con el nacionalismo y los nacionalistas con el cosmopolitismo, los antirracistas les acusan de racistas y los racistas los asocian con el multiculturalismo, el cosmopolitismo y los derechos humanos…………

 

Así vivimos, el mundo del revés.

 

Os informo que todo ello es mentira: los pueblos, minorías, credos y situaciones descritas en estas líneas son y suponen una absoluta discriminación que se ejerce de forma general contra estas personas: los inmigrantes son apartados de la educación subvencionada, empleados y explotados en la economía sumergida, no siempre respetados en su cultura, rechazados por una parte de la población simplemente por los tópicos falsos contra ellos. En este país y mucho más en los de nuestro entorno. Molestémonos en tener un juicio basado en nuestro conocimiento.

 

 Si nos hemos sentido culpables leyendo tanto prejuicio admitido como verdad absoluta siempre nos queda evitar caer en la tentación de lo fácil y lo mediocre en el futuro para que la lectura de Jean Paul Sartre dirigida a los judíos pero aplicable a cualquier otro colectivo discriminado no nos duela en el alma:

 

 "Es el hombre de las masas. Por pequeño e insignificante que sea, se encoge aun más por miedo a sobresalir del rebaño y a toparse cara a cara consigo mismo. Si se ha vuelto antisemita, es porque sabe que no puede serlo a solas. Esta frase "odio a los judíos" es de las que solo pueden pronunciarse en grupo. Al decirla uno se integra en una tradición y en una comunidad: en el colectivo de los mediocres".

 

Gracias a Xavier Torrens por su maravilloso trabajo sobre Racismo y Antisemitismo.

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Published by raulburillo.over-blog.es
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