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29 octubre 2013 2 29 /10 /octubre /2013 23:39

¿Y la prensa? ....Crisis de la democracia, del sistema político, del bipartidismo, de las Instituciones, del Estado, de España de Cataluña…. Todo es crisis. La tormenta perfecta convirtió la que solo era crisis inmobiliaria en financiera, haciéndola coincidir con la política y administrativa. La corrupción hace más difícil el camino cuesta arriba, porque desmoraliza saber que lo que tu pusiste se lo llevaron otros. Tal vez haya que volver a ponerlo o nos quedaremos definitivamente sin él; en todo caso nos han engañado y nadie nos pedirá perdón. Metieron a los zorros a cuidar el gallinero. A mitad de montaña nadie te anima, al revés, solo te recuerdan que te quedan muchos días de esfuerzo. Todo coincide y se muestra en contra, pero de esta situación salimos; eso seguro. Salir salimos, lo que no sé es si reforzados en nuestras virtudes como sociedad o apenas con un solo parche que nos mantenga tambaleando hasta la próxima. Pero… ¿y la prensa? ¿Se habla lo suficiente del papel que juega en esta situación el “cuarto poder”?

 

No podemos hablar de lo que no conocemos pero sería bueno no callarnos de lo que sí; de lo que sabemos porque lo hemos vivido en primera persona, o porque no tenemos mayor esfuerzo  que leer atentamente los periódicos, escuchar la radio o conectarnos a Internet para imaginarlo cuando menos. Lo bueno que tiene la prensa es que sale en los periódicos y nadie podrá decir que no lo sabía. La tontería de esta sentencia es evidente pero cierta.

 

Si de hablar de lo que sabemos se trata, solo puedo reflexionar en voz alta, con vosotros por supuesto, de un tipo concreto de prensa y, dentro de ella, de alguno de sus integrantes, pero os aseguro que la importancia que tiene  su existencia configura una forma concreta de poder que nos devuelve a la España decimonónica de caciques y militares. La prensa se convierte en poder fáctico, pero no  en el cuarto sino el primero.

 

Parece admitido por todos que cualquier empresario que adquiere un medio de comunicación –prensa, radio, televisión- tiene la posibilidad de opinar y decir lo que le viene en gana, utilizando para ello su flamante propiedad. Así de fácil; me compro un periódico y digo lo que me da la gana. A eso le llamamos libertad de prensa. Sus criterios particulares se convierten con habitualidad en corriente de opinión, confundiendo intereses particulares y generales. De esa forma los suyos propios, solo los suyos, terminan influyendo en la opinión pública confundiendo lo particular con lo general. Decisiones políticas, nombramientos, ceses, presiones y dimisiones tienen su origen en la voluntad de quien decide que nada de lo que pase en su ámbito territorial ocurra sin su consentimiento. Sin duda, y en mi opinión, eso sucede con algunos medios de la prensa local o tradicional de nuestro país.

 

Llevamos años planteándonos, o casi mejor replanteándonos, dónde está nuestra democracia, dónde está nuestro dinero, dónde están nuestros servicios recortados y, sobre todo qué pintamos nosotros en todo esto. Por si alguna vez nos preguntaran, y lo que sería más extraordinario, por si alguna vez le interesará a alguien nuestra opinión, nos gustaría saber previamente quién demonios nos puede explicar qué está ocurriendo a nuestro alrededor. Y es que, curiosamente, en la era de la información cuanto más sabemos menos comprendemos. Y esa es la clave: la información no siempre lo es.

 

La sociedades tienen memoria y somos lo mismo que fueron otros antes que nosotros, añadiéndole por nuestra parte lo poco que conseguimos cambiar si nos dejan. Ser conservador es respetar la historia y a los que la hicieron, que al fin y al cabo siempre eran lo mismos; mantener lo que les va bien a los que nada quieren cambiar, en ese curso natural de los acontecimientos que siempre controlan los que tiene el poder para hacerlo. Y el poder, por supuesto, es información.

 

Por ese respeto a las costumbres que forman el armazón lógico de las tradiciones, buena parte de la sociedad reacciona ante los medios de prensa como si estuviéramos en los años del “parte” de Radio Nacional de España en la época franquista. Todos alrededor de la radio escuchando el famoso parte y creyéndolo a pies juntillas. La verdad oficial. Las cosas son como dice el periódico y más cuando este es “el de toda la vida”. ¿No te has enterado…lo dice el periódico?

 

El título de “periódico de toda la vida”, en el espacio geográfico en el que se lo ha ganado, otorga mucho poder. Tanto como ser portador de la verdad revelada. Con esa verdad a su disposición solo queda convertirla en beneficios.

 

Todas nuestras provincias tienen su prensa de toda la vida. “Periódico independiente” suele rezar en la cabecera de alguno de ellos. ¿Independiente de qué o de quién? te puedes preguntar. Independiente de ti y de mí, claro, porque si es “de toda la vida” no puede ser independiente de los intereses que controlan tu ciudad. Los poderes que la dominan y tu periódico suelen ir de la mano. El mérito consiste en saberlo disimular y  aquí es donde hay de todo. La habilidad y la profesionalidad juegan sus bazas con mayor o menor fortuna.

 

Nos encontramos de todo a lo largo y ancho de nuestro mapa editorial de provincias. Existen esos periódico zafios, ruines y nada disimulados, que con sus columnistas de opinión y sus editoriales caseras ensalzan a unos y atropellan a otros sin defensa posible, optando sin rubor por ejercer su poder de forma bien visible, para que nadie dude de quién manda aquí. Elaborar las listas electorales de los partidos que les interesan, condicionando a sus lectores si es preciso, y cambiando a los alcaldes díscolos si así les apetece, no es más que una muestra de la que existen ejemplos más que sobrados que solo tenéis que recordar. Todo ello, por supuesto, de acuerdo con las instrucciones recibidas desde la Dirección del Consejo Editorial que, por supuesto, ni conocemos ni nadie nos lo ha presentado.

 

¿Nos han informado de quién nos informa? ¿Por qué confiamos en lo que nos dicen aquellos que no conocemos? De ahí que la pregunta obvia debería ser: ¿Quién se esconde detrás del periódico de tu provincia? La respuesta es igual de fácil: una familia de toda la vida.  Los periódicos de toda la vida son controlados generalmente, y en el mejor de los casos, por familias de toda la vida. Esa familia, para tu conocimiento, es la más poderosa de tu provincia, no lo dudes. Nada ocurre sin su aprobación. No  se te ocurra pensar que votarás lo que tú decidas al elegir la papeleta electoral porque los nombres que haya escritos en ella ya los han seleccionado desde sus despachos y apoyados desde sus páginas por acción u omisión. El poder en democracia siempre permanece oculto pero algunos deben dar la cara por ellos; son “sus” políticos de cabecera. Si el periódico de turno decide acabar con el alcalde impertinente tened por seguro de que así lo hará. Si decide encumbrar a algún joven valor de la política no dudéis que así ocurrirá. Si creen que sus intereses se salvaguardan mejor con un pequeño partido regional que les resulte más sencillo de controlar, ese partido ya existirá desde hace tiempo.  Nadie tiene más poder que ellos porque dominan la información. La información de “toda la vida”, la que vale.  Aunque sea parcial o falsa.

 

Pero aun hay algo peor. El nuevo rico de oscura e inmensa fortuna y ningún escrúpulo, que necesita legitimarse con la sociedad que, en su sueño de grandeza, quiere controlar. El dinero lo compra todo hasta lo que nunca se puede adquirir. Los periódicos que forman parte de la vida de tus padres también se venden y los adquieren estos personajes sin pasado. La inmediatez del poder es embriagadora para el que no está acostumbrado a ella y  no sabe que el secreto para mantenerlo es administrarlo con mesura. Tanta ostentación delata pero no se puede pedir a quien nunca tuvo.

 

Pero claro, el poder no  sirve -ni a los de toda la vida ni al rico advenedizo-  para disfrutarlo en la soledad de sus despachos sino que  debe ejercerse de forma activa ampliando sus redes clientelares. El poder se retroalimenta cuando es real.  Los políticos son generosos y los apoyos se pagan y se cobran: de un periódico pasan a disponer de radios, televisiones y productoras de televisión. Las televisiones públicas necesitan la seguridad de sus aliados y ponen en  manos de las productoras afines el resto del poder que necesitaban. Toda la información es suya, pública y privada; el emporio está completo. A partir de ese momento periodistas que no lo son callan de lo que saben y hablan de lo que no, pasando de los medios públicos a los privados con la soltura del que sabe que solo tiene un jefe.

 

Sus intereses se amplían y pasan a ser los propios de su entorno y por lo tanto también inmobiliarios, turísticos, bodegueros, agrícolas… Y es allí donde crecen los poderes caciquiles y en ocasiones cuasimafiosos. Nada de lo que ocurra en su provincia escapa a su control. Ellos mandan, los politicos son los suyos, el alcalde también lo es -o luchan para que lo sea-, los proyectos inmobiliarios se alientan o  critican en función de sus expectativas. La información es mía y el poder también, proclaman de forma no siempre disimulada desde sus rotativas. La alta sociedad se muere de ganas de ser acariciada por las suaves brisas de la fama local. Aquí no se mueve nadie sin mi permiso porque el que lo haga no sale en la foto de mi periódico. Os tenemos a todos  en nuestras manos; si quieres ser alguien en esta ciudad dependes de mí.

 

¿Y la corrupción? De repente te enteras que tu provincia era un nido de corrupción. ¿Y nadie ha dicho nada durante estos últimos 20 años? ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? Esa pregunta nos la repetimos con cada vez mayor estupefacción, perplejos por el descaro de algunos de nuestros políticos. El problema es que se sentían impunes, dicen los entendidos. ¿Impunes? ¿Y la prensa de toda vida no se enteraba? ¿Pero si aquí no se mueve nada sin que ellos lo sepan? Por eso se sentían impunes.

 

Nunca nos enteramos por el periódico de toda la vida hasta que la policía no entró en sus casas y no les quedó más remedio, porque de haber sido de otra forma nunca hubiera existido corrupción. Lo podían haber evitado y no lo hicieron. Cómo lo iban a hacer si eran de los suyos. Más que de los suyos, simplemente los suyos. ¿Y las subvenciones encubiertas, los contratos a dedo, las concesiones públicas a amigos, las recalificaciones a la carta…? De nada de ello te enteraste cuando tocaba. ¿Y los ciudadanos que acudían a la prensa a denunciar estas complicidades? No se publicaron. No había pruebas ni interés en investigarlo.

 

Seguro que conoces a alguno de estos medios. Deberás saber que les quedan poca vida. De hecho ya están muertos. La información está en la red, en la prensa digital, en los medios abiertos, proviene de ciudadanos valientes, de radios participativas, prensa plural y variada. Todo cambiará; la verdad ya no es solo suya, es de todos y entre todos la encontrarás. El monopolio se acabó y la ceguera también. Incluso para ese periódico de toda la vida, en el que trabajan periodistas brillantes y profesionales que consiguieron que aun entre sus páginas de medias verdades y silencios cómplices crecieran espacios de libertad que reconcilian a los lectores con la información veraz y a sus autores les permitió habilitar rincones en sus dormitorios para descansar tranquilos con su conciencia.

 

 

 

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