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15 febrero 2012 3 15 /02 /febrero /2012 18:20

No podemos confundir el régimen liberal o sistema de libertades con la democracia.

El primero es innegociable y tiene que ver con nuestras libertades personales, sociales, económicas, civiles y políticas. El segundo sí que es negociable y mejorable, y tiene que ver con la forma de gobierno mediante la participación ciudadana en el mismo.

Teóricamente cabe el primero sin el segundo, pero no el segundo sin el primero. Stuart Mill, el filosofo utilitarista inglés, afirmaba: “Todas las cuestiones referidas a las instituciones políticas son relativas, no absolutas. Las diferentes etapas del progreso humano no solo tendrán, sino deben tener, instituciones distintas, según cada generación, cada situación”. De ahí, con el paso de los años, la famosa frase que todos conocemos de W. Churchill, “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (1947), en la que no precisa muy bien qué es eso de “democracia” o lo de "menos malo", pero en la que parece no compartir la idea sobre la relatividad de las instituciones de su compatriota Mill, al menos por la experiencia de los duros años de totalitarismos vividos cuando pronunció aquella frase. Por ello prefiero quedarme con G. d´Estaing, el  ex Presidente Francés: “somos testigos de una crisis de la democracia representativa”. Sin duda es así.

 

La llamada “democracia”, en honor a sus "inventores", tiene muchas variantes y formas pero todas se caracterizan por estar muy alejadas del modelo clásico original.

La participación de los ciudadanos se limita hoy en día a la capacidad de cambiar, o no,  cada cuatro años al gobierno de turno para el que nombra a unos representantes que, teóricamente, articulan unas ideas o ideologías. Estas ideologías, o más bien grupos de intereses, se asocian en partidos políticos que son los que monopolizan toda la participación democrática de los ciudadanos. De tal forma esto es así, que en la actualidad no tenemos muy claro si los partidos políticos son un cauce para la participación ciudadana en el gobierno de la “cosa pública”, o precisamente lo contrario, un muro de contención.

 

La única forma de participación democrática solo es posible desde los partidos políticos y nada cabe fuera de ellos. Estos, a  su vez, se han convertido en una representación institucionalizada y burocratizada de intereses que monopolizan el acceso al gobierno y  la participación real de los ciudadanos. Fuera de ellos solo cabe la llamada democracia indirecta, esto es,  los grupos de presión en  sus muy variadas formas: ONG´s, Asociaciones de vecinos o  empresas multinacionales, por poner tres ejemplos reconocibles.

 

“La democracia es el sistema que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”, genial comentario de B. Shaw, para el que la democracia también es el menos malo de los sistemas de gobierno puesto que “sustituye los nombramientos de los gobernantes realizados por minorías corrompidas, por la elección por una mayoría incompetente”. Más que incompetente, que no podemos compartir aunque solo sea por no incluirnos todos de forma voluntaria, sí que podemos considerar que fácilmente manipulada.

 

Ello nos lleva a las múltiples “trampas” que el sistema “democrático” tiende a los ciudadanos para que no percibamos esta crisis de participación real en el gobierno de lo que les afecta. Los medios de comunicación trasladan una realidad “oficial” que de forma paulatina va calando en los ciudadanos sin tiempo, seguramente, para pensar.

 

Hoy quiero comentaros una de esas “trampas” en la que estuve pensando esta mañana. Es la que he venido a llamar “del Bufón”. Os la explico a ver que os parece.

Uno de los muchos problemas que presenta nuestro modelo de democracia actual es la degeneración del sistema de partidos políticos, convertidos en lo que líneas más arriba os comentaba. El inteligente empleo de sistemas electorales, tanto por el sistema de reparto de escaños como por el tamaño de los distritos, puede convertir a los partidos políticos mayoritarios en hegemónicos y únicos de “por vida”. Salvo catástrofe, se garantizan el primer puesto o el segundo en todas las elecciones. Los grandes han suprimido la competencia. La Dictadura del "voto útil" hace el resto del trabajo sucio.

 

El sistema electoral español es un claro ejemplo, pero citarlo en primer lugar hace de menos al británico, que es el espejo en el que mirarse si de bipartidismo hay que hablar. Incluso también en estos momentos, para los que ya piensen en contradecirme por la participación del Parido Liberal en el gobierno del Reino Unido.

 

Pero claro, la gente, como la policía, no es tonta y sabe que dos partidos políticos no pueden abarcar todo el espectro de variantes ideológicas, y más en países como el nuestro en el que caben hasta  cuatro tipos de derechas y cinco de izquierdas. Si todas ellas deben caber en dos partidos, ¿cómo lo hacemos?

 

Muy fácil: con la técnica del bufón. Si la policía no es tonta, el hábil ladrón tampoco, por lo que tiene un plan para engañarla. Os lo explico.

Cada partido político de “amplio espectro” aspira a tener calmado a su “amplio electorado” y que ninguno se le escape. Para ello debe dar satisfacción a cada ciudadano haciéndole ver que su forma de pensar tiene cabida en el partido. El problema es que la política que realiza o que anuncia, tanto en la oposición como en el gobierno, posiblemente no tenga nada que ver con lo que tiene en la cabeza buena parte del electorado, cada uno de ellos por un motivo. Esperan un gobierno más de izquierda, o más religioso, están en contra de los matrimonios homosexuales, piensan que España se rompe, o que hay que acabar con las grandes fortunas…….. En fin, cada uno con su idea poco o mucho elaborada pero todas tienen que caber en dos partidos.

 

La solución es colocar a uno o varios “bufones” a lo largo del espectro político o ideológico que se quiere abarcar. Este bufón debe parecer “exaltado” y un defensor acérrimo e idealista de su forma de pensar. Se enfrentará con la dirección del partido en defensa de su postura. Se le consentirán todas las estupideces y extravagancias que se le ocurran, entre ellas, como digo, la de enfrentarse a los lideres oficiales del partido en defensa de su posición.

 

Por supuesto que los debates son "ficticios" y están orquestados cual montaje del “Sálvame de luxe” se tratara, pero todos pondrán el mejor de sus empeños en hacerlos reales. De esta forma se consigue "credibilidad", fidelizando a los "rebeldes".

Su presencia tranquiliza la conciencia de estos votantes a los que las dudas empiezan a devorarles, votantes “dudosos” en definitiva que ,de otra manera, se sentirían desplazados por la política oficial del partido. De esta forma se convencen de  que su opinión -o ideología- tiene cabida en el partido de “amplio espectro”.

 

Cuando hablo de bufones no lo hago de forma peyorativa sino en el sentido en el que Johan Huizinga, el historiador, exponía las cualidades de estos “aguafiestas profesionales”, que en las cortes medievales, renacentistas y barrocas, absolutistas todas, se les consentían, como bufones que eran, todas aquellas verdades que nadie se atrevía a decir sin que les cortaran la cabeza. Puro teatro.

Si en el caso altamente improbable de que algún lectorde estas líneas perteneciera a algún partido político con estas características, y considerara que por discrepar de la línea oficial del mismo no se convierte en bufón, le diría que tiene toda la razón. El bufón es el que actúa, el que representa la línea no oficial discrepando abiertamente de la oficial sin que, sorprendentemente, le ocurra nada, es decir, sin medidas disciplinarias. De no ser bufón y discrepar abiertamente puede tener sus días contados.

     

Como despedida os ofrezco por primera vez un pequeño juego participativo. Más abajo, donde pone comentarios , podéis dejar una pequeña reflexión de aquellos políticos que consideréis que cumplen ese papel de bufón.

 

Por ejemplo, mi favorita es la señora Esperanza Aguirre, que no hará nada que no esté aprobado por su propio partido pero que lo hace como si le importara bien poco las consecuencias de su "rebeldía"... porque ella podría fundar su propio partido, amaga con la sonrisa. Nada más lejos de la realidad. Ni lo hará, ni jamás ha pensado otra cosa que cumplir su misión de punta de lanza del "liberalismo" neocon, conservador y populachero que representa la política republicana de los Estados Unidos y que tanto éxito parace tener en sus votantes madrileños, pero que fuera de allí haría el más espantoso de los ridiculos, cual Artur Mas en Sevilla.

 

Interesantes son también personajes como la joven aparecida recientemente en un Congreso de las Juventudes Socialistas. Denuncia el hotel de lujo en el que están celebrando sus jornadas y entre otras lindezas, reflexiona, que el movimiento 15-M lo debería haber encabezado el PSOE. Esto último es inaúdito porque es no enterarse de nada de lo que ha significado y significa de oposición al bipartidismo y a la ausencia de verdadera democracia, precisamente por la existencia de su partido, pero ellos tan felices y tan pijo-progres cumplen su función de mantener la llama de la esperanza a los jovenes de "izquierda" desencantados del partido con proclamas falsas que suponen un engaño inadmisible a sus electores.

 

Gracias y a pasarlo bien con vuestras propuestas.

 

 

 

 

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Published by raulburillo.over-blog.es
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