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12 julio 2013 5 12 /07 /julio /2013 00:32

Todo  en esta vida tiene un límite. La capacidad de sorpresa no es reciclable; cuando se usa se desgasta y ya no sirve. Te sorprendes una vez, dos, y hasta tres, pero llega un momento en que esta se acaba. Ya no te sorprende nada.

 

En ese momento la sorpresa pierde su nombre y lo deja de ser,  formando parte de la cotidianeidad  necesaria para continuar con nuestra vida normal, una vida sin cambios, con su rutina y conformidad. Nos sorprende  lo extraño, lo que no ocurre; nos recuerda que lo normal es contrario a lo excepcional y que, por ello, esto es noticia. Cuando algo no nos sorprende es que nos hemos cansado de hacerlo y empezamos a pensar que lo que antes lo hacía es lo normal de hoy. Nuestra sorpresa se transforma; de repente pensamos que lo que antes admitíamos como anormal se convierte en lo que hoy asumimos sin saber muy bien por qué. Seguramente porque nuestra sorpresa parecía solo nuestra y nadie más se sorprendía.

 

La indignación o la alegría son las consecuencias lógicas de la sorpresa cuando esta  de verdad existe. Nuestro estado natural no es la indignación es la tranquilidad. Nos tranquiliza lo que asumimos como normal, lo previsible, aunque no nos complazca. Lo previsible es el escenario de nuestras vidas, aquello que nos permite dormir tranquilos pensando que mañana será más o menos como hoy: lo normal. Lo normal no nos sorprende y lo anormal, cuando no nos gusta, nos indigna. Lo que no indigna ya se ha convertido en normal y nos deja de sorprender… con el tiempo hasta de indignar.

 

La indignación convive con la sorpresa, la sorpresa se opone a la normalidad y la normalidad se transforma en  aprobación, o al menos en resignación. El indignado, de tanto indignarse, convierte su estado en  normalidad. Y ahí estamos.

 

Algo debe de cambiar en este “estado de indignación perpetua” en el que nos hemos instalado y con el que, cómodamente, han conseguido que vayamos asumiendo lo inasumible. La indignación agota, porque es un estado de exaltación negativa ante la sorpresa que no puede mantenerse en el tiempo.

 

Pero, ¿cómo podemos convivir con lo que conocemos día a día? Adaptándonos a ello, sin duda, y para tal fin solo necesitamos asumir que esta es la realidad a la que debemos habituarnos. Lo peor es constatar que nuestra resignación deviene después de percibir que nada podemos hacer. El sistema estafó al ciudadano al que dejó huérfano de mecanismos reales de participación y reacción. Solo le queda ver la televisión y acudir al bar de tertulia. Que antes no se supiera lo que hacían estos señores y ahora sí, como dicen los viejos del lugar, solo cambia en aquello de que “ojos que no ven corazón que no siente”. Ahora sentir  se siente, pero lo que es hacer…se puede hacer tan poco como antes. El sistema de reacción e indignación efectiva está desmantelado. ¿Cuál es la alternativa?

 

Vivimos “cómodamente” instalados en un escándalo permanente que solo soportarían los estoicos o los resignados, porque los indignados, de estarlos realmente, o son pocos o lo han dejado de estar hace tiempo. Todos los poderes constitucionales de este país están, o han estado, incursos en hechos relacionados con delitos de corrupción política o como mínimo con comportamientos no éticos. Las fuerzas sociales o económicas que coordinan o instrumentan estos mismos intereses también lo han estado.

 

Repasar lo que ha sido la lectura de los medios informativos estos últimos años solo sirve para darnos cuenta de que la mejor forma de olvidarte del dolor de muelas es con un dolor más fuerte de estómago.

 

Empecemos. La Corona ha pedido disculpas por un comportamiento que ella misma ha considerado no adecuado; miembros de su familia están siendo juzgados por aprovechar su privilegiada situación, obteniendo de esta forma unos beneficios económicos que, de no formar parte de la misma, jamás habrían obtenido. Pero no solo parece que los han obtenido, sino que ni siquiera han tributado por ellos. Dos veces inconcebible. No parece, según recogen los medios de prensa, que en la instrucción judicial se estén dando las condiciones que serían deseables en una leal colaboración de poderes, a  pesar de los esfuerzos de los profesionales que velan por ello. Por si fuera poco, un nuevo escándalo de difícil explicación para los ciudadanos ha recibido un tratamiento que no ha contentado a nadie: resulta que quien nunca se equivoca con el común de los mortales, y de ello presume,  sí lo ha hecho con quien nunca debería haberlo hecho y, curiosamente, parece que  nunca se dio cuenta de la situación. Sorprendente a los ojos y a los oídos de los que creen que a ellos nunca les pasa lo que a otros más afortunados sí les ocurre.

 

Si continuamos con el partido en el poder, podemos conocer con todo lujo de detalles como el Partido Popular está siendo chantajeado con total tranquilidad y ante el estupor de la ciudadanía por un señor que está en la cárcel por delitos de los que se alejarían lo que quieran presumir de honradez. Casi nada. No solo estamos en manos de la señora canciller del Estado titular de nuestra deuda y de nuestra política monetaria, sino que a partir de ahora también deberemos obedecer al presidiario que tiene al Gobierno en sus manos, manteniendo en un continuo sinvivir a sus componentes.

 

Nos dicen los periódicos que la batalla política de este asunto está en  la credibilidad que debe inspirar el Partido frente a  un individuo de esta calaña. Pero, claro, la credibilidad del presidiario debe ser mucha, porque precisamente nuestros actuales gobernantes fueron sus correligionarios, y ahora víctimas, y son ellos los que confiaron en él durante años para otorgarle aquello que cualquiera de nosotros consideraría, después de su salud y la familia, lo más valioso: su dinero. Si ellos confiaron en él, ¿cómo no vamos a confiar nosotros? ¿De dónde sacó 50 millones de  euros que nadie le ha exigido y nadie denunció su falta? ¿De inversiones de éxito? Si es así, ¿por qué no le nombraron Ministro de Economía? Estando las cosas tan claras resulta complicado que puedan ganar la batalla de la credibilidad frente a un recluso, por lo que nos podemos imaginar el resultado de la batalla de credibilidad de la imagen de nuestro país en el exterior.

 

¿Y el Presidente de nuestro Gobierno? Pues tralarí, tralará. En espera  de que alguien le componga la letra… la música la aporta él. Pero claro, no pasó por el conservatorio y esa música es la de siempre. Triste para el Coronel, que no tiene quien se la escriba. Bueno sí; se la quiere escribir el que le nombró, que de esta historia sabe tanto que prefiere ofenderse antes de que descubramos donde está el truco, pero el delfín se resiste.

 

Podemos seguir. El anterior presidente del CGPJ y Tribunal Supremo dimitió de su cargo por comportamientos poco éticos; hay dudas más que razonables que afectan a los presidentes de dos CCAA, las más importantes de nuestro querido país. Algún otro President ha sido condenado, y posiblemente alguno más lo debió ser. Sólo lo inexplicable puede explicar su falta de condena.

 

Lo del  partido de la oposición es para llorar. Ha optado por no echar mucha leña al fuego no vaya a resultar más quemado que su contrincante. El olor a chamusquina lo impregna todo. Prefiere, desde hace años, correr un tupido velo sobre estos temas pero no ha tenido suerte; sus propios medios de financiación y los de su contrincante y amigo en el reparto del poder le condenan a tener que aparentar indignación. Sus ERE´s le obligan a un silencio maquillado de dignidad. Cruza los dedos para que no aparezca lo que aparecerá.

 

Los partidos políticos del turno de gobierno y algunos de sus colaboradores bisagras están plagados de corrupción en una sociedad no corrupta. Esto no es una república bananera pero lo parece. La gestión de la función pública habitual funciona  correctamente y nadie pide “mordidas”, parece que estas solo se “piden” desde el poder político. Nuestra política no es reflejo de la sociedad, es su deformación.

 

Suerte tienen nuestros más honrados representantes de que el ciudadano no conozcan la impunidad con la que han actuado algunos de ellos, los corruptos, haciendo de su situación económica un antes y un después de su paso por las responsabilidades públicas. Este es el país en el que se han diseñado todo tipo de estrategias, no solo para recalificar los terrenos del “boom inmobiliario” sino directamente para sacar el dinero de la caja de todos.

 

El zorro guarda el gallinero. Así se explica que en España se adjudiquen los contratos de obras por un importe que puede parecer razonable pero terminan pagándose por otro tanto de lo adjudicado, previa aprobación de los correspondientes “modificados” que sirven para compensar el mantenimiento de los intereses comunes entre poder económico y sus agentes conseguidores en el poder político. Se juntan el hambre con la gana de comer. Pero tranquilos, que  ya se han encargado ellos de que los Tribunales de Cuentas actúen cinco años más tarde y que las responsabilidades penales suenen a tambores lejanos.

 

Pero esto se contagia. No sabemos si ellos lo contagian o son los contagiados. El anterior Presidente de la CEOE, la Confederación de Empresarios, está en la cárcel. No es ninguna tontería el dato ya que era el interlocutor del Gobierno con empresarios y sindicatos para diseñar la política laboral y social que sufrimos. La información lo sitúa como “financiador” encubierto de los partidos políticos del turno de gobierno. ¿Y los sindicatos? Alguno de ello está obligado a hablar con la boca pequeña de su indignación no lo vayan a estar consigo mismo.

 

¿Quién se libra? Corona, gobierno central, autonómicos, judicial, sindicatos, empresarios……..¿pero esto es posible? ¿dónde vivimos? De repente pierde valor todo lo mucho bueno que se había conseguido en este país. ¿Cuánto hemos pagado de más y a quien por lo que se ha construido en los últimos años? No nos fiamos ni de lo bueno.

 

Lo sorprendente lo deja de ser; hace meses que nuestra capacidad de sorpresa desapareció. Una noticia tapa a la otra. ¿Qué alternativa tenemos? ¿Ninguna?

 

Si os digo la verdad, desde hace tres años aproximadamente nada de lo que ocurre me sorprende. Lo que sí que lo ha hecho es que hayan salido a la luz temas que pensaba que nunca saldrían, por lo que no dejo de ser optimista. Pero si algo me tiene absorto y verdaderamente sorprendido son las encuestas. ¿Cómo es posible que después de llegar a esta situación más de un 50 % de la población que acude a votar aun piense que que lo va a hacer a los mismos partidos causantes de este esperpento?

 

Al final de esta historia triste para nuestro país será que tendremos lo que nos merecemos,…al fin y al cabo a Berlusconi también lo han votado los italianos. Mucho mejor que ellos no seremos.

 

¿ Y si pasamos de indignados a esperanzados y comenzamos a creer que nosotros, la sociedad civil, podemos cambiar esto  y  no esperar a que la sociedad política establecida nos lo cambie?  Atrévete a pensarlo y después a participar en ello.

 

 

 

 

 

 

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

Fernando Gómez-Reino Lecoq 07/18/2013 20:37

Excelente Raúl , demoledor pero esperanzador !!!!

raulburillo.over-blog.es 08/02/2013 14:12



Gracias Fernando.



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