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20 febrero 2013 3 20 /02 /febrero /2013 00:39

Creo que alguna vez he debido aburriros con este tema, pero estoy seguro de que esta es una de las cuestiones claves para entender el hastío de los ciudadanos ante la situación política que vivimos en España.

 

La renovación democrática, la exigencia de una auténtica participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, articula movimientos sociales que exigen democracia real y participativa: la posibilidad efectiva y cierta de ser escuchado, elegir y ser elegido.  Ello no es baladí porque la situación es de verdadero secuestro  de la voluntad popular, por no decir estafa del sistema, a aquellos que creen que nos encontramos ante una estructura política válida de participación en las instituciones que les representan  y en el proceso de adopción de decisiones colectivas.  Los resortes del poder son tan amplios que anestesian el conocimiento de la situación.

 

 

LO QUE CONFUNDIMOS.

 

 

Tras cuarenta años de dictadura, y muriendo el dictador en la cama, todo nos ha parecido bien, por lo menos hasta  ahora, y es lógica nuestra confianza porque esta se basaba en nuestro desconocimiento y, sobre todo, en la esperanza de libertad. Por ello hemos confundido conceptos que corren paralelos pero que son diferentes. Disponer de un sistema de libertades que permitan al individuo realizar su proyecto personal como ser humano es incuestionable y no admite discusión alguna. Este sistema de libertades, que debe ser respetado, amparado y defendido por los poderes públicos, forma parte de lo más  esencial de la persona y afortunadamente lo tenemos y lo tendremos. El problema hoy radica en saber si aquellos que no tienen trabajo, aquellos otros que son arrojados de sus viviendas o los que no reciben lo que las sociedades justas redistribuyen a los que, por un motivo físico o social, están excluidos del devenir normal de las relaciones económicas, pueden seguir disfrutando de sus derechos personales.

 

 No es esto lo que se cuestiona en este artículo, sin perjuicio de que, además de lo dicho, una verdadera libertad personal no puede entenderse tampoco sin  su vertiente política y civil en cuanto sujetos activos y pasivos en el gobierno de la sociedad en la que nos integramos. Y este sí, este es nuestro gran problema. Somos libres personalmente pero no estamos representados en un sistema electivo verdaderamente democrático, ni participamos en las decisiones de gobierno y sin duda no se tienen en cuenta nuestras opiniones para prácticamente nada. ¿A ti te han pedido opinión en los últimos 30 años?

 

La ecuación era sencilla para los neófitos: democracia = partidos políticos. De ello se aprovecharon los que más sabían, hicieron que nos lo creyéramos e, incluso, lo viéramos con satisfacción. La sociedad democrática era aquella controlada por partidos políticos que representarían el poder del pueblo soberano que, por fin, se hacía con el gobierno de las instituciones. Cambiamos las leyes para asegurar su presencia global, democrática y omnímoda, controlando todos los resortes de gobierno.

 

Se acabó con la garantía de la separación de poderes, nombrando desde las sedes de dirección de los Partidos tanto al candidato a Presidente del Gobierno y a sus  Ministros como a los miembros del Poder Judicial, a los Magistrados del Tribunal Constitucional y  al Fiscal General del Estado. Allí deciden quienes van a dirigir los órganos de control de sus propias acciones como el Tribunal de Cuentas o las Cámaras de Cuentas autonómicas, controlan también a la Comisión Nacional del Mercado de Valores o  a las Cajas de Ahorro, disponiendo de  esta forma de tu dinero para sus proyectos y, por supuesto, dirigen todas las Administraciones Públicas del Estado, Autonómicas o Locales. Los partidos políticos han unificado bajo su voluntad todo lo que la buena práctica democrática y los pensadores y teóricos de la política habían separado.

 

Pero si hablamos de democracia bien podemos pensar que los partidos políticos son una extensión de nosotros mismos. El pueblo se puede sentir representado por ellos constituyendo, digámoslo así, la “extensión ideologizada” de su soberanía. Pero, ¿esto es así? ¿No sentimos representados? Analicémoslo.

 

 

LO QUE NO SABEMOS.

 

 

Los ciudadanos no sabemos nada. Somos unos perfectos ignorantes democráticos. No sabemos qué ocurre dentro de un partido político; ni cómo eligen a sus cargos ni cuáles son los méritos de sus dirigentes. Ni siquiera la democracia interna de la que tanto hablan es garantía de transparencia de participación de los ciudadanos en su elección.

¿Quiénes forman parte de los partidos políticos como afiliados? ¿Quiénes son esos señores que conforman la democracia interna de los partidos? Tú no, ¿verdad? Muchos de ellos sirven exclusivamente a los intereses de los que les llevaron a integrarse en él, seguramente sin saberlo, pero con la única misión de que votaran lo que estos, sus mentores, les decían y  más de uno con la esperanza de alguna “recompensa” para su fidelidad. De ahí las famosas “corrientes” de opinión interna de los partidos. Los suyos de los suyos. Barones locales y cuadros de poder regionales apoyados “democráticamente en ilusos y listillos que no tienen donde caerse muertos y el Partido es su refugio perfecto para hacer carrera.

Y por supuesto, con todo el respeto y admiración, las buenas personas con ideales, que no saben muy bien qué hacen allí, confiando en cambiar desde dentro lo que a los demás no nos gusta desde fuera.

 

Sigamos profundizando. ¿Alguno de los lectores que estáis leyendo estas líneas sabéis cómo, quien y cuándo  eligieron al señor Rajoy candidato de su partido a Presidente del Gobierno? ¿Sabéis cuál fue el proceso interno que le llevó a dirigir su partido?  ¿Has participado de alguna manera en ello?

 

Si te preguntara por el conocimiento que tienes sobre el mismo proceso, que ha llevado al señor Obama a ser el candidato del Partido Demócrata en Estados Unidos, posiblemente me responderías mejor y con más seguridad. Seguro que algo sabes de sus elecciones primarias y de los famosos “caucus”, por medio de los cuales los electores y simpatizantes -no los afiliados- de los partidos norteamericanos eligen a sus candidatos. Lo eligen todos aquellos que quieren participar en la elección. Dicho esto, debes saber que aquí esta situación es imposible; nosotros no  participamos en lo importante. De hecho no sabemos muy bien cómo y  por qué el señor Rajoy fue designado por su partido candidato a Presidente del Gobierno, ni quién lo designó… aunque nos lo imaginamos.

 

¿Conoces a alguno de los candidatos que integran la lista de Diputados al Congreso o  a los Parlamentos Autonómicos que presentan los partidos políticos? ¿Y de la lista de  Concejales en las grandes ciudades? ¿Sabes por qué están ellos allí y no otros? ¿Sabes quién se ha quedado fuera y por qué? ¿Sabes cuáles son sus méritos dentro y fuera del partido? ¿Conoces los deméritos de los que no están? Sin duda no sabes nada de esto ni lo sabrás. Solo sabes que puedes escoger una papeleta, de un partido o de otro, e introducirla en la urna. No puedes ni siquiera elegir a los candidatos que más te gusten de los que te han ofrecido; por no elegir no eliges ni el orden de preferencias que ya viene definido en la papeleta. Las listas abiertas no existen en este país más que matizadamente en la elección de Senadores…pero en nada más. No eliges personas escoges papeletas cerradas.

 

Te confirmo, por tanto, que como ciudadano de este país no has participado, ni está previsto que lo hagas, en nada relativo a la selección de los candidatos de los Partidos Políticos en ninguna elección y por supuesto no se te permite cambiar ni una coma en la que han hecho ellos por ti.  Repito, coges papeleta y punto.

 

Profundicemos ¿Una vez elegidos los candidatos, te representan de alguna forma? La respuesta es no, o al menos no directamente.

 

Democracias hay de muchas formas (directa, asamblearia, por participación en sorteos…) y la nuestra es  electiva o representativa; elegimos  a representantes que nos representan, integrándose en un foro de representantes, valgan todas las redundancias, con unas reglas concretas de funcionamiento. Este “modelo de democracia” se denomina democracia representativa parlamentaria y las normas fundamentales para la formación de la voluntad del Órgano de Elegidos (Asamblea o Parlamento) tienen más de 200 años de antigüedad.

 

Entre ellas, una regla básica es la prohibición del mandato imperativo. ¿Qué es esto? Los ciudadanos no podemos exigir a nuestros representantes ningún comportamiento concreto sino que estos son libres para procurar lo mejor para sus electores. Cuando en buena lógica se consideró que esta era una norma adecuada para dejar a los representantes libertad de acción en el juego parlamentario aún no existían los partidos políticos. Pues bien, cuando estos aparecieron acabaron con todo. La paradoja no tiene desperdicio: los representantes no se deben a sus electores pero sí al partido. Todos tenemos claro que votamos al partido y no al candidato, justo al contrario que  el diseño correcto de  la democracia electiva; curiosamente, insisto, debería ser al contrario. La obediencia al partido estaría absolutamente prohibida. No puede ser que un representante no se deba a quienes lo han elegido y sí lo haga al Partido que le da cobijo. De ser así y de elegir a Diputados obedientes al Partido ¿para que molestarnos en nombrar a 100 o a 200? Que vaya al Parlamento uno solo por partido y levante la mano con las instrucciones recibidas diciendo…mi voto vale por 183…y mira lo que nos ahorramos.

 

En definitiva amigo lector, tu candidato elegido no se debe a ti sino a su partido. Tu opinión no le interesa pero sí las instrucciones que le da su partido. No es libre, tal y como estaba articulado desde hace siglos, para tomar las decisiones que creyera adecuadas para sus electores. Se debe exclusivamente a su partido. Lo siento por ti y por mí pero no les importamos.

 

¿Y el programa? ¿Están obligados a cumplir aquello para lo que se han comprometido y que ellos mismos han escrito sin nuestra intervención? Si has pensado que sí eres un ingenuo. La respuesta es un no rotundo. No están obligados a cumplir nada de lo que han prometido. Desde luego jurídicamente en absoluto y moralmente… bueno, esos eran otros tiempos y, tal vez, otros países.

 

En la situación actual, sin ir más lejos, el partido que nos gobierna ha incumplido prácticamente todas las promesas que le llevaron al poder y como te puedes imaginar no pasa absolutamente nada. El actual partido de la oposición siempre promete políticas de izquierda que olvida en cuanto llega al poder. Los programas se han convertido en papel mojado y si no supieras el partido que lo ha “escrito” no serías capaz de ponerles nombre a uno y a otro ya que no se diferencian ni un ápice. Ha desaparecido de ellos cualquier atisbo de ideología y los compromisos son mínimos, supongo que  para no sentirse mal cuando los incumplan.

 

Por lo tanto ya lo sabes: tampoco están obligados a cumplir ningún programa aunque tú les hayas votado para su cumplimiento. No tienes nada que hacer. El compromiso con el ciudadano es inexistente, ya no jurídicamente sino, lo que es más grave, ética y moralmente.

 

¿Podemos, al menos, participar en la decisión de un cambio de Gobierno? ¿Podemos elegir realmente a un nuevo Gobierno? Sí has pensado que sí…te vuelves a equivocar. ¿Cuantos partidos han gobernado este país en los últimos 30 años?  ¿Crees sinceramente que has elegido con libertad?

 

Dos partidos políticos se han hecho con el poder en este país. Lo han utilizado para adaptar todas las instituciones a sus intereses y asegurar su permanencia indefinida con intervalos de cuatro a ocho años esperando, eso sí, que algún “escándalo” en forma de crisis económica, guerras en Irak o sobresueldos acorte sus periodos de descanso, pero en lo fundamental están totalmente de acuerdo: el poder es exclusivamente suyo. La ley electoral es su principal apoyo y las “facilidades” financieras de las que disponen no les van a la zaga. Hagan lo que hagan los partidos “terceros” no tiene nada que hacer para gobernar ya que  la ley electoral envía a la papelera buena parte de sus votos, que, por supuesto, se desperdician.

 

Y claro, el ciudadano después de 30 años ya lo sabe y no le queda más remedio que acudir al “voto útil”. El voto útil es un eufemismo, una manera de llamar al hecho de no votar a quien quieres sino a quien “puedes” o a quien ellos te dicen.

 

Llegados a este punto, ¿crees que de verdad eliges a tu gobierno? No. Tu única función es la posibilidad que tienes cada cuatro años de cambiar el gobierno para dárselo a los “otros”. No eliges, en todo caso “cambias”. Ya lo saben ellos en sus campañas electorales; recuérdalas: vota el cambio. ¿El cambio? Es el colmo. El cambio de los que fueron ya cambiados y que lo volverán a ser por los que ahora son cambiados.

 

  

 

 LO QUE SÍ SABEMOS. CERTEZAS.

 

 

¿Cuál es tu papel en la “democracia” actual? ¿Consideras que tu aportación en el gobierno de tu país es importante? ¿Democracia es el sistema político que cuenta con la participación de los ciudadanos?

 

Si esto es democracia, mal vamos. Supongo que sabrás que tu participación se  limita exclusivamente a la posibilidad de cambiar el gobierno cada cuatro años, eso sí para dárselo SOLO al “otro” partido. A partir de ese momento tu opinión les importa más bien poco o nada. Sus huestes ocuparán todo el poder posible, desplazando a técnicos, gestores, profesionales y demás entendidos en las materias, que serán sustituidos por los miembros del partido, que nadie sabe de dónde han salido ni cuales son sus méritos, convirtiendo este país en lo más parecido a la cueva de Alí Babá.

 

Técnicamente estamos en un sistema no democrático sino partitocrático, que configura en nuestro país una dictadura alterna de dos partidos de la que difícilmente se puede salir.

 

La solución parcial que nos hemos dado ha sido crear una democracia virtual o democracia 2.0, por la que los ciudadanos más concienciados han encontrado en movimientos participativos, canalizados por medio de blogs, paginas de internet y foros, el diálogo verdaderamente democrático que no encuentran en los partidos tradicionales y por medio de los cuales aspiran a influir en las decisiones que adoptan los que todavía siguen controlando el poder.

 

Ciertamente, lo impresionante de esta situación es que aquellos que han hecho de su capa un sayo y del poder un disfraz no puedan entender por qué los ciudadanos pidan a gritos, en la calle, y cada vez en mayor número ¡democracia real ya! Será una cuestión de escribirlo con letras más grandes.

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

Jose Antonio 02/27/2013 00:36

Francisco, con tu primer apartado estoy de acuerdo, con el segundo discrepo, Obama dirige un país de 320 mill. de personas en España somos 45 mill. si cobra 75.000 euros es más que justo, bien tú
te refieres por trabajo a desarrolar, bueno ¿ el presidente de el gobierno sólo se mete a político y presidente por el dinero ? creo que se tiene que hacer por el bien de tu pais y dirigirlo con
honestidad, cualidades estas que no se pueden pagar y si uno no es valido no presentarse sea el sueldo que sea. Un abrazo.

raulburillo.over-blog.es 03/04/2013 20:09



Hola soy Raúl, te agradezco tus opiniones que enriquecen este blog pero sigo pensando que el sueldo de los políticos debe ser adecuado. No puede cobrar lo mismo el Presidente de nuestro país que
el director de la sucursal del Banesto de la esquina. Es una cuestión de lógica, patriotismos y demagogias aparte. Un abrazo.



Francisco García Garre 02/24/2013 21:12

Es muy difícil cambiar los conceptos, la prohibición del mandato imperativo, etc., por aquello de la confusión del concepto democrático. Para poder cambiar las reglas del juego democrático en
España, hay que empezar cambiando dos cosas:
•Aprobar una Ley orgánica que haga cumplir el programa electoral. Pero esto es difícil, tienen que aprobarla ellos poniéndose de acuerdo.
•El sueldo debe ser mayor.- Mientras que el sueldo aproximado del presidente del gobierno español es de 75000 €, Obama percibe 325000 €. Si queremos que nos gobiernen los mejores, el sueldo debe
ser atractivo, es decir, igual al que se cobraría de una empresa privada de la misma categoría. En España todos quieren publicar la declaración de la renta para demostrar que uno gana menos que
otro. Otra cosa distinta es que debería haber menos nóminas de políticos.
Una vez que tenemos estos dos temas resueltos, todo será más fácil, y la política será más atractiva para los genios intelectuales. Y lo que se prometa en campaña sería de obligado cumplimiento.

raulburillo.over-blog.es 03/04/2013 20:11



Me has impresionado, estoy de acuerdo contigo



Jose Antonio García Bernal 02/20/2013 18:11

Esa es mi fotografia, ignorante de mi siempre pensé que vivía en democracia, que votando a un partido que en sus siglas tiene metido "Socialista y Obrero" realizaría eso una política socialista y
craso error, al ver como lo rojo pasa a azul y lo azul pasa a ser negro, y en ello estamos. Así que yo soy Juan Nadie, que harto de pasar por tonto y ver que el cambio es imposible se plantea
cambiarse de apellido y pasar a llamarse Juan Sin Miedo. Un abrazo.

raulburillo.over-blog.es 02/21/2013 00:19



Enhorabuena tu comentario vale por todo mi artículo. Un honor tenerte con nosotros.



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