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19 septiembre 2012 3 19 /09 /septiembre /2012 00:29

¿Habéis leído la primera parte? Seguro que sí, y por eso imagino que queréis saber que pasó en la reunión. Desde luego esta no hubiera sido lo mismo sin vuestras aportaciones, con las que me hicisteis llegar vuestras opiniones sobre mis queridos vecinos. Por lo que vi, alguno de vosotros quiso deducir interpretaciones curiosas sobre esta, nuestra/vuestra Comunidad, y encontrásteis “similitudes” con situaciones que conocíais bien. Casi parecía que erais vosotros, y no yo, los que vivíais aquí. No sabéis lo que me alegra, pero realmente es lo mismo porque en todo caso estaréis de acuerdo que, parábola o no, vivir en comunidad siempre tiene sus reglas y todos deberíamos cumplirlas. La soledad completa es imposible o no muy aconsejable.

 

La verdad es que esta crisis económica en la que  vivimos encrespa los ánimos, nos hace actuar de manera no muy afortunada y sobre todo, si me apuráis, hablar más de la cuenta, decir aquello que no queremos, o al menos sobre lo que no hemos reflexionado lo suficiente. Nos entretenemos con soluciones que siempre consisten en buscar enemigos en la casa del vecino: “la culpa es del “vecino” (póngase lo que convenga: los alemanes, los españoles, los catalanes, los funcionarios….) y como esto siga así me voy y aquí os quedáis”.

 

Los días previos a la reunión fueron tremendos. Don Jorge se dedicó a presionar al vecindario todo lo que pudo y de la forma más “sonora” posible  para convencernos de que a él se le debía aplicar el mismo “pacto histórico” que a Don Ignacio. ¡Menuda la que montó! Buena parte de su familia desfilaba con pancartas por las escaleras y en su propia casa, chillando y gritando pidiendo el pacto. ¡Sin pacto nos vamos!, gritaban los del ático en comandita.

 

-¡Pues a ver si es verdad! les gritaba por la ventana, cansado de escucharlos, Don Antonio, un andaluz muy serio del Principal derecha, que estuvo trabajando para el padre de Don Jorge en una de sus tiendas.

-¡Cállate viejo loco!, le incriminaba su mujer, esta Comunidad no será la misma si perdemos a una parte de los vecinos. ¡Qué pensarán en el barrio! Seremos unos “don nadie” si por ahí van pensando que de esta, nuestra Comunidad, se quieren ir hasta los vecinos más antiguos.¡Hay dios mío si Don Francisco –un Presidente de la Comunidad mal encarado y poco dialogante que tuvimos hace años- levantara la cabeza, no lo permitiría! ¡De aquí no se puede ir quien quiera!, le repetía a su marido.

-Sí, sí mucho Don Francisco, Don Francisco, le recordaba Don Antonio, pero él fue el primero que consintió que hubiera diferencias entre los vecinos y cuando murió en su despacho los nuevos Presidentes, más modernos y guaperas, las mantuvieron.

 

¡¡¡Madre mía como estaba el patio de revuelto!!!

 

Lo que os decía, esto de la crisis alborota los ánimos y las voluntades. Con lo fácil que resulta pensar antes de hablar. Y así estaban de alterados los vecinos antes de la reunión. Nos lo resumió perfectamente Doña Esperanza, nuestra Presidenta, al comienzo de la misma:

 

“Don Ignacio quiere que se le reconozcan sus privilegios basados en su “fuero” especial. La Comunidad  debe renovar cada cinco años sus estatutos y autorizarle a no pagar la cuota de la comunidad sino tan solo los gastos que consuma; solo eso, estrictamente.”

 

Conviene que os informe que para mantenerlo "tranquilo" algunos Presidentes habían pactado con él –incluso- el hecho de admitir que fuera la Comunidad la que le debiera dinero cuando el propio Don Ignacio considerara que él mismo había pagado más que lo que le correspondía. Es decir, su contribución se convertía en negativa; la Comunidad le debía a él. Pero aun así, y no por ello, Don Ignacio dejaba de mostrar su disgusto con el resto de los vecinos a los que amenazaba constantemente con su discurso victimista y su “amenaza” de abandonar la Comunidad.

 

“Don Jorge -continuaba el resumen la Presidenta- solicita el mismo trato que a Don Ignacio, y de no concedérsele también amenaza con abandonar la Comunidad”

 

Ello suponía, según él mismo había explicado en numerosas ocasiones, que al  resto de los vecinos les iba a salir muy cara su marcha, porque él contribuía más que nadie a su sostenimiento.

 

La tercera posturano no hizo falta incluirla en el resumen de nuestra Presidenta ya que era la tradicional y acostumbraba a defenderla, como así hizo, Don Isidro, el marido de la Presidenta, elogiando las ventajas de mantener la integridad de la Comunidad y la conveniencia de que nadie la abandonase.

 

A otros muchos vecinos se les llenaba la boca defendiendo esta última postura, pero parecía, y a mi me extrañaba, que no hubieran pensando suficientemente en el coste de  los privilegios que para unos pocos  suponía.

 

En definitiva, la reunión empezó y los reproches se sucedieron. La señora de Solano -el “de” lo tenía por su condición de viuda- era vecina de “pared con pared” de Don Ignacio. Aunque sus relaciones siempre habían sido excelentes y para el difunto señor Solano siempre habían sido un espejo en el que mirarse, su viuda los conocía bien:

 

-Mire Don Ignacio, usted nunca ha querido abandonar esta Comunidad; lo que siempre ha querido es mantener  sus privilegios frente a los demás y por ello ha criado a su hijo como lo ha criado, en ese odio permanente al resto de sus vecinos. Usted es muy listo. Además, ni su mujer ni su hija quieren marcharse y ya me dirá usted como se organizan para hacerlo. Yo desde luego no estoy dispuesta a consentir privilegios que terminamos pagando entre todos. Y, sinceramente, si se le conceden a este señor es normal que los pida el del ático -Don Jorge- y desde luego yo también los pediré, que soy su vecina de al lado. Lo que no puede ser es que, por ejemplo, usted no pague ni un euro de ascensor pero vote igual, exactamente igual, que los demás decisiones que afectan al maldito ascensor.

 

-Señora pida usted lo que quiera pero piense que cuando yo me vaya, aseguraba Don Ignacio con su inconfundible acento del norte, a alguno de ustedes les saldrá muy caro y  pagarán más por sus cuotas de Comunidad que lo que están pagando ahora. No lo dude.

 

-Bien dicho Don Ignacio, terció Don Jorge, muchos vecinos abusan de que buena parte de los servicios comunes de este edificio  los pagamos entre unos pocos y hacen de ellos un uso excesivo. Yo desde luego no pienso pagar más que lo que recibo a cambio. Como mucho estaría dispuesto a pagar un poquito  más que lo que reciba, pero no lo que estoy pagando ahora. De no acceder a mi petición pueden hacer ustedes números de lo que supondrá mi marcha y verán si esta les interesa o no, pero yo desde luego, si no me conceden lo que pido, me marcho.

 

-Cuente conmigo Don Jorge, yo le apoyo, masculló Don Ignacio sin levantar la cara.

 

El resto de vecinos se quedaron sin habla. Don Isidro, el marido de Doña Esperanza, nuestra Presidenta, intervino como siempre defendiendo la continuidad de la situación. Él era partidario de mantener el “status quo” ya que entendía que era lo mejor para todos y que si se había llegado a esta situación era por el resultado de muchos años de convivencia que “casi” siempre se habían superado con diálogo y con soluciones que parecían definitivas pero después la verdad es que se convertían en parches. El “casi” lo digo  porque todos recordaban con horror los años en los que Don Francisco ejerció como el Presidente más autoritario que se recuerda.

 

Y así estaban las cosas, como siempre, discusiones y más discusiones hasta que intervino Don Fernando. Vivía en el sexto centro, sin ventanas al exterior. Él era uno de los promotores del edificio y su matrimonio con la difunta Doña Isabelita había unido a dos familias de postín. Hoy, ya mayor, recordaba sus años de esplendor. Sus hijos se convirtieron en gente importante pero desgraciadamente nadie parecía ya acordarse de él, que vivía con el decoro que solo da el linaje y el olvido. Pocas veces intervenía en las reuniones, por no decir ninguna,  pero aquel día lo hizo:

 

“"Amigos y vecinos; cada uno en su casa y Dios en la de todos, dice el refrán. Todos tenemos nuestra casa y sabemos que es nuestra y que en ella podemos hacer lo que más convenga a los que allí vivimos . Hay un amplio campo de libertad para que cada uno hagamos  en nuestra vivienda lo que mejor sepamos y podamos en función de nuestros recursos. Pero nuestros hogares no están aislados; forman parte de un edificio, de un barrio…de una ciudad y es por ello que todos tenemos unos limites marcados por la convivencia: es lógico que no podamos hacer ruido a unas horas, ni contratar el cerramiento del balcón que nos dé la gana por mucho que nos guste más que el que eligió en su día el presidente de turno. Hay unas normas que debemos respetar. Pero no solo eso, tenemos unas estructuras de funcionamiento, unas instalaciones de agua, de luz…. que son comunes y que su mantenimiento lo podemos afrontar porque lo pagamos entre todos. Seguramente a algunos de vosotros les parecerán más útiles unas que  otras, pero os aseguro que en cualquier momento todos las podemos necesitar.

 

Sin duda quien vive en una Comunidad de tantos años como la nuestra debería haber desarrollado no solo intereses económicos, como de los que aquí habláis, sino de vecindad, de amistad, de ayuda mutua, de apoyo y por qué no, de cariño.


Esto no lo tendrán en ningún otro sitio como aquí lo tienen los que se quieren marchar y es importante que también lo sepan. Es cierto que quien decide abandonar una Comunidad como esta puede que no valore todo esto porque el resto de sus vecinos no le hayan facilitado su vida, reconocido sus peculiaridades o simplemente concibe vivir bien como una cuestión económica. Pero lo que también es cierto es que el cariño se da y no se exige. Y los que exigen el cariño de los demás al final encontrarán desprecio y humillación. No se puede obligar a nadie vivir con quien no quiere y esto es un principio de convivencia tan sencillo y evidente que no merece la pena discutirlo.


Las puertas deben estar siempre abiertas a quien se quiera marchar. Pero si esto es tan fácil de explicar aun lo debe ser más comprender que quienes han  convivido juntos tienen unos compromisos comunes que no pueden romperse de un día para otro y que el coste de la decisión no la tendrían que pagar los que se quedan.

 

En este edificio hemos convivido con normas desiguales y que algunos hemos aceptado mirando para otro lado en aras de la convivencia, asumiendo que beneficiaban a “uno” frente a los demás. No hay derechos, por muy históricos que quieran parecer, que supongan diferencias sobre personas que conviven juntas y que representen ventajas, del tipo que sean, solo para algunas de ellas y no para el resto. Si son buenas para “uno” lo deberían ser para “todos” y si solo se sostienen porque se aplican a un solo vecino no deberían permitirse. Todos tenemos derecho a lo que solo “uno” ha disfrutado.


Por eso no entiendo que reprochemos a Don Jorge, o a cualquiera de nosotros en su lugar, que quiera, o queramos, pedir lo mismo que viene disfrutando Don Ignacio desde hace tantos años. Su petición es legítima.


Lo que no puedo entender, queridos amigos, es que los que más tienen, los que disfrutan de ventajas sobre los demás, siendo estos los que soportan en silencio las desigualdades de trato, sean precisamente los que más a disgusto se muestran por convivir con el resto de los vecinos.

 

Posiblemente sea así, estimados vecinos Jorge e Ignacio, porque pensáis que el resto de propietarios se aprovechan de vosotros, de vuestra "riqueza", pero podéis recordar aquel viejo juramento medieval de los señores feudales a su Rey que decía:

”….nosotros, que cada uno de nosotros somos iguales a vos y todos juntos más que vos…….”

puede serviros para saber que el origen de vuestra situación económica, de vuestra "riqueza",  tiene  mucho que ver con esta Comunidad y que el resto de los vecinos, todos juntos, y con vosotros dentro si queréis, seremos siempre más ricos que cualquiera de vosotros, o de nosotros, de forma individual. No deberíais olvidarlo.

 

Nadie vive solo, siempre hay espacios para compartir y normas que limitarán la convivencia por el bien de todos. Al final de todo solo es un problema de donde fijamos el límite geográfico de las normas de convivencia, en el edificio, en el barrio, en el distrito……Siempre podemos necesitar ayuda, por lo tanto que os marchéis de donde os quieren y os respetan debe ser algo que tendríais que pensar bien.

 

Es fácil amenazar con vuestra marcha si no pensáis seriamente en ella, cuando simplemente la utilizáis para defender u obtener una ventaja frente a los demás, por muy legítima que la consideréis, pero tenéis que saber que por mi parte y por la de mi familia tenéis las puertas abiertas. Os podéis marchar cuando queráis, yo no os pongo ningún problema. No quiero convivir con quien no quiere hacerlo conmigo pero tampoco quiero hacerlo con aquellos que para quedarse exigen unas ventajas que yo no tengo.

 

Las normas de convivencia deben ser iguales para todos pero basadas en un principio básico: quien más tiene más aporta; eso sí, siempre dentro de unos límites. Y de ello podemos hablar todo lo que queráis.

 

Si  vuestro deseo real es marcharos lo  podéis hacer, pero sería bueno que tuvierais en cuenta a vuestra familia. Si de verdad pensáis en ello os debería preocupar mucho. No se puede dar un paso tan importante cuando en vuestra propia casa no  todos compartís la misma idea.

 

La voluntad de que os quedéis y busquemos soluciones sin amenazas la compartimos todos. La voluntad de marcharos, con la familia dividida, será un problema solo vuestro, al que os enfrentaréis sin vuestros mejores amigos y aliados, y con el resentimiento de alguno de ellos. Recordad que buena parte de vuestro patrimonio lo habéis construido dentro de esta Comunidad, en la que muchos de nosotros  han trabajado para vosotros y todos hemos sido clientes y amigos.

 

Dicho esto, no tengo nada que votar y añadir. No quiero impedir la marcha de quien quiera hacerlo pero tampoco deseo diferencias entre vecinos que vayan más allá de mantener las lógicas diferencias que cualquier edificio debe tener. Pero el primero que pedirá que estas personas se vayan seré yo si las normas no son iguales para todos.””

 

 

Para mí terminó la reunión. Me marché dejándolos allí. Creo que ya estaba dicho todo y lo que quería oír ya lo había oído. No se que pasó ni que decisión se adoptó. Espero que sea la mejor para todos porque yo espero y deseo seguir viviendo en este bonito edificio con nombre un tanto anticuado pero con unos vecinos a los quequiero y  me gustaría seguir  saludando cuando me los encuentre por las escaleras.

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

insidioso 09/24/2012 16:01

Don Raul: hay otra lectura que puede hacerse a una situación parecida. Vecinos que comparten un inmueble. Los Estatutos aprobados por mayoría recogen el principio de que los propietarios pagarán
según la superficie que ocupen sus pisos. Ese método, muy común, sin embargo presenta algunas particularidades. Como ocurre en alguna ciudad el contador de agua es común, de manera que se incluye
en los gastos de comunidad y pagan por cuotas, tanto los vecinos del piso principal, que es muy grande aunque lo ocupa un matrimonio mayor y sin hijos, que los vecinos del sexto, que es una familia
numerosa que vive en un piso mucho más pequeño, pero que está continuamente poniendo lavadoras y otros electrodomésticos y además se bañan porque les parece más relajante que una simple ducha. (No
le cuento si además otro vecino tiene un piso patera alquilado a inmigrantes que se hacinan en el mismo y sirve de lavadero a todos sus paisanos).
Además como en la familia del sexto hay varios niños han conseguido que se amplíe la gama de TV a recibir en la antena comunitaria programas infantiles, incluso por vía satélite. El gasto ha sido
importante.
También los vecinos se han empeñado en contratar un portero para dar realce a sus apariencias, y claro, lo pagan según el tamaño de su vivienda, los del principal que no lo querían son los que más
pagan.
Incluso se está pensando en contratar a una empresa de seguridad para las noches y fines de semana, que se repercutirá en la cuota, y decorar de nuevo el portal porque les parece muy sobrio.
Los vecinos del principal, que a pesar del tamaño de su vivienda no disponen de una economía muy desahogada se han negado a todos los gastos que consideran innecesarios, e incluso piden que se
pongan contadores de agua en cada vivienda para que cada uno pague según gaste, también plantean cambiar los Estatutos y sacar algunos gastos (portero, antena, luces de escalera…) de la cuota por
superficie porque benefician por igual a todos los pero el resto de los vecinos se oponen a ello porque supondría aumentar sus mensualidades. E incluso se plantea la comunidad, siempre por mayoría,
repintar la fachada, aunque no presenta síntomas de deterioro, pero es que así los que viven allí podrán presumir más entre sus amistades.
Si tuviera que aconsejar a los del principal, ¿qué haría ud?

raulburillo.over-blog.es 09/25/2012 01:03



Al final los del principal, yo que he estado en su casa, la tienne a todo trapo. Seguramente muy por encima que el resto. Es lo que tiene ser " rico de toda la vida," que se pueden permitir
pasar de apariencias y vivir bien, porque es lo que les corresponde.Yo que lo valgo. Ya se sabe lo que pasa con los" quiero y no puedo", que quieren aparentar y vivir como los de verdad .Lo
cierto es que se terminan haciendo insoportablemente plebeyos con sus aires de nuevos ricos y sus peticiones que no se pueden pagar y no son más que derroches. Así a los  del principal
no les recomendaría nada, que nada necesitan, tal vez desprenderse de los molestos vecinos. Solo se me ocurre recomendar al resto de los vecinos que aprendan de sus vecinos del principal, que
conozacan el secreto de su "riqueza" y de su " saber estar" porque en pocos años pasaron de estar perdidos en el pueblo a codearse con lo más granado de la sociedad. Y cuando ya sean como
ellos sepan mirar a los demás recordando que hasta hace poco  también eran así. Muchas gracias por su participación. Ha sido una pregunta muy inteligente. 



Juan del Corral 09/21/2012 16:38

Me ha gustado mucho. Más me gustará saber a quienes no les ha gustado y si se sienten ofendidos. Apuesto a que son los que consideran la unidad del edificio innegociable.

Francisco García Garre 09/20/2012 23:25

Tanto la primera parte como la segunda, constituyen una parábola increíble, minuciosamente perfecta con la actualidad española: es como si leyera un periódico o escuchara una tertulia política,
pero con otras palabras.
Ah, cuando acabó la reunión, escuché a algunos vecinos en corrillos y hablando en voz baja, que a D.Jorge y a D.Ignacio se les ha cristalizado el suelo de su vivienda gratis varias veces, al mismo
tiempo que se cristalizaba el suelo de los rellanos, para apoyar a la presidenta, pero hasta el 2014 no se volvería a repetir.Yo no lo he podido costatar y no lo puedo afirmar.

vaya 09/20/2012 22:22

¡Menudo follón tienen en su Comunidad! Porque en un edificio de varias plantas, ¿qué pasa con los elementos comunes? Los del ático ¿van a tender sus propias tuberías y líneas eléctricas? ¿Se harán
cargo ellos solos de la reparación del tejado o de otros elementos comunes? ¿Seguirán usando el ascensor?, ¿pagarán por ello?.
Si los vecinos no han caido en los problemas que ello les supone, si solo "piensan" con sus (malos) sentimientos hacia los otros, el resultado es que en poco tiempo en el edificio no querrá vivir
nadie.
¿Ha pensado en mudarse? Yo lo haría

buendi 09/20/2012 22:17

Probablemente los vecinos que armen menos jaleo son los que más razones históricas de peso tendrían para poderse marchar, pero la economía no les favorecería.
Los que se quieren ir, a otra comunidad no podrían porque sería más de lo mismo. ¿Han pensado lo que les costaría la construcción, puestan en funcionamiento y manuntención del chalet? Porque una
vez que se fuesen , a la comunidad no les pueden pedir que sufraguen sus gastos

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