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19 mayo 2011 4 19 /05 /mayo /2011 11:49

¿Hay algo más honrado que trabajar por un sueldo?

¿Hay algo más justo que el hecho de que el sueldo que cobras por tu trabajo se corresponda con tus responsabilidades reales?

¿Hay algo más adecuado que merecer el sueldo que cobras?

¿Ocurre esto con el sueldo de los “políticos”?

Para reflexionar sobre tan vidrioso asunto simplificaremos para identificar al “político”. Lo será aquel que perciba retribuciones públicas por el ejercicio de un trabajo con responsabilidades de contenido político. La cuestión correcta es  por tanto: ¿es  justo y proporcionado  el sueldo  que cobra quien asume dichas responsabilidades políticas?

Estamos hablando de una cuestión abonada a la hipocresía y a la demagogia, lo que imposibilita, desde mi punto de vista, decir la verdad. Lo normal es pensar que los políticos cobran mucho y ello, de manera habitual, en forma de reproche. La imagen de personas ofendidas en los medios de comunicación echando la culpa al político de turno de cualquier decisión errónea – o no-, se suele adornar con el recordatorio de sus “elevados” sueldos. Ello forma ya parte del imaginario colectivo y para la mayoría de los ciudadanos los políticos lo quieren ser, y seguir siendo,  por los elevados sueldos que cobran.

De tal forma que expresar en público la idea que quiero trasladar, que los sueldos de los “políticos” son excepcional y sospechosamente bajos para las responsabilidades que asumen, formaría parte de lo llamado “políticamente incorrecto” y no la oirán jamás a ningún político sensato.

¿Son realmente tan elevados sus sueldos? ¿Se corresponden al “valor de mercado” de las responsabilidades que asumen? El concepto de justo se refiere a una justicia distributiva, en función de la cual a mayor responsabilidad mayor retribución.  Veámoslo.

Los sueldos de los políticos son públicos y por tanto conocidos por todos los que quieran conocerlos y ello es así porque se han aprobado por leyes de presupuestos o normas presupuestarias del ente local correspondiente. No debemos dudar de su veracidad  ni de que los mismos constituyen la fuente de ingresos de las personas que ocupan esas responsabilidades. “Normalmente” la única fuente de ingresos, debido al régimen de incompatibilidades que suele acompañar a las retribuciones públicas, excepciones –pocas- aparte.

Una vez conocidos estos sueldos, podemos ver como difícilmente sobrepasan un valor bruto de 100.000 euros anuales. Esto es así para prácticamente todas las responsabilidades políticas incluyendo en ellas, por ejemplo, la retribución del propio Presidente del Gobierno de este país. Hay alcaldías de importantes ciudades españolas capitales de provincia con sueldos que rondan los 60.000 euros brutos anuales. A ello hay que añadir que los partidos políticos exigen a los que ocupan estos puestos políticos que parte de esas retribuciones "retornen" al partido.

 

¿Son elevadas estas cantidades?

Si nos hicieran esa pregunta a nosotros a la hora de ofrecernos un puesto de trabajo de “nuestra especialidad” tendríamos fácil la respuesta.  Analizaríamos las responsabilidades que asumimos, el horario y la dedicación. En caso de que la retribución nos pareciera baja y la tuviéramos que aceptar por no disponer de otro trabajo, tendríamos permanentemente la idea de estar “mal pagados” y a la primera oportunidad que surgiera cambiaríamos de empleo a otro con mayor sueldo o menor responsabilidad. Nadie dudaría de lo adecuada de nuestra postura.

¿Se corresponden los sueldos públicos con las responsabilidades que asumen las personas que ocupan puestos políticos?

Al análisis de comparabilidad  podemos llamarlo valor de mercado de los sueldos políticos. Si lo hacemos y comprendemos que los cargos políticos suponen la asunción de importantísimas responsabilidades que de asumirse en el ámbito privado estarían pagadas con sueldos tres veces más elevados, concluiremos que los sueldos públicos son irritantemente bajos y fuera de cualquier comparabilidad con el ámbito privado.

El sueldo del Presidente del Gobierno y de sus Ministros, de los alcaldes, de los Consejeros autonómicos, por poner ejemplos, son comparables con los de directivos medios o provinciales de cualquier empresa privada.  Un alcalde como el de Palma de Mallorca tiene el mismo sueldo que el de un director de banco de una oficina normal y corriente de la esquina. Sin duda alguna la responsabilidad del primero es inconmensurablemente mayor. No es necesario hablar solo, en este análisis de comparabilidad, de sueldos por trabajos dependientes. Podemos imaginar lo que puede cobrar un buen abogado y compararlo con los sueldos políticos.

Clarísimamente los sueldos de los políticos están fuera de los valores de mercado. Por inmensamente bajos.

Curiosamente el objeto de la controversia podría haber sido el contrario; poner límite a unos sueldos muy elevados y acordes con unas responsabilidades muy altas y “fuera de mercado”. Pero no, no ha ocurrido esto;  se ha optado por sueldos bajísimos y no comparables con el valor de mercado que tienen en el ámbito privado trabajos con responsabilidades clarísimamente menores.

 

No sé si hemos pensado suficientemente en este tema y  lo que supone en la realidad esta circunstancia, pero creo que deberíamos evaluar este aspecto, parece que nada observado, con las consecuencias que puedan tener en las personas que ocupan puestos políticos. Fundamentalmente en su valía personal,  su fortuna personal previa, su propensión al trabajo gratuito para los demás, su posición ante situaciones que podríamos llamar como no adecuadas…..

Si a un buen profesional, con buen ánimo de trabajo, esté donde esté,   le propusieran dejar de ser director de una entidad bancaria para ocupar el puesto –previo proceso electivo- de  alcalde de su población, sabiendo que durante los cuatro años que dura su cargo en el Ayuntamiento  va a perder el 30% de su sueldo…. ¿qué decisión adoptaría?

El lector honrado de estas líneas puede responder a esta pregunta poniéndose en la situación descrita.

Pienso que las personas honradas con responsabilidades familiares y que trabajan por dinero, como lo hacemos el 95% de los ciudadanos, deberían descartar aceptar en condiciones normales la responsabilidad de ser alcalde de su población en la situación descrita.

 Está claro que estos sueldos, fuera de los valores de mercado, suponen alejar de la política a la gran mayoría de personas preparadas y cualificadas que sencillamente cobran más por su trabajo en el ámbito privado. El tema no es baladí porque supone expulsar de la política a personas de alta cualificación que solo aspiran a trabajar y que se les pague en función de sus responsabilidades. Nada más justo y más sencillo que pagar a cada uno en función de su trabajo. El político no cobra en función de sus responsabilidades sino muchísimo menos.

¿Y ello por qué? ¿Por qué lo hacen?

Apunto varias posibilidades como ejercicio intelectual a las que el lector puede añadir las que considere:

 

1ª. El dinero no lo es todo. Prefieren trabajar por los demás a pesar de que cobren menos de lo que cobrarían en otros trabajos. Les compensa las horas de dedicación por los ciudadanos a pesar de que estos no siempre se lo agradezcan. La política sería solo para personas altruistas que sacrifican los ingresos personales y familiares por el bien de los demás.

2ª Lo mismo que en el caso anterior pero son personas con una importante fortuna personal  o fuente de ingresos alternativa previa por lo que el dinero no lo es todo  para ellos porque ya lo tienen. La política sería solo para los ricos.

3ª Son políticos porque no tienen otro trabajo. Solo se han dedicado a ello y no tienen otra alternativa. Si no resultan elegidos o consiguen trabajo “político” se van al paro. No son personas brillantes y por eso no han apostado por un desarrollo profesional más amplio. La política será solo para personas poco brillantes.

4ª Sí, tienen otros trabajos, incluso son personas brillantes, pero  tienen trabajos mal retribuidos por lo que el sueldo político es superior a los que percibirían de no serlo. Por tanto la política quedaría para aquellas personas, brillantes, o no, que tengan sueldos no muy elevados con anterioridad.

5ª Cobran mucho más que el sueldo oficial; además están los Consejos de Administración de Empresas Públicas, las dietas por asistencia todo tipo de instituciones  y un largo etcétera. La política será, en consecuencia, para gente “lista”. Los sobres ocultos con el dinero B de los partidos son los que les han convencido.  

6ª Les da igual lo que cobren ahora, lo importante es lo que van a cobrar luego con los contactos que están haciendo y la devolución de favores realizados. La política sería para corruptos.

7ª Les da igual lo que cobren, lo suyo es la comisión en sus múltiples posibilidades. La política seguiría siendo de los corruptos.

 

Podríamos continuar, pero por mi parte creo que los bajos sueldos de las responsabilidades políticas pretenden apartar de la misma a la gente más preparada y posiblemente honrada. A aquellos que quieren trabajar por un sueldo y que este sueldo sea justo en función de las responsabilidades que se asumen. Lo demás son las excepciones apuntadas.

Sueldos adecuados  y adaptados al mercado no quiere decir solo profesionalidad, quiere decir auténtica transparencia y no demagogia. Quiere decir que las personas más preparadas cobrarán por las responsabilidades reales que asumen, al igual que si lo hicieran en el ámbito privado.

Quiere decir que deberían desaparecer la multiplicidad de puestos políticos creados artificiosamente –“asesores”,” gerentes” de empresas públicas fantasmas….-porque cada puesto político que se crea debería justificar un sueldo razonable y ello debería suponer que estos desaparecieran en su gran mayoría salvo en los casos de verdadera necesidad.

Creo que este tema tiene una gran importancia en la transparencia y honradez de la política y de los que a ella se dedican.

 

 

 

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