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22 abril 2012 7 22 /04 /abril /2012 18:12

Querido lector, ¿qué te parece más absurdo, que tu gobierno te engañe con la “españolidad” de una multinacional alegando la defensa de los supuestos intereses españoles, o que no hagan lo mismo cuando desde Alemania nos dictan la política económica que debemos seguir? ¿Cuál de las dos situaciones crees que influye más negativamente en tu vida?

 

“El nacionalismo se cura viajando y el carlismo leyendo”, genial definición adornada de provincianismo e incultura, que viniendo de un vasco como Pío Baroja adquiere todavía mayor valor. El nacionalismo es el engaño al que entran los toros desbocados de la incultura política. Es muy fácil arengar a las masas desde las soflamas del “Imperio” y de la “nación herida” por el “enemigo histórico” de nuestro pueblo, que justifica todos los males. Estos siempre vienen, o vinieron, de fuera. Por ello los partidos políticos, y sobre todo los propios políticos que no tienen nada más que ofrecer que el beneficio propio, se envuelven de nacionalismo. ¿Acaso los que no lo son no quieren el bien y la prosperidad de los suyos? ¿Qué aporta el nacionalismo?

 

El nacionalismo como ideología política supone la limitación de las libertades personales y colectivas en aras de unos valores identitarios supuestamente superiores. Interpretar a Hegel correctamente es complicado, eso está claro; habría que haber vivido en una Alemania sin Estado.

 

La versión americana del nacionalismo es el populismo. El populismo es, en su definición más sencilla de explicar, una mezcla de valores nacionalistas, irracionales y de redención de los pueblos oprimidos, que lo mismo caben en la izquierda que en la derecha. En el fondo, no es otra cosa más que adaptarse al discurso que quieren oír los sufridos ciudadanos de algunos de los países del sur y centro de América. Personajes como Hugo Chávez, Morales, Trujillo, Balaguer, Noriega y un lago etcétera, conforman una inacabable lista de redentores de sus países que, al fin y al cabo, siguieron en mayor o  menor medida los dictados de su poderoso vecino del norte. Desde la doctrina Monroe de “América para los americanos”, nada se mueve en el patio trasero de los EEUU sin que estos lo controlen, salvo Cuba claro. Bajo el discurso de independencia y nacionalismo de estos “lideres carismáticos, se escondía un entreguismo a los intereses económicos de las grandes multinacionales que esquilmaban las riquezas naturales de los países de turno y encontraban en la falta de formación y cultura política de sus ciudadanos el pasaporte que aseguraba la permanencia del status quo. Pobres pero nacionalistas. Esa forma de hacer política les aleja inexorablemente de un futuro homologable y los hunde en un pasado cuyos errores repetirán para mayor regocijo de los poderosos.

 

El nacionalismo real no existe en América. De existir hubiera consistido en expulsar a los que les explotan, en educar a los que no  han sido nunca instruidos, en devolver la riqueza a quien la necesita. Las grandes compañías multinacionales utilizan los recursos naturales de estos países en beneficio propio, y esto supone en muchas ocasiones tenerlos “congelados”, en reserva,  para aumentar con ello el valor de cotización de sus acciones en los mercados bursátiles, antes que beneficiar con ellos a sus “propietarios”. Los grandes beneficios nunca se quedan en el país que los produce, y lo que es más grave, los recursos no sirven ni para alimentar a las personas que viven al lado de las grandes plantaciones o yacimientos.

 

Argentina es un gran país, una gran Nación. Los que la conocen - no yo-  definen a los argentinos, tal vez con los tópicos exagerados habituales, como grandes personas aunque mediocres ciudadanos; posiblemente por la individualidad que caracteriza el desarraigo y la amplitud no habitada de sus fronteras. Vastos espacios imposibles de ocupar concentran a su población europea, americana y multicultural, en pocas ciudades. Conscientes de ello, la impresión que tenemos desde fuera hace parecer que siempre han necesitado la autoafirmación nacional en base a símbolos o hechos concretos: fútbol, Evita, tango, Malvinas…………Mitos mejor que espíritu…o espíritu formado por mitos.

 

No es extraño que el populismo naciera en su expresión más genuina en Argentina. Es imposible explicar que es el populismo-peronismo, y que lo entendamos, si no somos argentinos. Parece que todo cabe en él: liberalismo salvaje, caridad democristiana, justicia social, fascismo corporativo…todo. Es increíble. Pero todo ello, y sea lo que sea  ello, siempre con un líder carismático heredero del espíritu de Perón. Bajo su sombra, desarrollo económico, corrupción, dictaduras militares y crisis económicas inexplicables para un territorio inmensamente rico se han alternado y enquistado en sus genes de nación. Ello explica que fueran perdiendo y debilitando sus grandes estructuras de desarrollo: los ferrocarriles se privatizaron, lo que ha supuesto la ruina del excelente servicio que antaño  prestaba, las compañías Aéreas  se vendieron, las telefónicas desaparecieron, los recursos energéticos…. todo lo que se podía vender se vendió; así es el capitalismo salvaje. Y claro, los que  compraron  las empresas públicas arruinadas - que se reflotaron poniendo en la calle sin contemplaciones a buena parte de sus trabajadores-, junto con los inmensos recursos energéticos, pueden no ser argentinos. De hecho no lo son. Las multinacionales se hicieron con todo lo que tenía valor porque se lo vendieron, y ello tampoco se puede olvidar.

 

Las multinacionales, como el dinero, no tienen patria solo intereses que todo lo justifican. Son la degeneración del capitalismo porque niegan las bases sobre las que este nació. La competencia, la “mano invisible” de Smith desaparece y la corporación financiera busca el monopolio sustituyendo a la empresa tradicional. Los sistemas de evasión fiscal son preparados por los mejores despachos y aceptados por los propios países que los acogen, las personalidades políticas más influyentes provienen y vuelven a ellas antes y después de su paso por la política, financian a partidos políticos y su publicidad hace lo mismo con  los medios de comunicación. La relación entre Estado y Multinacional es tan estrecha como oculta; solo se manifiesta cuando ocurren circunstancias extraordinarias. Como ahora.

 

Si yo fuera argentino, o boliviano, me gustaría disponer de la riqueza de mi país. Cuando las grandes empresas norteamericanas explotan en beneficio propio los recursos naturales de otros países lo tenemos claro: imperialismo yanqui. ¿Pero qué ocurre si la Multinacional es española?

 

No existe ese problema; las multinacionales no tienen patria. No os engañéis. Mejor así, no tenemos que avergonzarnos de ellas. ¿Hemos pagado más barata la gasolina o el teléfono por ser españoles? ¿En qué consiste que una multinacional sea española? Si es así no nos lo han explicado. ¿Cuál es el beneficio que obtenemos de ello?

 

Si yo fuera argentino me gustaría que mi país cumpliera con  el estado de derecho y pagara lo que expropia al valor real de lo que adquiere. La seguridad jurídica diferencia a los países corruptos de los que no lo son. De no ser así estarán “robando”. España ya expropió a RUMASA, por lo que nadie puede discutir en nuestro país que una empresa puede ser expropiada. El problema es que Argentina ha expropiado de forma parcial  y con dudosa legalidad, sin aprobación de su Parlamento, y deberá pagar un dinero que posiblemente tampoco tenga, salvo que termine vendiendo su participación expropiada a los que ahora callan y que pueden estar en Europa o en el norte de América. Esa es la explicación, no lo dudéis.

 

Si yo fuera argentino me gustaría que los recursos naturales de mi país sirvieran realmente para que pudieran vivir mejor los argentinos y no para hacer más ricos a los que han dilapidado el país como forma habitual de hacer política y dinero. Es una gran responsabilidad, porque la historia la tienen en su contra.

 

A partir de ahí no hagáis caso a las tonterías nacionalistas de las multinacionales expropiadas. Los periódicos no defienden los “intereses españoles” sino los de las multinacionales, de las que reciben importantísimas cantidades de dinero. ¿Sabeis cuantos ex ministros han “trabajado” en estas multinacionales?

 

Solo queda que la ostentación de su Presidenta, el populismo y la oscura secta de La Campora no sea un presagio de lo que puede ocurrir en ese gran país. Yo de ellos estaría más preocupado que satisfecho. El ataque a la seguridad jurídica que se ha podido producir en este país puede resultar más caro que los beneficios que pueden obtener. Como en Las Malvinas, es triste tener la razón sustantiva y que los errores parezcan negarla.

 

En cuanto a la multinacional que defienda ella sus intereses que no son los míos. Yo no soy populista ni nacionalista. Por supuesto que no voy a realizar ningún boicot a productos argentinos y espero que mi gobierno no los favorezca, porque nos colocaría al mismo nivel que lo que critica.

 

En definitiva, no se puede ganar siempre. Los accionistas tampoco. Si tienen razón la justicia se la dará porque este es un tema jurídico. Nada más.

 

Por cierto conozco a muchos argentinos y sin exagerar todos me han parecido grandes personas. No olvidemos que Argentina fue tierra de acogida a cientos de miles de españoles  como nuestro país lo es ahora para miles de argentinos. De pocos lugares en el mundo nos deberíamos sentir tan cercanos. Somos tan parecidos que lo que nos une, a veces nos separa. Pero lo será por poco tiempo.

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