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5 febrero 2014 3 05 /02 /febrero /2014 19:55

banderas.jpgNo me gustan los nacionalismos. Ninguno. Las banderas son todas iguales y los que las exhiben como arma arrojadiza contra su vecino aún se parecen más; posiblemente solo se diferencian en el color de la tela que les cuelga del mástil que abrazan. Si pudiéramos abrirlos como un coco y contemplar su mente, escuchar su forma de hablar, de relacionarse, de razonar, estoy seguro de que ambos serían prácticamente la misma persona; capaces de llegar a compartir todo menos el color de la dichosa bandera. Pero no ocurre así. Oficialmente se odian por un “sentimiento nacional”; en lo demás son iguales.

 

Todo tiene sus excepciones que, por serlo, siempre son pocas, pero en mi opinión, seguro que no compartida, la religión y la “patria” siempre han sido buenos argumentos para dividir a los menos afortunados de la sociedad. Así no piensan en lo importante. Así los importantes no piensan en ellos… y todos tan felices. Crear conflictos nacionales siempre ha sido un recurso muy socorrido para no reflexionar en lo que para mí es la clave de la filosofía política: la desigualdad social y la utilización del poder por unos pocos para su exclusivo beneficio.

 

Mientras hablemos de países y de fronteras no hablaremos de lo que ocurre dentro de ellos. Al fin y al cabo siempre nos convencerán de que es mejor ser controlados por la oligarquía escocesa o catalana que por la británica o española. Simplemente una lucha de oligarquías con los tontos en las calles. Lo complicado para ellos sería que nos planteáramos descubrirlos, limitar su poder, hacerlo desaparecer o al menos controlarlo. Pero no, eso es más complicado que lanzarte a la calle con una bandera y pensar que cuando por fin la patria sea liberada del yugo opresor  encontraremos trabajo o habrá justicia social. Así de fácil. ¿Solo se puede luchar por esa justicia social si las fronteras son como queremos o nos hablan de las fronteras precisamente para olvidarla?

 

En  resumidas cuentas….los pobres con banderas y los ricos con dinero. Os podéis imaginar quien controla a quien. Cuando ellos los han querido enviar al frente envueltos en uniformes lo han hecho sin pestañear. Murieron con las botas puestas y el himno en su entierro; los que volvieron se dieron cuenta de que los que mandaban antes lo seguían haciéndolo después, aunque sus “representantes” fueran otros. ¿Acaso las grandes corporaciones industriales alemanas que apoyaron el nazismo desaparecieron después de la Guerra Mundial? ¿Acaso desapareció su poder?

 

No hay manera de acabar con ello. Sin duda es fácil manipular con el discurso nacionalista y pocas ideas son tan sencillas de entender por quien quiere explicaciones que puedan asimilar con facilidad. Y ahí está el filón, seguir explotando la “vía nacional” hasta que nos estalle en la cara.

 

Toda esta introducción tiene que ver con mi repulsa a entrar en los debates nacionalistas antes de en aquellos otros que desarrollan lo que considero verdaderamente importante para resolver los problemas reales de los ciudadanos: la justicia social, la economía, el reparto de la riqueza, el bienestar compartido, el control del poder, la participación del ciudadanos en el gobierno, la impunidad de los gobernantes y la corrupción generalizada…

 

Resulta curioso que la mayoría de los partidos políticos insisten en sus debates “nacionales” y mucho de ellos deben su nacimiento y auge a sus posiciones defensoras de la “patria”. No tienes más que pensar en las nuevas “fuerzas emergentes” en nuestro panorama político y en qué basan esa emergencia. Posiblemente no hay nada que hacer, son todos iguales en el menosprecio a la inteligencia de sus futuros votantes.

 

Pero todo es contagioso. Tanto es así que hoy no me puedo sustraer a hacer un comentario sobre un tema desconocido para la mayoría de los ciudadanos de este país y que explica en buena parte las reivindicaciones económicas de Cataluña, formando parte del debate político actual. No me queda más remedio que pronunciarme.

 

Creo que Cataluña tiene razón. Cuando digo que Cataluña tiene razón lo hago extensivo a cualquier otra Comunidad Autónoma que quisiera alegar lo mismo que ella. Vaya por anticipado que considero que el debate nacionalista en Cataluña tiene como único fin un órdago económico al poder central solicitando una mayor financiación autonómica. Lo que piden es dinero y para ello utilizan los fáciles argumentos del manual de estilo nacionalista. Ahora bien, acusar a los nacionalistas catalanes de “peseteros” (desconozco si ahora se dice “eureros”) o  de insolidarios no sería justo ni mucho menos sin conocer cual es la situación de la financiación autonómica en nuestro país.

 

Os lo anticipo; solo si los vascos son insolidarios lo serán también los catalanes. Al fin y al cabo solo están pidiendo lo mismo que aquellos tienen, sin que nadie diga nada en contra y por si fuera poco bendecido por nuestra Constitución. La Carta Magna de 1978 contempla una financiación territorial exclusiva para vascos y navarros en base a unos “derechos históricos”, que deben ser verdaderamente extraordinarios por su persistencia en el tiempo, a pesar de lo que supone de evidente discriminación territorial ya que únicamente puede buscar su justificación en las andanzas reaccionarias de Zumalacárregui y los suyos.

 

España tiene un doble sistema de financiación autonómico; uno para vascos y navarros y otro diferente para el “resto”. El primero es muy favorable para esos territorios llamados forales o “históricos” (como si Castilla o Aragón no lo fueran) y se resume de esta forma: los impuestos que pagan estos ciudadanos son exclusivamente para ellos. Al cien por cien. Ello quiere decir que toda la recaudación de sus impuestos se destina a financiar exclusivamente sus gastos, sin que aporten ni un solo euro “solidario” con el resto de las comunidades españolas. Cierto que el llamado “cupo” puede suponer el pago de su aportación a lo que podríamos considerar gastos comunes (defensa, diplomacia…), pero mas cierto es que este cupo se suele convertir en una interesante arma política en manos del partido nacionalista de turno, que sirve para calcular su importe según los intereses del momento. La magia de nuestros pactos parlamentarios consigue que este cupo, de forma milagrosa, pueda convertirse en negativo, es decir, que sea el resto del país es el que termina pagando a los territorios forales. Por supuesto que estos “privilegios”, vetados a los demás, se acompañan del poder normativo y administración foral tributaria propia. Para que se entienda, los vizcaínos tienen su Ley de IRPF y  hacienda foral exclusivas.

 

El otro sistema, el común, el que se aplica al “resto” de España, es más sencillo en su explicación pero complejo en su cálculo. Se basa en la idea de que los impuestos que pagan la gran mayoría de los españoles, cada uno en su comunidad autónoma, van a una cesta común y desde  ella se distribuye según las necesidades de cada una. Su cálculo complejo raramente satisface a sus destinatarios, de lo que surgen las famosas balanzas fiscales.

 

Estas balanzas argumentan su nombre  en el cálculo de los impuestos que se pagan en cada territorio comparándolo con los ingresos que realmente reciben de la bolsa común. En función del plato de la balanza que se desnivele y del grado de inclinación del mismo las reivindicaciones políticas están servidas.

 

Y en esas estamos. Cataluña considera que aporta mucho a la bolsa común y que recibe poco a cambio. Si el sistema foral es bueno para vascos y navarros, alegan, también es bueno para ellos. Argumentarles en sentido contrario que la Constitución solo lo permite para esos territorios forales y hacerles comulgar con ruedas de molino es lo mismo. Y tienen razón. ¿La solidaridad solo se les exige a ellos?

 

No puedo entender los nacionalismos pero menos entiendo la demagogia. El sistema foral es bueno para todos o no lo es para ninguno. La cuestión reside en que de adoptar Cataluña o Madrid un sistema similar al foral nos podemos despedir de España. La solidaridad entre territorios desaparecerá como el propio Estado. Mantener el sistema solo para vascos y navarros es injustificable. ¿Conocías esta situación? clint

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

Joseba 02/19/2014 17:16

Viendo la forma en la que se gestiona el dinero público en el resto del estado, no me extraña que las autonomías que más aportan al bote común quieran aportar menos. En cada reino de
taifa=provincia del estado español se ha querido construir una estación del AVE, aeropuerto, palacio de congresos, museos, centros culturales, etc. entre otras malas gestiones fuera de la obra
civil pública.

Viéndolo desde Euskadi me alivio de que tengamos el concierto económico y viéndolo desde el punto de vista catalán o madrileño, arderían mis ojos al ver todo el gasto público inútil que se ha hecho
con vistas a contentar al votante en el corto plazo vísperas de elecciones.

En la CAV también hacen de las suyas los que mandan, acometen obras públicas no prioritarias y en cambio las urgentes, como la salida de mercancías por ferrocarril desde el superpuerto de Bilbao,
llevan estancadas lustros.

Aun así creo que en la CAV el dinero se gestiona mejor que en el resto del estado y mientras las cosas no cambien espero que ni 1€ de la CAV sirva para financiar los delirios de grandeza de los
reyezuelos del resto de las taifas del estado.

Un saludo!

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