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13 diciembre 2012 4 13 /12 /diciembre /2012 00:38

Esta entrada que estáis leyendo es una pequeña frivolidad que quiero permitirme. La verdad es que este blog, al que habéis llegado por casualidad (supongo que la mayoría de vosotros) o por convicción, no deja de ser una especie de tablón de anuncios en el que  he ido “colgando” una serie de reflexiones personales de todo tipo (hasta cuentos chinos), normalmente relacionadas con la actualidad política.

 

Podía haberlas “colgado” aquí, como he hecho, tirarlas a la basura o guardarlas en un cajón. La opción que resulte elegida, si te animas tú también a hacerlo, querido lector, determina para muchos de nuestros amigos y enemigos la esencia de nuestra persona: “este hombre es un exhibicionista insoportable y solo tiene afán de protagonismo….”, o bien, “….oye qué interesante lo que escribe este tío”,…o también puede ser…. “todo el día encerrado escribiendo y nadie sabe lo que está haciendo……………”. En definitiva, que no queda claro si el pecado -o el acierto- consiste  en escribir  o en lo que decidas hacer con lo que has escrito.

 

Como os decía, estas líneas, torpemente unidas, quieren ser una excepción a lo que podáis haber leído hasta ahora en este vuestro blog, en la medida  que pretenden servir de  agradecimiento personal por algunas situaciones  peculiares que me han tocado vivir estos últimos días. Agradecimiento, como os digo, a personas, muchas de ellas desconocidas para mí hasta este momento, que de una manera u otra se han puesto en contacto conmigo para hacerme partícipe de su coincidencia con algunas de las ideas que veo con satisfacción que ellas y yo compartimos.

 

Con gran sorpresa por mi parte -supongo que como os podéis imaginar- hace unos días se pusieron en contacto conmigo desde la redacción de un conocido programa de televisión llamado “Salvados”. Programa valiente y arriesgado, intenta poner luz en todos aquellos temas de los que, por un motivo o por otro, se suele hablar menos y de los que, como también se está viendo por los índices de audiencia, los ciudadanos tenemos  gran interés en saber,  o al menos conocer. Tienen sus responsables la extraña habilidad de poner en evidencia que las verdades pueden ser de dos tipos: las oficiales y las reales y que ambas suelen estar alejadas,  por no decir enfrentadas.

 

Lo curioso del tema es que para llegar a esta dicotomía el periodista y conductor de las entrevistas utiliza las dos técnicas más antiguas y conocidas de la dialéctica clásica. Sócrates las utilizaba con sus alumnos para descubrir la “verdad” y Platón nos las recordaba en sus famosos Diálogos. Estas técnicas son dos: la ironía y la mayéutica; opuestas pero aquí complementarias. Consisten en colocar al “maestro” (nuestro habilísimo periodista) en una posición de ignorante “falso” que interroga a un  falso “sabio” (la víctima). Con preguntas fáciles y sencillas, que ocultan su verdadero saber, va poniendo poco a poco de manifiesto las contradicciones en las que termina cayendo el que se cree conocedor de la materia interrogada. También se le conoce a la mayéutica como la técnica de la “partera”, en la medida que ayuda a que nazca la “verdad”. Puede parecer sencillo pero para que estas técnicas puedan cumplir su misión el falso ignorante debe actuar con unos grandes conocimientos, por lo que no debe desvelar en ningún momento su condición de “sabio”. De esta forma Sócrates iba domando poco a poco el ímpetu de sus alumnos y les hacía ver que el camino hacia la Razón y la Sabiduría era largo y complicado y que de ninguna forma se debían fiar de charlatanes e impostores. La humildad, la paciencia y el estudio eran, curiosamente, el camino más rápido a la excelencia personal.

 

Por todo lo dicho que le llamen a uno de un programa como este, y más si ya lo conoces como espectador, te deja los pelos de punta.  ¿Seré yo el elegido para quedar a la altura del barro por no saber defender lo que creo saber? ¿Y por qué yo… si no soy nadie?

 

Por eso mi primera reacción fue preguntar por la causa por la qué podían tener interés en hablar conmigo y no con cualquier otro de mis compañeros mucho mejor preparados que yo, a los que, por supuesto, les remití. La verdad es que no lo sé. Por alguna extraña razón insistieron en la idea de entrevistarme sobre una serie de temas que, todo hay que decirlo, me interesaban mucho. La posibilidad de hablar de ellos y que, además,   te pueda escuchar alguien más que tu sufrida familia era tan atrayente como aterradora.

 

El fraude fiscal. Ni más ni menos que esta era la cuestión de su interés. Para un funcionario de Hacienda hablar del fraude fiscal es como para un médico hablar de las enfermedades y de las medicinas. Hay de todas y de todo tipo, con miles de pacientes diferentes. Inabarcable pero existencial. Un mundo.

 

 La época que nos está tocando vivir nos mantiene especialmente alerta con todo aquello que nos parece injusto. No queremos renunciar a lo que creemos merecer y más cuando no entendemos la causa de que estas privaciones, que parecen recaer siempre en quienes más lo necesitan, no tengan un fin claro y menos una justificación moral suficiente para que ni siquiera podamos pedir explicaciones. En todo caso queremos saber; saber y opinar en la sociedad de la información parecería lo suyo pero no lo es. Los ciudadanos nos asombramos cuando conocemos una parte mínima de un entramado social, administrativo y político que nos rebasa y del que huimos cuando percibimos que no nos afecta, pero que, por el contrario, cuando nos sentimos atacados por él reaccionamos y…. necesitamos saber.

 

El que busca la verdad corre el peligro de encontrarla y entonces nos echaremos las manos a la cabeza porque posiblemente ya sea tarde. De nuestro descuido y desinterés algunos han creado su Imperio.

 

Y en este momento estamos. ¿Es por tanto el momento de callar o el de opinar?

 

El fraude fiscal y una muestra de mis opiniones al respecto los encontraréis en algunas de las entradas en este mismo blog. No sé si recomendaros que las leáis o que hagáis justo lo contrario. Lo mejor es un término medio; si lo hacéis que sea justo antes de iros a dormir porque como somnífero es donde  he cosechado mis mejores críticas. En todo caso son mis puntos de vista pero era justo lo que me requerían; opiniones.

 

EL FRAUDE FISCAL.

 

Siguiendo con el ejemplo del médico al que le permiten hablar de la salud, imagino yo que para salir de la situación, intentaría resumir su propuesta con generalidades fáciles de entender: vida sana, deporte, alimentación, prevención…Precisamente esto es lo que me plantee como respuestas a las posibles preguntas que me pudieran hacer: generalidades. Pero claro las generalidades que vemos muchos de los que nos dedicamos a estos temas pueden llamar la atención. Este era mi decálogo básico de opiniones:

 

El modelo tributario español diseñado en 1978 ha sido agujereado y masacrado durante los años de bonanza económica. El sistema actual no obedece a un modelo justo de tributación y además es ineficiente para obtener los ingresos necesarios para cumplir su función. Se han suprimido impuestos que contribuían a la justicia del sistema, como los Impuestos del Patrimonio o de Sucesiones y ello, lo que lo hace aún más grave, después de haber eximido previamente de tributación a las grandes fortunas. El Impuesto de la Renta ya no es un impuesto progresivo, por el que más paga quien más tiene, sino justo lo contrario. Pagan menos quienes más rentas mobiliarias e inmobiliarias tienen. Pagan más las rentas del trabajo que las empresariales y ambas pagan más que las rentas que provienen de la especulación. El Impuesto de la Renta ha premiado la especulación inmobiliaria y esto incluso con la normativa aprobada por un partido de izquierdas. En definitiva, las clases medias trabajadoras son las que realizan un mayor esfuerzo tributario y esto, repito, incluso con un partido de izquierdas gobernando. El Impuesto de la Renta hace tiempo que no se parece en nada al que se diseñó un 1978 y hace tiempo que dejó de ser un Impuesto “justo”.

 

El sistema tributario ha permitido todo tipo de normas especiales y específicas que han beneficiado a “unos pocos” con el desconocimiento de la mayoría. Esto ha sido así especialmente en los últimos años, incluso con gobiernos de izquierdas. Ello ha supuesto el hundimiento de la recaudación a partir del año 2008 sin que ello se pueda justificar únicamente con el inicio de la crisis. Las pérdidas millonarias se deben al abuso de estas situaciones que han beneficiado solo a unos pocos.

 

Los diseñadores de este desaguisado no temieron por los resultados cuando fueron desmontando las bases del modelo tributario español. Confiaron en que la “burbuja” inmobiliaria sostuviera con sus enormes beneficios los gastos públicos que se dispararon. No había problema, el dinero de la “burbuja” llegaba para mantener el equilibrio presupuestario e incluso el superávit. Los grandes beneficiarios del caos tributario convencían a los incautos gestores políticos de que aun así el dinero seguiría fluyendo para todos, incluso para las Comunidades Autónomas que habían suprimido los Impuestos de Patrimonio y de Sucesiones que eran de su competencia. Las élites locales se habían salido con la suya una vez más. A los primeros síntomas del pinchazo de la “burbuja” en 2008 los ingresos cayeron en picado pero los presupuestos de las Administraciones Públicas mantenían el nivel de gasto, viviendo en el país de Heidi. En dos años el déficit era exponencial. Los gastos no se habían contenido porque nadie había advertido que los ingresos jamás se obtendrían de un sistema tributario masacrado. Esta es la crisis de ingresos.

 

Las grandes fortunas tuvieron durante estos últimos años menos motivos para estar preocupados. Cuentan con regímenes específicos, normas diseñadas por grandes despachos profesionales que favorecen los intereses “competitivos” de las empresas españolas en la “jungla” de las multinacionales. Para ello todos los españoles nos vimos obligados a  financiar vía impuestos las deslocalizaciones de nuestras empresas, mientras estas cerraban alegremente  puestos de trabajo dejando a su personal en la calle y sin saber muy bien cuál es la contraprestación que recibe la sociedad a cambio de semejante pérdida de ingresos. Se premiaban los despidos y los ERES, incluso con gobiernos de izquierdas, permitiendo ventajas fiscales también  a las empresas que despedían a sus trabajadores. Se permite que se instalen en España filiales de multinacionales extranjeras que no pagan ni un solo euro por los beneficios que obtienen en nuestro país. Las normas fiscales, especialmente el Impuesto de Sociedades, se convirtieron en un gigantesco queso gruyere abonado al fraude, o lo que es más grave, sin recurrir a él (al fraude) se obtienen los mismos beneficios por la cantidad de normas “a la carta” diseñadas para empresas o sectores económicos concretos. Durante estos últimos años la pérdida de ingresos en el Impuesto de Sociedades, el que pagan las grandes empresas, ha sido de cerca  de 30.000 millones de euros. El Impuesto de la Renta, el que pagan los trabajadores (de forma general), no ha registrado ninguna reducción en su recaudación.

De no haber sacrificado  el Impuesto de Sociedades esta inmensa fortuna nos habríamos ahorrado buena parte de los recortes sociales que estamos viviendo.

 

Se dispara el fraude. La crisis obliga a muchas empresas a considerar que este es el camino más rápido para sostener su nivel de beneficios. La multitud de normas específicas y regímenes ventajosos  favorecen interpretaciones agresivas que son explotadas por los grandes despachos, especialmente en el caso de las empresas más importantes. Al resto no le queda más remedio que acudir a la ocultación y a la economía sumergida. Muchas medianas empresas entran en dinámicas que hasta entonces nunca habían desarrollado. No obstante solo se habla de la economía sumergida de subsistencia, haciéndola culpable del fraude fiscal ocultando con ello la realidad. El fraude lo realizan las grandes empresas y también las medianas pero las primeras son las culpables de casi tres cuartas partes del fraude total. Todo lo demás es desviar la atención o pensar que solo interesa el  “fraude de los pobres”.

 

El sistema  tributario internacional es un campo abonado para que las multinacionales no paguen impuestos en los lugares donde obtienen sus  ingresos. Con sus constantes amenazas y sus relaciones privilegiadas consiguen que los Estados desarrollados no cambien las normas que les favorecen, no desmonten los llamados “paraísos fiscales” y sigan con sus planificaciones fiscales, no solo agresivas sino insultantes, que permiten desviar sus ingresos a los lugares que ellos consideran adecuados a sus fines. Todos los Estados hacen lo mismo, además de quejarse de cara a la galería, claro. A pesar de ello  a ninguna multinacional  le han prohibido vender  sus productos en los lugares donde no pagan sus impuestos de manera razonable y en relación a los ingresos que obtienen por sus ventas. Y encima…no les digas nada. Ahora busca a ex Ministros o ex Secretarios de Estado y mira donde trabajan en la actualidad y después hablamos.

 

España tiene una Administración Tributaria excelente, con uno de los sistemas informáticos y de tratamiento de la información mejores del mundo. La preparación de su personal, funcionarios todos ellos seleccionados de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, está fuera de toda duda, siendo capaces de mejorar sus resultados años tras año, independientemente del partido político que se quiere apuntar unos méritos que nunca les corresponde a ellos sino a la profesionalidad de sus funcionarios. A pesar de esto es una Administración mínima en cuanto a componentes y dimensión. No puede entenderse cuál es el interés en mantener una organización tan eficaz pero tan reducida. Simplemente con aumentar su mínima dimensión humana y hacerlo en términos relativos similares a los países que nos rodean  -Francia por ejemplo- se podrían obtener buena parte de los ingresos tributarios que el fraude está esquilmando. Que gobierno tras gobierno ninguno haya sido capaz de apostar decididamente por aumentar los efectivos de la Administración Tributaria de este país,  solo puede entenderse en la demagogia en la que se instala una política corta de vista en busca de votos, especialmente en los años de bonanza económica, en los que hablar de Hacienda pone los pelos de punta. La solución ha estado en dejar caer, de forma más o menos disimulada, que el problema del fraude está en su Agencia Tributaria… ¿tal vez  os han explicado otra causa? Hay que recordar que la falta de medios humanos impide no solo luchar con eficacia contra el fraude existente sino recaudar lo ya descubierto. Se habla solo del fraude pero se olvidan los importes pendientes de cobro, que de conseguir un porcentaje de realización del 50% este país podría ahorrar, de nuevo, buena parte de sus “recortes” sociales. ¿Aún así por qué no se apuesta por una administración tributaria homologable en número de integrantes a los países europeos de nuestro entorno?

 

8ª A falta de medios humanos deberían admitirse, como mínimo, las reivindicaciones de los trabajadores encargados del control fiscal. Inspectores, Técnicos, Agentes, Vigilancia Aduanera y  administrativos, vienen planteando alternativas y soluciones que mejorarían la eficacia de sus actuaciones, limitadas en absurdas normas competenciales y temporales que restan eficacia a sus resultados. No tiene sentido que se limiten, tal y como están reguladas en la actualidad, las actuaciones de un personal suficientemente preparado y que, además, los márgenes temporales de sus actividades sean tan reducidos. Solo la desunión en estamentos internos permite no darse cuenta que cuando una pieza del engranaje mejora y aumenta su rendimiento lo hará todo el mecanismo. Las reivindicaciones de los Técnicos deben ser escuchadas y favorecer con ello, y por ello, el trabajo de calidad y de dirección de los Inspectores dirigido contra el gran fraude. En la unidad de objetivos debería estar la clave del éxito y la  fuerza de los que en ella trabajan y luchan, no solo por las mejores condiciones de su puesto de trabajo sino en la  honorabilidad pública  de su función.

 

Alguien debería hacer algo por la conciencia fiscal. Pensar que es justo y conveniente para la sociedad en la que vivimos pagar los impuestos con los que se sostiene el estado del bienestar, y que todos lo hacemos en función de lo que nos corresponde… además de estar convencidos de ello, es la clave del éxito de una sociedad justa y desarrollada. Hasta que esto no ocurra viviremos en un país cuyo grado de desarrollo institucional no se corresponderá con la madurez de los que habitamos en él. Los tratadistas del derecho tributario piensan que un sistema tributario es justo cuando es general y progresivo, es decir que pagan todos y más quien más tiene. Siendo esto así, no debemos olvidar que los ciudadanos de “a pie” juzgan la justicia de los impuestos no solo por las condiciones intrínsecas de los ingresos sino al contrario, por la justicia distributiva de los gastos. Si el ciudadano percibe que los impuestos que pagan se convierten en servicios de calidad habremos hecho mucho por la conciencia fiscal.

 

En relación con lo anterior, la lucha contra la corrupción política y el aprovechamiento privado de los impuestos públicos, o dicho de otra forma, que lo que se recauda con el  esfuerzo de todos los ciudadanos no termine en los bolsillos de determinados  gestores políticos es uno de los mayores problemas para la conciencia de la necesidad de los impuestos, que no debería dejar indiferente a los responsables políticos de las administraciones tributarias.

Igualmente, normas como la llamada “amnistía fiscal”, de actualidad reciente, han supuesto un duro golpe a la línea de flotación de la conciencia de los ciudadanos, que ven como el trato que reciben los incumplidores y defraudadores es superior al que reciben los abnegados cumplidores. ¿Cuál es el premio de los cumplidores? El de los incumplidores ya lo sabemos, pagar menos que los que sí cumplieron.

 

10ª El hartazgo que tienen los funcionarios al  tener la sensación  permanente de ser acusados, directa o indirectamente, de los males de este país, de aparecer como los responsables “técnicos” y la excusa perfecta para eximir a ciertos políticos  de sus responsabilidades gestoras y penales (El Dictamen del Parlamento Andaluz sobre la investigación del asunto del fraude de los ERE acusando a la Intervención General de la Junta es para enmarcar). El hartazgo de la mayoría de los que se afanan en cada minuto de su jornada  laboral en  luchar contra el fraude fiscal de tener la seguridad de que esta batalla solo les importa a ellos y de que sus enemigos ya no son solo los defraudadores sino la indiferencia de los que dirigen este país con sus leyes y las limitaciones injustificadas que  les imponen.

 

Al fin y al cabo yo solo aspiro con este decálogo a lo mismo que tú, amigo lector. Que paguen todos los que no lo hacen para que  de esta forma los que siempre lo hacemos, y que  siempre seguiremos haciéndolo porque nos tiene bien controlados en una sociedad que está diseñada para que seamos precisamente nosotros los que siempre  tengamos que pagar, nos puedan bajar algún día los dichosos impuestos. Sería estupendo.

 

AGRADECIMIENTOS

 

Dicho esto,  el reflejo de mis ideas, equivocadas o no, aparecieron en un programa de televisión de gran audiencia con la  consiguiente convulsión personal. Por ello, y como os decía al principio, quiero agradecer a tantísimas personas que se han puesto en contacto conmigo para apoyar los mismos planteamientos que os he expuesto.

 

Mi agradecimiento más especial para las personas que trabajan en el programa “Salvados” por la profesionalidad y cuidado con el que tratan los temas en los que trabajan para que, curiosamente, parezca después que todo es “casual”. Ni mucho menos. Más de dos horas de entrevista para obtener lo poco de interés que yo haya podido decir. Sin duda la habilidad del entrevistador se convertirá en mítica en este país y con gran satisfacción podré contar algún día  a mis nietos que ese señor tan famoso  me entrevistó a mí,  pero recordaré igualmente al equipo de redacción y a su responsable que fueron igualmente  partícipes en la distancia de la  entrevista para que  el espectador pudiera obtener toda la información posible. Mi felicitación a un estupendo equipo de profesionales que, como mínimo, se merecen el éxito que están obteniendo y que lograron que mi intervención, os pareciera bien o mal, fuera, sin duda, de mayor dimensión de la que yo soy capaz de proyectar por mí mismo.

 

Muchas gracias a todos.

 

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

JC. 01/07/2013 22:16

Buenas noches,

He leído su blog prácticamente entero y lo único que sí me gustaría "pedirle" es que no deje de escribir en él.

Muchísimas gracias.

raulburillo.over-blog.es 01/08/2013 23:55



Muchas gracias a usted. Es un honor que me haga ese comentario y mientras le pueda interesar a alguien alguna idea o alguna reflexión lo seguiré escribiendo. ¿Le puedo pedir yo algo?
Anímese y como hace otro lector apodado "vaya" anímese usted también a escribir sus comentarios todo lo largos que quiera. Este blog también es de los lectores y por tanto suyo.


Gracias una vez más.



vaya 12/17/2012 16:52

No soy yo quien para pontificar acerca del sistema fiscal. En cualquier sitio hay mayores autoridades. A mi juicio hay dos medidas que pudieran aplicarse para corregir la injusticia de quienes
"escapan" al sistema:
Impuestos de tipos más bajos pero sin excepciones de ninguna clase. Supongo que cada vez más las normas se irán pareciendo a programas de ordenador, que no admiten la discreccionalidad en su
interpretación ni aplicación.
Todos los bienes tienen al final una persona física que los disfruta. Las sociedades y otros entes suelen ser pantallas tras las que se oculta el verdadero beneficiario. A este habrá que evaluarle
la "renta de disfrute", da lo mismo de quien sea el Mercedes... si lo conduce a ud. se le supone ... renta a ud., lo mismo la casa, el yate.... hoy en día no es tan difícil ese control y el sistema
sería más justo y ejemplar, que es lo que requieren los tiempos.

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