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1 noviembre 2012 4 01 /11 /noviembre /2012 23:59

 

TITULO DEL CORREO: CURIOSA HISTORIA.

 

Hola cielito, te escribo este correo desde el trabajo como todas las mañanas. Cada día te echo más en falta y espero que llegue el momento de estar a tu lado. Se me hace muy difícil esta situación pero es la que nos ha tocado vivir. Estar separado de ti es una dura prueba para la que me entreno todos los días pero con la horrible sensación de que en el momento de la carrera me derrumbaré  y no llegaré a la meta.

 

Hoy te quiero contar una historia muy curiosa, tanto que me interesaría conocer tu opinión sobre el extraño suceso que me ha ocurrido. La verdad es que el hecho de que estemos lejos y  que el trabajo nos separe hace que esté un poco más predispuesto ante estas pequeñas anécdotas, y ya no sé si estoy paranoico perdido o es que las cosas realmente “pasan” a nuestro alrededor y solo cuando nuestra sensibilidad está a flor de piel nos percatamos de ellas.

 

 Te comento. En el despacho tenemos un cliente al que, como al resto, le hacemos su  auditoria anual. Es editor literario y especializado en cuentos infantiles. Yo nunca había trabajado con él, por lo que para mí era un auténtico desconocido. Es una empresa muy importante que, además de cuentos, publica relatos cortos, siendo muy conocido en el sector editorial. Los compañeros que otros años habían trabajado en ella me comentaron con cierta admiración que los cuentos no eran para niños sino que iban dirigidos realmente al público adulto; que eran ellos los que los compraban con la excusa de regalárselos a sus hijos. Me contaron también que cuando los leían muchos de estos "papás" rejuvenecían anímicamente, abrían su alma, su mente, su espíritu y volvían a disfrutar con ellos mismos,... con su vida. Su lectura suponía un pequeño milagro.

 

Tú me conoces bien y ya sabes que yo no creo en esas cosas, que para mí no existen los cuentos para adultos. Estoy seguro que no son otra cosa más que  auténticos cuentos chinos.... No obstante me picó la curiosidad.

 

 Pasados unos días ya había olvidado lo que me habían comentado de esta editorial y  me dediqué con normalidad a analizar sus números y sus balances. Para hacerme una mejor idea  de su actividad pensé en visitar su página web y de esta forma conocer más datos de la empresa que pudieran ser  útiles en su auditoría. Las páginas  webs comerciales son todas del mismo estilo, con muchas pestañas y links que  invitan a un “click” rápido. La diferencia resultó ser que en esta un enlace  llamaba la atención sobre los demás de forma inmediata. 

 

Parpadeando, llamando a la tentación cual fruto del árbol prohibido, se leía "CUENTOS PARA NIÑOS Y ADULTOS".   ¡¡¡ Vaya!!!! -pensé- esto es lo que me han dicho; está claro que debo entrar y leer un cuento  de estos a ver si se produce en mí este cambio; igual todo lo veo bien a partir  de ese momento, mascullé con cierta sorna.

 

 Sin más entré; un desplegable  permitía elegir el cuento que tú quisieras. Todos tenían títulos muy infantiles pero advertían que para descargarlos debías pagar con tarjeta de crédito, salvo una sección que se denominaba Cuentos de iniciación, de descarga gratuita. Allí que me fui; aparecía más de lo mismo, todo cuentos y relatos infantiles con títulos muy previsibles y claramente infantiles: "Cuquín y su rabito mágico", "La brujita Antonella y su varita de tela"...... (¿¿¿Seguro que son infantiles????).

 

Uno me llamó la atención sobre los demás " La pluma que escribía con tinta de lágrimas". No te puedo explicar por qué, pero pensé que era original y puestos a elegir uno ese me gustó. Le di a descargar en formato PDF puesto que no se podía leer en pantalla. No sé cuál es la explicación, porque no me fío  nada de estas páginas que te ofrecen descargas gratuitas, pero el cuento, relato, o lo que fuera, no se descargaba. Después de varios e insistentes esfuerzos la impresora empezó a funcionar... ¡por fin! -pensé- voy a leer uno de los famosos cuentos. El mío será más corto y más “malo” porque al ser gratuito seguro que el autor no se habrá esforzado mucho, me decía a mi mismo mientras la máquina terminaba su trabajo.

 

¿Más corto y más malo?, lo que realmente es... ¡es una tomadura de pelo! No se había impreso nada a pesar de que la Hewlett Packard había hecho el mismo ruido que si estuviera imprimiendo. No había nada, ¡inaudito! Bueno algo sí que se podía leer,…solo se había copiado lo que  imaginé que era el final del cuento. En la última de varias hojas que habían salido en blanco se podía leer:”...... fueron felices y comieron perdices. Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.". ¿Esto es todo? No me extraña que sean de descarga gratuita… y al tío que lo ha escrito le habrán pagado y todo...je, je, claro que como lo ha escrito con tinta de lágrimas no  se leerá, pensaba jocosamente con el papel blanco en la mano.

 

Volví a repetir la operación, porque internamente me resistía a no leer el cuentecito de marras. Me había hecho gracia el título y quería leerlo, pero nada de nada, todo igual, el mismo ruido de escritura mecánica continuada pero después el papel seguía saliendo en blanco, salvo el final. ¡Con cuantas hojas me había hecho en la mano!, todas vacías, en blanco, ¡cuánto papel había desperdiciado para nada! No había historia. Lo intentaré una vez más- pensé- mientras iba a por más papel, porque no deja de ser curioso que solo salga el final.

 

Mientras buscaba más folios en esta maldita oficina en la que nunca sé donde están las cosas, pensaba en la paradoja de los cuentos; todos terminan felizmente y a pesar de eso, de pequeños, de niños, nos encantaban, aunque supiéramos el final y nos los contaran mil veces.

 

Los niños siempre saben que el cuento va a terminar bien, que los príncipes se casarán con las guapas, y que el lobo no se saldrá con la suya, pero lo importante no es el final, lo importante son las aventuras, el contenido,  el desarrollo. Eso es lo que hace que merezca la pena comer perdices. Qué absurdas son las páginas en blanco con un final feliz, ¿verdad?, parece que no tienen sentido, no tienen valor, lo que importa es el esfuerzo, el sacrificio, el amor, las dificultades, el amor otra vez, la familia, el trabajo, los problemas, como resolverlos, la comprensión, la comunicación...la vida.

 

Pensé en ti cariño, en nuestra vida, siempre de aquí para allá, viajando para vernos …eso sí que es un cuento precioso, trabajado, luchado, que se merece ese final feliz. Que se lo merece tanto que la felicidad se debería sobrescribir con las mismas lágrimas de alegría, y a veces de pena, de la tinta del título del cuentecito, y que tantas veces nos ha tocado derramar. Creo que todos ponemos mucho  de nuestra parte para ser felices y en ocasiones lo conseguimos y otras no. ¿Cuántas personas habrá que sus vidas sean como una hoja vacía y desperdiciada? ¿Tiene sentido un final feliz de un cuento sin contenido?

 

Ciertamente el "cuento" de nuestras vidas se escribe con la tinta que derraman nuestro ojos, pero creo que eso hace que la felicidad, "el final feliz”, tenga sentido. En esos pensamientos estaba cuando encontré los folios....vamos a ver si ahora funciona.

 

Esto de la informática es un misterio: funcionó; el mismo ruido de antes pero esta vez sí, esta vez se imprimió lo que parecía un relato no muy largo. Lo leí con interés. Realmente era precioso pero infantil.

 

Narraba la historia de una ranita  que… ““hace muchos, muchos, años vivía sola en una pequeña charca. Nunca había encontrado un buen lugar para vivir ni un “ranito” con el que formar una familia .Por un motivo o por otro, cuando estaba feliz  en un lugar siempre tenía que marcharse, y así una  vez detrás de otra. Lloraba y lloraba por abandonar todos los lugares en los que había vivido; tanto lloraba que decidió guardar sus lágrimas en una botellita de cristal transparente. Con el tiempo la botellita se fue llenando y llenando y la ranita ya no sabía dónde iba a meter tantas lágrimas como derramaba. Un buen día encontró una pequeña pluma de ave; posiblemente había pertenecido a un pajarito que todas las mañanas recibía al sol desde una rama de árbol cercana,… hasta que se fue. Pensó que siempre había querido escribir sus sentimientos pero no había tenido con qué hacerlo. Tal vez fuera una buena idea escribir en las hojas de los árboles que,  en aquel principio de otoño, el viento depositaba suavemente en el  charco en el  que vivía sola. Pero… ¡si no tenía tinta! ¿Cómo iba a escribir?.... ¿y las lágrimas servirían para escribir? Probó; mojó la plumita del pequeño colibrí en la botella de lágrimas y escribió sobre las hojas de los árboles. Tenía tantas ganas de escribir que lo hizo durante horas, utilizando para ello una hoja detrás de otra. Escribió, con aquellas lágrimas de años, sus sentimientos, su soledad, su amor, su necesidad de vivir feliz, de tener una familia......... Tanto escribió que no se dio cuenta de que....no se podía leer. ¡Lo que escribía no se podía leer! Pero la ranita no se percató. Estuvo escribiendo durante muchísimas horas sin levantar sus ojos, sin darse cuenta de que nadie podría leer lo que ella estaba escribiendo. Cuando no quedaba ya ni una gota de lágrimas en la botella alzó la vista y vio cientos de hojas acumuladas a su lado. Fue inmensamente feliz, de esa felicidad que solo dura unos segundos y justifica años de esfuerzo para conseguirla,  y se durmió. Al despertar se dio cuenta de lo que había ocurrido mientras ella dormía; el viento había hecho desaparecer las hojas. Ya no estaban. Pero el destino en los cuentos es como el de las personas en la vida real, puede que lo que parece malo cambie tu vida. Las hojas que el viento había separado de la ranita se dispersaron por el bosque. Una de ellas llegó a otra pequeña charca donde vivía un “ranito”, también solo y triste. El viento depósito igual de suavemente la hoja a su lado mientras dormía. Al despertarse fue lo primero que vio... ¿qué era aquello? Una hoja,… pero...

¡Si estaba escrita! Era increíble, pero el “ranito” podía leer lo que la ranita había escrito. Posiblemente porque solo aquellos que saben lo que es llorar y reír saben leer las plumas que escriben con tinta de lágrimas. Lo que leyó el “ranito” le impresionó tanto que lloró amargamente pero a la vez le hizo muy feliz. Había leído los sentimientos que él nunca había sido capaz de escribir. Debía buscar a quien hubiera escrito aquello, abandonaría todo pero encontraría a su autor. Días y días estuvo el “ranito” buscando por todo el bosque hasta que un buen día.................en otra pequeña charca parecida a la suya vio a la ranita más guapa que nunca había visto “ranito” alguno. Ninguno de los dos necesitó más. Sabían que estaban hechos el uno para el otro.....:”......y fueron felices y comieron perdices. Y colorín, colorado este cuento se ha acabado."”.

 

Vaya, vaya....ahora sí que me gusta el final. Lo que yo pensaba. La felicidad está en el camino que se recorre. Ahora sí que tiene sentido. Me gustó leer el cuento, pero de ahí a considerar que esto es un cuento para adultos media un abismo. Era cursi y además yo no soy un “ranito”, ni sé en qué me puede ayudar a mí esta historia. Lo que yo te decía al principio, todo esto de los cuentos para adultos que sirven para comprender y reflexionar sobre la vida, aceptarla y luchar por la felicidad es un cuento....chino.

 

Pero si te envío este correo que he titulado "curiosa historia", no es por contarte esta pequeña anécdota,  sin mayor interés que un cuento infantil, sino precisamente por lo misterioso que resultó lo que me pasó al día siguiente.

 

Con las prisas dejé encima de la mesa de mi despacho todas las hojas que había impreso en blanco y en las que  solo se leía el final. También me dejé olvidado el propio cuento. Cuando llegué a la mañana siguiente nada de esto estaba encima de mi mesa; me había dejado la ventana abierta y seguramente habían volado las hojas, ¿pero dónde estaban?  Al poco rato vino la mujer de la limpieza. Me comentó que había encontrado en el suelo de mi despacho un montón de hojas tiradas en el suelo por el viento. Bueno -le dije yo- no tiene mayor importancia, eran hojas en blanco la mayoría y algunas -tres creo -tenían un pequeño cuento de esos de Internet. "No señor - me contestó-las hojas que yo encontré en el suelo de su despacho están todas escritas, mire. ¿Pero cómo consiguió imprimir si antes de que usted llegara a trabajar por la tarde los de informática habían quitado el toner de todos los ordenadores?

 

¿Cómo? ¿No había toner? Pues la verdad es que no, me respondió. No puedo explicarme como pudo usted imprimir si su ordenador no disponía de tinta. Pero no solo es eso…..¿cómo hace usted para imprimir en caracteres chinos? Yo no sé y debe ser divertido poder hacerlo. ¿En caracteres chinos? pregunté. Qué me dice, eso es imposible. Yo leí lo que imprimí y le aseguro que no estudio chino por las tardes, le aseveré, no dando crédito a lo que me contaba. Pues si señor, aquí las tengo y puede verlas. Todas las hojas que estaban en su despacho estaban escritas en chino.

 

Querida, lo sorprendente es que lo que había impreso la mañana anterior estaba verdaderamente en chino o en algo que se le parecía. Por eso estoy hecho un lío. No había hojas en blanco, ni en castellano...solo en chino.

 

Te pido tu opinión ¿tú crees que todo esto era un cuento chino, o en en chino, o que por algún motivo mágico fui capaz de leer en chino? No te rías pero estoy preocupado no vaya a ser que al final mi impresora tenga también tinta de lágrimas........ y  encima sea capaz de leerla. Un misterio. Creo que seguiré escribiendo de temas políticos porque estas cosas me están alterando.

  

Solo quiero que sepas que para mi tú eres la ranita del cuento y por ti dejaría todo con tal de vivir a tu lado, siempre juntos.

 

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Published by raulburillo.over-blog.es
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