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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 19:19

UN VERANO EN MALLORCA.

INICIO DE MI HISTORIA

Si me permitís os ofrezco un pequeño consejo a los amigos mallorquines  que tengáis jefes en Madrid y que de vez en cuando os visiten a la isla en “viaje de trabajo”.

En primer lugar, y esto es importante, que no vengan en verano, porque la humedad les pone de muy mal humor y estando así las cosas no les hará ninguna gracia vuestras iniciativas laborales, que con tanto empeño os esforzáis en poner en marcha; en segundo, y no menos importante, llevadlos a comer a un lugar oscuro y tenebroso.

Sí, sí, oscuro y tenebroso. Nada de impresionarlos con vistas al mar. Que sufran. De no ser así los que sufriréis seréis vosotros recordando aquella frase que os dijo el jefe de marras en mitad de la comida:

“¡Qué bien vivís aquí en Mallorca!”, “te veo con buen aspecto y además, por lo que veo, acostumbrado a este horrible calor”.

Igual este tío  –deduciréis-  piensa que estoy todo el día aquí viendo el mar… yo, que no salgo del despacho  y encima me dice eso.   ¡A quién se le ocurre venir en verano con ese corbatón con nudo gordo!

En la península  piensan, hagáis lo que hagáis, que en Mallorca no se trabaja de la misma manera. Algunos dudan hasta de que se trabaje.

Algo de suerte hay en todo esto. En época de crisis, los “jefes” - políticos frustrados en potencia -  quieren dar ejemplo de austeridad y deciden  lisa y llanamente no viajar a Mallorca.  Así demuestran su integridad a prueba de tentaciones: no viajando a Mallorca.

Nada de viajes de placer camuflados como se hacía antes. Ya no les interesa tanto lo que hagamos aquí, como cuando no había crisis, que, curiosamente,  sí parecía importarles y mucho.

Mi último verano en Mallorca fue así. Ninguna visita de “placer” camuflada y dedicándome a trabajar al cien por cien. Aunque nadie me había avisado, como reiteradamente había solicitado desde hacía más de un año, sabía que era el último y debía aprovechar el tiempo. Cuando de repente te dejan de llamar sin causa aparente sabes que te vas. Por lo tanto, sólo queda darte prisa en acabar lo importante.

A pesar de mis “aventuras” en estos seis inviernos en Mallorca, que habréis leído, no me encontraba cansado, salvo por una pequeña enfermedad que se  agravó un poquito el otoño anterior y tardó en curarse. No obstante nuestro genial equipo de baloncesto había ganado la liga y subido de categoría a pesar de arrastrarme por las canchas. La verdad es que con la neumonía me costó jugar y entrenarme, pero en verano ya estaba recuperado. Estaba contento. Además, el trabajo iba muy bien. La “Operación Trueno” en Ibiza había sido un éxito.

Lo único que empañaba mi buen humor era la pérdida de un compañero. Un gran compañero cuyo recuerdo irá siempre unido a una porción de terreno en forma de isla. Cada vez que he vuelto a  Ibiza espero encontrármelo en el aeropuerto, allí de pie, esperándome, como siempre. Instintivamente vuelvo la cabeza para ver si lo encuentro. Un gran profesional con el que me he hinchado  a discutir;  a darle indicaciones para que después  hiciera lo que, más o menos, le diera la gana. Pero así tenía que ser. Supongo que nos parecíamos demasiado para no saber que pensábamos el uno del otro. Seis años pidiéndome otro espacio más amplio para organizar la Campaña de Renta y se nos fue  justo un día antes de su estreno. Ocurren cosas increíbles.

LA VISTA ATRÁS

Al acercarse el momento de marcharme no podía evitar echar  la vista atrás. Con cierta satisfacción, la verdad sea dicha, por el trabajo realizado. Esto de ser Jefe de “empresa” es complicado para hablar de satisfacciones completas. Siempre hay gente que te mira por los pasillos con cara de odio perpetuo por cobrar 400 euros  de productividad anuales menos que el año anterior. No suelen ser decisiones tuyas, pero las asumes como si lo fueran, por lo que al final te consideras artífice de la jugarreta que  le has hecho  al compañero de turno. Incluso si la “bolsa de productividad” viene  con menos dinero de Madrid; también lo asumes. Por tanto, hablar de satisfacción siempre es relativo en este negocio.

LOS JEFES

Yo soy un entusiasta seguidor de los llamados “modelos de calidad”, por lo que mi gestión, esté donde esté, siempre  ha seguido los mismos patrones. No soy de los que se sientan a ver qué pasa y gestiona el día a día. Tengo un modelo  de gestión en la cabeza  e intento llevarlo a la práctica. El problema es que ello implica cambiar cosas y la posibilidad de equivocarte.  

Claro, que para mí el que no aspira a cambiar y a mejorar lo que tiene entre manos se equivoca un poquito más.

Hay tres tipos de jefes: los que no quieren problemas, los que esperan a que les lleguen para resolverlos y los que directamente los crean. Tengo la terrible sensación de pertenecer a los últimos. Los creamos con la idea de mejorar, pero los creamos. Cambiar el “status quo” anterior siempre es un problema porque los favorecidos por él van a poner todas las trabas posible. Por eso muchas veces es más cómodo dejar todo como está.

Ponerme a mí de jefe es apostar por un estilo de gestión. Para que me entendáis, es como poner a dirigir un equipo de futbol a un entrenador súper defensivo y querer que ataque o al revés. Es apostar por un “modelo de gestión” y punto. Creo que esa idea ya no interesa tanto.

Antes era diferente. Yo tuve un jefe extraordinario. La verdad es que me acuerdo mucho de él y  por supuesto con él  aprendí, entre otras cosas, una asignatura  a la que podríamos llamar “filosofía del directivo” o “cultura organizativa”. Cuando me llevó a un lugar  tan complicado como Catalunya me dijo sencillamente: “Soy impaciente, intenta que esto cambie. Yo te apoyaré.”

Así da gusto.

Supongo que con ello me quedé y con la idea de que el que no avanza retrocede, he actuado cuando me han dejado.

Baleares fue para mí el espacio ideal para desarrollar mi forma de trabajo. Entre otras cosas porque tuve los mejores compañeros posibles. Algunos de ellos verdaderos especialistas en aspectos gerenciales y de excelencia. Un lujo para desaprovecharlo.

Creo que nos fue bien e hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para mejorar y equivocarnos lo menos posible. Afortunadamente recibimos premios de todo tipo durante estos años, y lo que es más importante, el reconocimiento de muchos compañeros.

La verdad es que me marché contento y muy orgulloso de dejar amigos.

Mis jefes de Madrid no sé si estaban contentos o no con mi trabajo. Supongo que sí; cuando estuve estos  años allí será por algo. Tal vez no; no lo sé. Ellos no eran “muy de felicitar” y, claro, si no te felicitan no sabes cómo lo estás haciendo. Son más bien de llamarte la atención cuando algo no les gusta y eso tampoco se produjo mucho que digamos, pero sí ocurrió. Fui más criticado que alabado como saldo final del periodo.

En concreto, había un jefe, digamos que “intermedio” de Madrid  -pero superior a mí-, al que yo le debía caer como una patada en la tripa. Solo me llamaba para recordarme lo que hacía mal. La última bronca con él fue de órdago. Todos nos podemos equivocar pero en esta ocasión, e inmodestamente, creo que yo no lo hice y con la edad uno ya no está para aguantar las frustraciones de los demás; máxime cuando su percepción de la relación ideal conmigo era  buscar el lugar exacto por el cual establecer la cabeza de puente sobre mi persona para llegar a otros sin pasar por mí. Ello ocurrió poco antes de marcharme.

 

Este tipo de jefe en el que  yo mismo me encuadraba líneas más arriba- el creador de problemas-  ya está en desuso. Las administraciones públicas son el “brazo armado” del poder político por lo que nadie en estas instancias quiere ningún tipo de problemas y menos con el argumento de “mejorar”.

Para “mejorar” ya hay otros pensando, nos suelen recordar sin disimulo. A nivel territorial lo que toca es  evitar problemas y  cumplir los objetivos. ¡Qué es eso de pensar!

Piensa a lo grande y actúa en pequeño, me decía un amigo filósofo de estos temas, y al final conseguirás lo que te propones.

Ahora mejor no pensar en grande…. ni en pequeño. Y si hay problemas que no se noten, pero nada de querer arreglarlos. ¡Sólo faltaría que hubiera listos intentando arreglar las cosas por su cuenta!

No me gusta nada esa idea. Creo que  ya no estoy de moda.

 

LOS CAMBIOS

 

En definitiva, como os digo, ese verano se iniciaba con el presentimiento de que era el último en las islas. Llevaba seis años y eso era demasiado tiempo para lo que es habitual en mi “empresa”.

Cuándo tienes una familia que arrastras por los diferentes destinos que visitas, las formas y los tiempos en los que se hacen las cosas no son indiferentes. Cuando tienes hijos y estos se hacen mayores, no es que no sean indiferentes, es que son vitales. Esto solo lo sabe el que lo ha vivido, y pocos que lo han vivido, cuando a ellos les toca tomar decisiones, dejan de tenerlo en cuenta. Los que no lo han vivido ni se lo plantean.

Por eso veréis que, de forma general, gente en puestos importantes de Madrid, como mucho, han tenido un solo destino fuera de Madrid.  Eso sí, cuando tenían 25 años, y movieron todas sus influencias para volver a casa con sus papás o sus novios/as.

En la “empresa” para la que trabajo no todas las  normas están escritas. Los sindicatos parece que no han pensado en el hecho de que una Organización seria debería tener un Estatuto Orgánico y escribir en él todo lo que se pueda.

El régimen de gobierno es, para que me entendáis, presidencialista.  El que manda en Madrid adopta los criterios que le parecen mejores según su idea de lo que es la dirección. Más o menos, y no sé si es casualidad o que los primeros arrastran a los segundos y se contagian, todos tienen claro que los  Jefes Regionales de mi “empresa” no deben durar mucho en el cargo.

Parece, de entrada y si no lo analizas mucho, un buen principio para una “empresa” pública. Aunque curioso. Ellos, los jefes nacionales,  aspiran a durar más que a los que quieren cambiar.  Como os digo muy curioso. No sé si tiene algo que ver con el principio de incorruptibilidad central que no afecta al extrarradio.

Esto ha llegado a tales extremos que mi “empresa” es la que tiene los directivos regionales más efímeros de toda la Administración del Estado. Me llama la atención porque, como criterio de aplicación general, lo que está bien para unos debería estar bien para otros.

Ventajas tiene lo efímero, sin duda. Desventajas también. Nadie te toma muy en serio…. para lo que vas a durar….

Tu equipo tampoco. Han sido “equipo” de otros Delegados y quieren serlo del que venga después y ya saben que no es bueno que  se les vincule demasiado a uno concreto, no vaya a ser que alguien piense que ambos eran especialmente amigos….. y adiós.

En esto mis compañeros de Baleares eran especiales y buenos profesionales. No tuve ese “problema” ni mucho menos.

 

 Volviendo a la historia, que me voy,  los tiempos en los que se hacen las cosas me importaban mucho. Por ello  pedí que tuvieran la amabilidad de avisarme de mi marcha con una antelación mínima. Dos o tres meses para los colegios, la vivienda y esas cosas. Nuestra idea era volver a Zaragoza después de 21 años, por lo que pedir un preaviso de dos meses no parecía mucho. Puedo entender que no lo hagan, que no te avisen,  si has hecho alguna barbaridad y urge el cambio, pero sin duda no era mi caso. Nada de lo que pudiera hacer era una barbaridad y nada de lo que hiciera era nuevo para nadie.

 Históricamente para nuestra “empresa” los meses de Julio eran los meses de los  cambios. Nos citaban a todos en Madrid y algunos ya no volvían con el mismo cargo que antes de coger el tren o el avión. En otras ocasiones te llamaban por teléfono y ya estaba. Tampoco se conocían muy bien los argumentos pero era así. Cuando uno aceptaba el cargo ya sabía que esto era así, por lo que es absurdo quejarte. Buen principio para no cambiar las cosas.

Cuando te haces del  Real Zaragoza ya sabes que vas a sufrir, ¿no? No sé entonces para qué sufrimos, si ya  sabíamos lo que había. ¿Qué pretendemos ganar la liga? Resignación. Pues eso; imagínate  por un momento que sí, que la ganamos.

Era el mes de julio y nadie me había dicho nada. No había organizado ni las vacaciones esperando noticias. Pero nadie decía nada. Posiblemente con el jaleo de temas importantes que hay por aquí no interesará que me vaya en este momento, pensaba. Y aunque decidan que deje de ser”Jefe”, creo que lo honrado por mi parte debería ser quedarme como un  funcionario más. Con  un año es suficiente, y ayudo a terminar todo esto. Supongo que estarán encantados si me ofrezco, dedujo el incauto que esto escribe.

Os anticipo, para lectores noveles, que no lo estaban.

 

TIEMPOS DIFICILES

 

Cuando hablo del “jaleo” que teníamos, os podéis hacer una idea de lo que hablo. Media España conocía lo que estaba sucediendo por aquí. Mucho más que en cualquier otro sitio. Se hablaba más de otra Comunidad Autónoma, pero sin duda lo de Baleares lo superaba. Había un interés político en darle mayor relevancia mediática a lo  que ocurría en otros lugares, pero, sin duda, desde el punto de vista de la importancia de las investigaciones, lo nuestro era muy superior.

En cinco años llevábamos más de 30 temas de corrupción. Habíamos estudiado a centenares de personas vinculadas y conocíamos al dedillo quién era quién en cada uno de los asuntos estudiados. Viéndolo con perspectiva sabíamos demasiado. Una locura. Yo llevaba dos trabajos. El normal de Jefe de “empresa” y el “extra” de jefe de un equipo de investigación. Casi todas las noches subía a dormir más allá de las doce de la noche. Mis compañeros eran tan buenos que me dejaban extensos informes para estudiar.

Algunos  compañeros de fuera de Baleares me han criticado con posterioridad, y cariñosamente, recordándome que ese no era trabajo habitual de Jefe;  que lo que debería haber hecho era desvincularme de esos temas tan complicados y peligrosos. Buena crítica. Lo más importante que ocurre en tu puesto de trabajo  y vas y te desvinculas de ello. Está claro que lo que ha pasado en Baleares no lo ha vivido casi nadie y desde luego nosotros no lo elegimos. El “casi” siendo generoso.

Podía haber optado por no colaborar. Eso es cierto. Pero si colaboramos lo hacemos bien. Si además queremos que no afecte a nuestro trabajo y cumplir de esta forma con nuestro designio divino de luchar contra el fraude no podíamos cargarle ese trabajo a las unidades inspectoras. No se me ocurrió nada mejor que crear una Unidad de Colaboración Judicial y dirigirla yo mismo. Al fin y al cabo yo  creo que era un buen Inspector y en Baleares no contamos con mucho personal. Eso sí,  quienes iban a investigar serían mis compañeros.

Yo dirigía, buscaba líneas de investigación, planificaba tiempos, coordinaba con la Policía, leía los informes para qué no se escribieran nada que no se pudiera probar, hablaba con los fiscales, preparábamos los medios materiales y humanos para los registros, denunciaba los delitos fiscales que  elaboraba   Inspección, al ser estos de mi competencia. En fin…muchas cosas. Eso sí jamás influí en las investigaciones en un sentido u otro. Esa era mi gran tarea. Que los investigadores pudieran trabajar con tranquilidad y sin presiones. Las intentaba asumir yo todas. “Un jefe debe dar seguridad a la empresa” decía un gurú de temas directivos en los cursos a los que íbamos. Pues eso. Lo mío era intentar dar seguridad. Porque presiones haberlas…las hubo.

Se descubrieron tantas cosas que era increíble. Supongo que la sensación de impunidad rebaja las cautelas en unos más que en otros. En otros no. Los profesionales del tema de llevarse el dinero ajeno lo hacen bien y cuando se hace bien el dinero viaja a los paraísos fiscales en medio segundo sin rastro. Salvo que alguien colabore….., y claro en determinados “clanes”,  no es fácil que esto se dé.

Mis compañeros de la Unidad Judicial y de Inspección habían puesto la situación patas arriba, en colaboración con los fiscales y la policía. Habían trabajado con libertad y el resultado era excelente. Nos pagan para eso, ¿no?

Mi cabeza y las de mis compañeros podía explotar. Creo que nos sabíamos todos los temas.  Yo no con el detalle de mis compañeros, pero como unos llevaban unos temas y otros los contrarios creo que al fin y al cabo yo era el único que tenía  una idea general de todo en la cabeza, por lo que pensaba, incrédulo de mi, que debía quedarme –como he dicho antes-,  aunque hubiera sido como un funcionario más, para ayudar y terminar todo cuanto antes. Descubrir las cosas está bien, pero terminarlas está mejor. De no terminarlas no habría condena.

Pero mi entretenimiento de esos meses no eran solo los temas con políticos de por medio. La “Operación Trueno” de Ibiza fue muy compleja. Llevaban más de dos años trabajando en ella los compañeros de esta oficina pitiusa. Una labor de “chinos”, muy laboriosa y técnicamente compleja, que habla bien de la calidad del trabajo desarrollado. Los compañeros de Ibiza son muy buenos; siempre me “cayeron” especialmente bien.

Los detalles los reflejó la prensa  y fue una gran operación. La verdad es que cada una de ellas tiene mil anécdotas que contar y esta, posiblemente, mil y una más. Desde luego que si alguna me llegó a poner verdaderamente nervioso fue esta. Nos la retransmitieron en directo por teléfono móvil desde el avión en que viajaban los amigos policías y los propios fiscales. Fue muy emocionante. Desplegamos para ello un número muy elevado de actuarios  de Ibiza que dejaron todo lo que estaban haciendo  por participar.

La decisión de ejecutarla a principios del mes de  junio tenía su riesgo por el comienzo de la temporada turística, pero  sin duda era el mejor momento. La decisión fue mía y asumí personalmente el riesgo. Estaba convencido que de no hacerla en esas fechas ya no se haría. Salió perfecta y como estaba planificada. Los fiscales  y la policía hicieron un trabajo espectacular. ¡Qué tíos!  ¡Cómo interrogan!

En la isla resultó una conmoción. Por lo que me dijeron, llevaban tiempo esperando que ocurriera pero pensaban que no tendría esas dimensiones. Los políticos locales se portaron muy bien y comprendieron la importancia del problema. La prensa alabó nuestro trabajo y consideró que habíamos hecho lo que correspondía. Todos nos sentimos satisfechos.

El valor  de mercado de los hoteles que se intervinieron era  de más de mil millones de euros, según las valoraciones de las que disponíamos y según anunció la propia prensa. Nada más puedo contar pero os hacéis una idea de lo entretenido que estaba por esas fechas. Tuve que salir en la tele, incluso a nivel nacional, en el telediario, para comentar la operación. Me lo indicaron de Madrid, claro, y me pareció muy bien.

 De forma simultánea, los compañeros de Aduanas se encargaron de que no decayera el entretenimiento. Decidieron hacer una operación de inmovilización de barcos de bandera extranjera que se dedicaban al chárter náutico. A pesar de lo que se dijo no fue una iniciativa mía. La prensa lo recogió nuevamente. Más de treinta barcos inmovilizados. Lo sentí porque comparto buena parte de las preocupaciones legítimas de las empresas de chárter náutico.

Volvimos a salir en prensa. Demasiada notoriedad pero era inevitable. Nada bueno podría traer esa “fama” en una “empresa” que prefiere perfiles públicos personales bajos. Y es normal. Lo entiendo, pero no podía hacer otra cosa.

 

CAMPEONES DEL MUNDO

 

Como veis no me aburría. España había ganado el campeonato del Mundo la noche de antes y Palma estaba abarrotada de gente con banderas. No me imaginaba que en la capital mallorquina , ciudad de gente tranquila y nada bulliciosa, se organizara semejante celebración. Fue impresionante. Salimos a la calle para participar de todo el ambiente. No sé por qué pero pensé que al día siguiente me iban a llamar y así se lo dije a mi mujer. Y así ocurrió.

En abril del año anterior había solicitado hablar con el entonces Director General de mi “empresa”. Creo que los jefes debemos estar un tiempo en los destinos y en esa fecha de 2009 yo ya llevaba casi cinco años en Baleares. Estaba muy bien personalmente, con demasiado trabajo, pero como digo muy bien. No obstante debía ser honrado conmigo mismo y entendía que mi etapa allí había terminado como Jefe y así se lo comuniqué a mi Director. Seguramente no somos muchos los que estando bien en un sitio pidan marcharse.

Un amigo veterano me regaló un consejo: “tú nunca pidas marcharte, que te echen. Te tratarán mejor”. No lo cumplí.

El problema es que si te “echan” lo hacen cuando ellos quieren y cuando tienes familia eso no puede ser. Por ello, consciente del trabajo que tenía en Palma planteé a mi superior marcharme cuando él dispusiera,  eso en todo caso, pero me parecía  que una fecha prudente  podía ser el siguiente verano de 2010. Le expliqué que todos mis objetivos personales estaban satisfechos y que sería bueno un relevo. El problema era la importancia de los temas en marcha, por lo que él debería pensar en mi propuesta pero solicité que, por favor,  y en todo caso, me avisaran con dos meses de antelación. Con gran amabilidad, en eso quedamos.

 

La importancia de los temas que trabajábamos se había incrementado en ese año 2010. Además de los judiciales, la Operación Trueno y varios temas internos me hacían trabajar a destajo por si me iba. Pero era Julio y nadie me había dicho nada.

No obstante ese verano no habíamos preparado ni las vacaciones en previsión de cambios pero ya el tiempo se echaba encima y no había noticias. A principios de julio y en dos días planifique unas vacaciones familiares a Polonia.

Cuando los dioses del futbol hicieron justicia  secular con España,  casi  en el momento en el que nos hizo saltar a medio país de los asientos, tuve el presentimiento de que al día siguiente me llamarían.

Se lo comenté a mi mujer y me dijo que no; en ese momento ya no: “No puede ser, porque no te han avisado como  les habías solicitado y además… no querrán cambiarte para que puedas terminar los temas que habéis empezado y no parezca que te cambian por presiones políticas.”

 En eso tenía razón. Mi “empresa” es muy seria y nunca se cambia a la gente por presiones de ese tipo. Por lo menos si estas eran públicas.

 

TRAMPAS

 

Una de las cuestiones que con más insistencia nos han requerido los amigos, e igual que a mí me imagino que a los fiscales y a la policía, es por el recurrente tema de las presiones que recibíamos o de las instrucciones que recibíamos.

La investigación de los casos de corrupción política alberga muchas trampas dirigidas fundamentalmente a la opinión pública. Una de ellas es la llamada “politización de la justicia”, que como la otra cara de la misma moneda al girar, se puede leer “judicialización de la política”.

De estos temas ya comentaremos algunos detalles curiosos en próximos escritos, pero quedándonos con  este, supone el desacreditar las actuaciones de jueces, fiscales o investigadores, trasladando la idea al común de los mortales que lee la prensa que si tal o cual político es investigado se debe a una conjura política del partido contrario o que los jueces persiguen a los políticos por no se sabe muy bien que oscuro motivo al margen de su finalidad última que es descubrir la verdad y juzgar o instruir los hechos presuntamente delictivos.

Desacreditados los agentes de la justicia, sea cual fuere la decisión final  que se adopte esta siempre será cuestionada, y no por la posible incorrecta aplicación del derecho, que siempre puede plantearse, sino por considerar a los juzgadores como parciales.

Los jueces y los fiscales actuarían contra tal o cual político por animadversión ideológica, según esta “teoría de la conspiración,” y no porque hayan sido denunciados, por ejemplo. En consecuencia cuando se actúa contra políticos de varios partidos siempre surgirá la comparación de lo que se ha hecho con unos y con otros. Esto nos lleva a un callejón sin salida porque precisamente el garante de esas decisiones es el juez cuya independencia de forma general está garantizada por el propio derecho. De no ser así caben todos los recursos posibles en todas las instancias también posibles.

Durante estos años, y sobre todo los primeros, que estamos recordando, los partidos políticos con militantes juzgados por corrupción - y los que no los tenían también- hicieron todo lo posible por trasladar a los ciudadanos la firme creencia de que los jueces y las investigaciones que ellos dirigían estaban contaminadas por la parcialidad y por la propia intromisión de la justicia como herramienta al servicio de la política. Curiosamente, cuando esta se ha podido producir un revelador silencio ha acompañado a las evidencias. Seguramente porque a todos les interesaba frenar las investigaciones.

Estando así las cosas, como os decía, la preguntas más frecuentes  con las que nos interrogaban los amigos, eso sí casi en voz baja y armándose de valor, como si de un secreto de Estado se tratara, eran del tipo: ..”…. menudas presiones tendréis…. ¿No?”, o “…supongo que os darán instrucciones de lo que debéis mirar  y  de lo que no podéis…. ¿no?”.

Os respondo y os anticipo.

 

INSTRUCCIONES

 

Instrucción ninguna. De nadie. Nadie nos dijo lo que debíamos mirar o lo que no podíamos mirar. Absoluta libertad siempre limitada al requerimiento judicial. Investigábamos lo que nos solicitaba el juez y con los límites, si los había, que marcaba el mandamiento judicial.

Nuestro régimen jurídico es un tanto peculiar al estar constituidos jurídicamente como una especie de Organismo Autónomo. Para quien no lo sepa esto concede un cierto privilegio de independencia a los que trabajamos en este negocio, que viene muy bien por los delicados temas que tratamos. De no ser así esto resultaría imposible de gestionar, por lo que todos los gobiernos de este país, conscientes de lo que se jugaban, han preservado ese oasis de “ausencia de intromisiones significativas”. Ello quiere decir que los funcionarios se deben a la norma y no se alejan de la misma un ápice. Las instrucciones que recibimos son siempre técnicas y de nuestros superiores en nuestra Organización. Nunca de fuera.

Mis jefes de Madrid en este aspecto siempre fueron muy prudentes y eso es más que elogiable. Jamás me preguntaron por el contenido de las investigaciones y posiblemente se enteraban de ello por la prensa. Su única preocupación durante estos años y en estas cuestiones era que colaboráramos suficientemente en todo lo posible con los jueces que nos lo solicitaran. Hubo temas más que importantes de los que dependió el propio gobierno autonómico y jamás me preguntaron por ello. Tampoco nos felicitaron. Nunca y por nada de lo que se hizo. Ni por los temas judiciales ni por las Operaciones contra el blanqueo y el fraude fiscal. Ni instrucciones ni alabanzas. Por mi perfecto.

Desde Delegación del Gobierno exactamente igual. Siempre respetaron nuestro “régimen peculiar” y jamás me hicieron ninguna indicación de ningún tipo. Me resultó muy cómodo trabajar con ellos estos años y tengo un gran aprecio personal por las personas con las que traté. Les deseó lo mejor en la política porque creo que son personas de gran valía.

A propósito de esto que os comento viene a mi memoria una anécdota curiosa. Una página web camuflada bajo una sospechosa asociación cívica con aires de movimiento social independentista, y que todavía podéis leer si ponéis mi nombre en google, escribía que el “forastero recaudador” se reunía con cierta frecuencia a comer con el “virrey” para planificar las actuaciones de investigación y pasarles información a la prensa. Bueno, pues nada, todo falso. Jamás comí con el “virrey” y jamás planifiqué con él absolutamente nada. El forastero recaudador sí que debía ser yo, por lo que se ve. 

Curioso también lo de pasar información a la prensa. El tiempo pone las cosas en su sitio. Más de uno me acusó de ello siendo falso. Se ha demostrado que una vez que me marché la prensa se ha seguido haciendo con la información, por lo que no debía ser yo. Por cierto, el compañero que me sucedió tampoco lo hizo.

Por cierto, el “dueño”, instigador o financiador de la página web no era ningún movimiento independentista ni nada por el estilo. Era un conocidísimo empresario mallorquín con importantes intereses en que no se investigara a un partido político y por eso debía estar histérico. El importante y honorable empresario dejaba todas las huellas posibles de su relación con la “asociación” –recibía incluso premios de los independentistas- pero aún así no le importaba para nada estrechar la mano al “virrey” en los actos de sociedad, con las mejores sonrisas y como si fueran del mismo pueblo, y después machacarlo con mentiras oculto en una página web. Esta gente tiene una falta moralidad que creen compensada con su exceso de dinero.

No era el único. Un conocido organizador de festejos en un pueblo cercano a Palma y condenado por corrupción, también disfrutó camuflado en su página web arremetiendo contra mí precisamente porque según afirmaba, cumplía órdenes del partido en el poder.  Qué paradoja.

Yo creo que realmente piensan que nadie sabe que son ellos. Como los críos.

Vosotros que sabéis que no os miento podéis creerme cuando os digo que jamás recibí ninguna instrucción ni en un sentido ni otro. Cosa diferente resultó que diversas personas con poderes indudables intentarán presionar.

 

 

LAS PRESIONES

De esto de las presiones podríamos hablar un buen rato.

Hace poco tiempo un antiguo director de mi “empresa” publicó un interesantísimo libro sobre sus años al frente de la misma. Entre los distintos temas que abordó, uno de ellos lo hacía sobre las presiones que recibió de importantes personalidades de la vida financiera y social de este país para, se supone, obtener algún tipo de ventaja fiscal. Lo curioso del asunto resultó ser que a quien verdaderamente se demonizó fue al propio revelador de los hechos por haberlos contado y no a los “presionadores” por haberse servido de su privilegiada posición. Los poderosos lo son siempre. Le acusaban de no haberlo denunciado en su momento. Pero denunciar, ¿el qué? Las presiones son sutiles. Puedes denunciar que te pongan una navaja en el cuello para que actúes, no que te insinúen que….”te vas a enterar tú quien soy yo”.

Normalmente las presiones sutiles de las que hablo intervienen cuando el agente activo de la presión, el “presionador”, conoce el punto débil del pasivo, el presionado, y le recuerda con habilidad que hará todo lo posible para que su miedo se convierta en realidad….salvo, claro está, que acceda a lo que se le propone.

Un amigo con experiencia me instruyó con otro  buen consejo: “si te llama un político y se interesa por algo dando su opinión al respecto, ten por seguro que de no hacerle caso estará pidiendo tu cese  de forma inmediata, por lo que llama enseguida a tu jefe y dale tu versión de los hechos antes de que sea él el que le llame dándole la suya”.

Supone esta “teoría del miedo” que los funcionarios tenemos el mismo miedo que tienen ellos: perder el cargo; por lo que presuponen que la amenaza latente es, por ejemplo, hablar con el Ministro del ramo –seguramente amigo del partido  de toda la vida, como es conocido por todos- de nuestra poca “flexibilidad” para entender los problemas.

Esta me la sé bien por propia experiencia.

Existe otro tipo de presiones. El que se cree más listo y poderoso que los demás. Simple y llanamente. Te dice lo que tienes que hacer convencido  de que quien manda es él o ella. Esta es la explicación de la corrupción política; siempre hay alguien que piensa que es más listo  y poderoso que tú, o que tú eres más tonto que él, y al final harás lo que te digan.

Las presiones hay que juzgarlas desde dos puntos de vista. Quien te presiona lo hace convencido del resultado que va a obtener, cosa diferente es que obtenga el resultado deseado. Sencillamente puede que no te sientas presionado y ello puede ocurrir porque no tienes miedo a que te cesen, lo cual no entra en la cabeza de quien te presiona, o porque no reconoces una autoridad superior a quien te impone hacer lo que no debes. El “presionador” presiona y el presionado no se siente de la misma forma. Eso no entraba en sus planes.

Sin duda esto es lo que ha ocurrido con mi persona y con la mayoría de mis compañeros durante estos años. Y lo digo con pleno convencimiento.

 

PEQUEÑAS ANÉCDOTAS

 

Algunas presiones han sido indignantes por las personas de quienes procedían, por lo que pretendían y sobre todo por quién era el presionado.

La primera que quiero “resumiros” ocurrió en uno de los primeros casos de corrupción que investigamos. Una persona, no del ámbito político, pero más que relevante en el asunto investigado, se presentó sin avisar en el despacho del perito nombrado por el juez y perteneciente a nuestra “empresa”. Su misión era clara. Le informó “amablemente”, con todo el descaro que os podáis imaginar, lo que tenía que hacer y cuál debía ser el contenido de su informe. Apenas debía escribir cuatro líneas y no darle más importancia al asunto. La idea era exculpar al investigado.

Perdonad por la grosería pero en mi pueblo en actuaciones como esta, de tanto descaro, decimos: ¡con dos cojones tío! Se presenta en el despacho del perito y le dice  ni más ni menos que….¡¡¡¡¡¡ lo que tiene que hacer!!!!! Impresionante la cara dura. Por cierto, aprovechó incluso para interesarse por su devolución de renta y pidió que se le agilizará.

No solo se presenta una vez sino dos. Lógicamente el perito me lo comenta y le digo que en mi opinión debía actuar con profesionalidad y escribir en su informe lo que lealmente creyera oportuno. No hacía falta que se lo dijera y así se lo trasladó al personaje en cuestión en su segunda visita. No parece estar contento con la respuesta y me llama. Cree que lo mejor que podemos hacer, reitera, es elaborar un informe superficial que permita acabar con las diligencias abiertas. Eso es imposible y así se lo hice saber. El perito hará lo que considere y en estos asuntos informará de acuerdo con  criterios profesionales, por lo menos hasta que el juez decida buscar otro.

Ese era el problema; él había descubierto la aparente trama investigada y al personaje le interesaba que fuera el mismo perito el que se desdijera. Por supuesto no lo hizo y se actuó como correspondía.

Desde luego me sentí orgulloso de mis compañeros. A uno de ellos, al que le afecta esta “anécdota”, no se lo hicieron pasar bien. Persona valiente como pocas. Y hasta aquí puedo contar.

 

Con las personas del ámbito político que me llamaban me esforzaba en explicarles que nuestra actuación se regía exclusivamente por criterios profesionales y técnicos, por lo que nuestra obligación era  investigar a fondo. No podíamos atender a otras prioridades que las de la Justicia. En estos temas no éramos Administración sino colaboradores de los jueces, por tanto no podíamos inmiscuirnos y dar instrucciones “políticas”.

En mi “empresa” y en otras “gemelas” a la nuestra presumimos de ello y así lo he hecho toda mi vida. No hay criterio político que valga por encima del profesional.

Las llamadas se produjeron siempre de forma educada. La preocupación solía ser la misma: me trasladaban la de otra persona. Creo que siempre la misma. Por un motivo o por otro les preocupaba que se investigara a una persona concreta. Las presiones que debía plantearles esta persona debían ser muy fuertes porque no se sentían nada a gusto haciéndomelas llegar. Casi me sentía yo peor que ellos notando el mal rato que pasaban hablando conmigo.

Hubo un asunto que desquició a esa persona “protegida”. Un colaborador de su máxima confianza parece que fue imputado por un informe nuestro. Realmente lo fue por lo que había hecho. Nosotros nos limitamos a descubrirlo. Supongo que eso desató su ira. Me llamaron. Les informé que nos mantendríamos en nuestros planteamientos y mientras el juez no nos relevara seguiríamos investigando. No sé tampoco que pretendían que dijera o hiciera. Supongo que ellos cumplían lo que alguien de más arriba les había pedido que hicieran. Incluso me decían quién era la persona que les encargaba hablar conmigo y por qué.

Las llamadas eran siempre para interesarse por la misma persona. Siempre ella. Por nadie más del mismo partido ni del otro.

A pesar de lo que os podáis imaginar las llamadas eran cordiales y nos entendíamos mutuamente. A ellos no les quedaba más remedio que hacerme llegar el mensaje y a mi decirles que no se podía hacer nada. Supongo que yo a ellos les debía dar más pena: a este pobre “quijote” le queda poca vida. O al menos así me sentía yo cuando colgaba.

Lo que me impresionaba era el poder que tenían algunas personas. Una sobre todas las demás. Y  con qué concepto del poder actuaban. Pensaban que con una llamada se podían resolver los problemas y que los demás debíamos bajarnos los pantalones.

En alguna ocasión me llamaron o me escribieron personas “directamente interesadas”. Una de ellas, que se dirigió a mi por escrito, lo hizo en un tono que casi rozaba la amenaza. Incluyó mi foto en su misiva y el tono era altamente inadecuado.

Si os digo la verdad, y con carácter general, no me parece  mal que se interesen directamente por sus asuntos. Creo que cuando una persona está en estas situaciones es normal que intente todo lo que está en sus manos. A lo largo de mi vida profesional he atendido a cientos de personas con inspecciones tributarias quejándose por las mismas. Suelen alegar todo tipo de argumentos y siempre los he atendido lo mejor que he podido porque creo que es parte de nuestro trabajo. Por ello no me parece inadecuado que el interesado nos llame y se preocupe.

Algún matiz pondría a que determinadas personas con cargos relevantes lo hagan. Creo que su cargo les obliga a permanecer en segundo plano aunque el asunto se trate de ellos mismos. Para solventar los temas técnicos ya están sus abogados, que a ninguno le faltan. La presión que pueden ejercer con su presencia directa es importante y deberían ser conscientes  de que su situación les obliga a mantener un comportamiento ético. No obstante, y como os digo, lo puedo entender. Puedo entender incluso que estas personas se muevan con sus contactos para pedir el cese de los que para ellas resultamos un importunio. El derecho de defensa lo soporta todo.

Lo que resulta descorazonador es que lo consigan. Pedir pueden pedir lo que quieran pero que se lo den es terrible. Estas personas serían capaces de pedir el cese del Coronel de la Guardia Civil si recibieran una multa de tráfico que conllevara la pérdida de su carnet de conducir.  Y eso aunque tengan coche oficial. No me cabe duda. Pero que lo consigan  es lo inaudito.

 

Otra anécdota curiosa la protagonizó un “enviado” de un importante empresario local, el mismo que os he contado antes de la página web. Personaje singular y simpático, al “enviado” lo conocía por otros temas y me pidió que lo recibiera, cosa que hice con sumo gusto. De forma general, y para no entrar en detalles, me comentó que había preparado un dossier en el que se demostraba que había una especie de complot peninsular (o “foraster”) y de derechas para acabar con una persona concreta y con un partido político. Según entendía los peritos judiciales de mi “empresa”, o yo mismo, formábamos parte del complot. Lógicamente, indignación aparte, le expliqué cómo funcionaban las cosas y que lo que se investigaba era siempre bajo la tutela judicial, pero que a pesar de ello y no obstante  si consideraba que hubiera algo irregular, que lo denunciara. Le pedí por favor que me enviara el dossier para poder juzgar. Fue curioso.

El dossier delataba el origen. Había sido preparado por el gabinete de prensa del político y del partido que  querían proteger, y enviado a su vez al  importante empresario mallorquín, que desde el despacho de presidencia de su empresa lo había remitido al “enviado” para que hiciera la “gestión” conmigo. Había rastros demasiado evidentes.

Le llamé y le hice partícipe de mis investigaciones al respecto de su dossier, que por supuesto me negó. Nunca insistió más con ese tema.

A pesar de ello me sigue pareciendo un tipo simpático, más que nada por su desparpajo, porque esta anécdota tendría mucho que contar, pero la verdad es que prefiero no hacerlo porque algunos detalles no los puedo probar y el tema tiene su guasa viniendo de quien venía. Supongo que algunos de los pocos lectores,  y amigos, de estas líneas (más que líneas ya es un peñazo) os preguntareis… ¿qué interés tenía el empresario en todo esto? Buena pregunta.

Como veis el tema de las presiones era durillo.

 

TAMBORES LEJANOS

 

Empezaron a llegar a mis oídos los rumores de mi cese inmediato. Parece ser, según me decían, que está hecho. Hay presiones muy importantes para que te vayas.

Aún fue peor; la prensa recogió las amenazas o presiones que recibían algunos políticos de otros también políticos para que me enviaran muy lejos de allí. Parece ser, decían, que incluso alguna persona importante con responsabilidades de gobierno ya estaba haciendo las gestiones en Madrid.  Posiblemente rumores.

Te vas...te vas….  Vale pues me voy, pero antes terminaremos todo lo que podamos. Se lo comenté a compañeros de confianza. Les pedí a los peritos que hicieran el esfuerzo de terminar todo lo que estuviera en su mano, porque con el relevo lo más normal es que con la seriedad de mi “empresa” no cambiaran las cosas y que quien viniera hiciera lo mismo que yo, pero era inevitable que se dilataran los tiempos. Es duro llegar nuevo a un lugar como este y encontrarte semejante pastel, por tanto terminemos todo lo que podamos.

Ese fue mi último verano en Mallorca. Mis compañeros trabajando como locos y yo con ellos. Mi agradecimiento a ellos será eterno. Mejores profesionales me resultaría imposible encontrar.

Los meses de Abril a Julio de 2010 fueron los más intensos que he vivido nunca. Presentamos todo tipo de informes y  denuncias. Realizamos la Operación Trueno, que ya os he recordado y dejamos preparadas un montón de investigaciones.

 

FIN DE FIESTA

 

El día 12 de julio de 2010, al día siguiente del Campeonato del Mundo, una llamada por teléfono me recordó que llevaba mucho tiempo en Baleares y que mi etapa había concluido. Al fin y al cabo lo había pedido, por lo que tampoco parecía necesario que me quedara como Inspector normal.

No tengo nada que decir porque son las regles de mi “empresa” y no soy al único al que le afectaron.

Fueron años complejos y de trabajo los que terminaron aquel verano, con compañeros y amigos inigualables.

Todos tenemos nuestro trabajo y afortunados de tenerlo. La mayoría de nosotros entramos en una cierta rutina con el paso de los años; es inevitable. Pero hay ocasiones, hay momentos en nuestra vida profesional en los que surge la posibilidad de hacer algo importante de verdad; momentos en los que ocurren cosas insospechadas. Tuvimos la ocasión de hacer algo verdaderamente importante y lo hicimos. Algo que se salía de lo normal. Hacer algo que era importante para mucha gente. Creo que nuestro trabajo representó algo positivo para muchos de ellos y tuvimos la suerte de estar allí, de vivir aquello en primera persona y estar a la altura de lo que se esperaba de nosotros.

Posiblemente con el paso del tiempo, no mucho, no tenga gran importancia lo que ocurrió durante estos años. Todo seguirá igual, y unas personas habrán sustituido a otras en los mismos errores y en la misma forma de actuar. Pero para mis compañeros, para jueces, fiscales y policía  creo que no habrá sido indiferente.

Cuando las circunstancias nos colocaron ante hechos relevantes supimos cumplir con nuestro trabajo. Nos dimos cuenta que no era fácil pero se hizo y creo que todos nosotros estamos tan orgullosos de nuestros compañeros como de nosotros mismos. Nadie dejó de hacer lo que le correspondía.

El tiempo traería nuevos asuntos, aunque ya trabajados desde hacía tiempo, que tendrían dimensión nacional por su importancia “real” y afortunadamente nos encontró preparados para ello.

Y con esta satisfacción del deber cumplido terminó mi último verano en Mallorca.

Si alguien ha tenido la paciencia de leerlo entero le felicito. La verdad es que solo he pensado en mí a la hora de escribir, por lo que le pido perdón.

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Published by raulburillo.over-blog.es
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Comentarios

Ana clemente 02/23/2012 22:04

Muy bien Raul, me ha gustado mucho, casi casi lo he leido entero,te puedes dedicar a escribir, muy interesante lo que cuentas.bss

raulburillo.over-blog.es 02/26/2012 00:21



Gracias Ana, eres muy amable.



Arturo 01/05/2012 00:41

Espectacular este artículo. Me ha gustado mucho.

raulburillo.over-blog.es 01/05/2012 00:47



Gracias, muy amable.



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