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12 diciembre 2013 4 12 /12 /diciembre /2013 17:04

El “arte” de cambiar para que todo permanezca igual. Al “arte” me refiero porque siempre arrastra a sus pasionales seguidores y entusiastas que aplauden el discurso de la obviedad como novedad. Con  este “arte” nos movemos en la política española. El procedimiento es técnica y eficacia, el arte es sentimiento. El sentimiento obedece al corazón y la técnica a la cabeza. Siempre nos engañan utilizando nuestros sentimientos. Golpes bajos.

 

En un primer momento de nuestra peculiar democracia hubo cambio, sin duda, no el que pensábamos, pero sí era un cambio. Con los años esa palabra seguía siendo la misma y la situación también. Idénticas personas y discursos pero todos se arrogaban el “cambio” como bandera. Pasaron cuatro años, y otros cuatro más después de los anteriores, y los problemas fueron apareciendo de forma cada vez más evidente ante la falta de alternativa a planteamientos e intereses enquistados; la ausencia de oposición a la ocupación del poder, y a su abuso impune, era cada vez más evidente.

 

El poder corrompe por definición y sin oposición aún más. Connivencias, puertas giratorias que cada vez trasladaban a los mismos de forma más rápida con sus intereses públicos y privados al la vez, así como la firme creencia de que el poder es patrimonial convirtieron a la política de nuestro país en un mundo aparte, diferenciado. Ello alejó progresivamente a los ciudadanos de la gestión pública, para fracturar peligrosamente las esencias del sentido democrático, de la representación, de la confianza y de la gestión ética y eficaz. Y en estas estamos.

 

Tantos años de poder se mantienen con buenas dosis de marketing y engaño, consciente o inconsciente, por parte de quien lo percibe. Esta es la realidad y ese es el “arte” de esconder lo que realmente ocurre, que no podemos cambiar tan fácilmente porque el sistema está construido para su pervivencia, caiga quien caiga en su aseguramiento. El control de los poderes públicos, otrora respetables y ahora necesarios para que nada escape a su conocimiento y decisión, terminaron por envolverles en el aroma de lo putrefacto.

 

Esto que es así de forma general, tiene cada día múltiples ejemplos que permiten que no olvidemos lo cierto de estas afirmaciones. Elijo uno que me tiene perplejo en cuanto a su capacidad para vender humo… como solución al problema del tabaco.

 

Desde mi particular punto de vista nuestro siempre querido PSOE  ha sido un partido de grandes engaños. Para los seguidores de la pana, de los de la ceja y los de la calva, para todos. Todos han sido engañados en el momento oportuno; unos cuando entraron en la OTAN, otros cuando pensaron  en salir de la crisis (que “nunca” existió)  con medidas sociales y los últimos…lo fueron siempre porque estuvieron en todas las anteriores.  Este partido es algo así como un novio atractivo, de esos que te están prometiendo la luna antes de casarte con él… y zas!...cuando al final lo haces se larga con otra más fea pero con más dinero.

 

Pero claro, como novia enamorada que eres y  presa de tu enamoramiento, cuanto más le quieres más se aprovecha  de ti. Te resistes a dejar de quererlo y el tío te lo hace una vez y otra. Realmente esto ocurre porque no le quieres a él sino a lo que te transmite; a esa imagen romántica que ha sabido crear de él mismo. “Yo soy la izquierda”, dice cual G. Clooney que está ”inside”, y  todos acudimos en masa…¡oh my god!. No te puedes fiar ni lo más mínimo. Sabes que lo que nos prometa cuando esté en la oposición jamás lo cumplirá cuando llegue al poder.

 

¿Es culpa suya? Ahora ya no; lo es nuestra y solo nuestra porque con los años deberíamos saber de qué pie cojean estos atletas del poder. Tampoco deberíamos extrañarnos de un partido que se hace llamar “socialista”, cuando la máxima expresión ideológica del socialismo es su política económica, y sobre la que ha diseñado este PSOE pocas dudas caben sobre su liberalismo y de sus pactos con el poder económico. Lo de “obrero”, por supuesto, es hoy en día una “frivolité” para darle la nota exótica y que los jubilados del partido puedan seguir levantando el puño en alto, que por cierto ellos sí que se lo merecen.

 

Pues bien, su ultima invención de TBO es la “Solución Federal” con cambio equivalente en la Constitución para hacerla posible. El independentismo estratégico de los partidos nacionalistas se combate con un Estado Federal, piensan y anuncian.

 

No sé si todos los ciudadanos que legítimamente  apoyan la “solución independentista” han pensado seriamente lo que supondría la independencia de su país o si, por el contrario, para muchos no es más que una postura de reivindicación del orgullo local a la que a todos nos gusta acudir de vez en cuando afloran nuestros instintos básicos. Puede que no, que realmente obedezca a un largo e histórico proceso de maduración personal que les ha llevado a esa conclusión. Sin duda legítimo y arriesgado a poco que amplíen la estrechez de este tipo de planteamientos, pero ellos verán. Lo que sí que es cierto es que para hacer cambiar de opinión a quienes han llegado a este punto de “independentismo” deberían poder “ofrecerles” algo que entiendan y les satisfaga. Satisfaga a una forma de pensar que no brilla precisamente por su solidaridad más allá de las fronteras de lo que consideran su patria. Están en su derecho. Pero frente a esto interponen Federalismo como solución.

 

¿Pero han explicado qué es Federalismo? ¿Qué cambia nuestro Estado Autonómico frente al nuevo Estado Federal? ¿Estamos ante meros conceptualismos que no aportan nada?

 

España podía ser hoy mismo una República Federal y no por ello dejaría de ser prácticamente igual a la España que hoy tenemos. Monarquía y Federalismo, en mi opinión, suponen desde el punto de vista de la teoría política y en relación a España los discursos más vacíos de contenido y estériles para la mejora de la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Por tanto vaya por adelantado mi opinión. Esta propuesta puede ser así sin más una auténtica estafa conceptual al resultar un mero nominalismo que no aporta nada nuevo más que el nombre. Cambiar el Estado Autonómico española por otro Federal es, de entrada, inútil.

 

El diseño que hizo nuestra Constitución del mapa territorial no estaba claramente definido en el año 1978 y el miedo a los acontecimientos futuros, que ya se presentían en aquel momento, impedían llamar a las cosas por su nombre. Se optó por llamarlo “Estado de las Autonomías”, que era una situación intermedia entre las regiones geográficas y los Estados federales. Con el tiempo y el buen hacer de nuestro entonces muy prestigiado Tribunal Constitucional, se consiguió convertir a aquellas autonomías de primer y segundo grado en estados cuasifederales dentro de un Estado unido plurinacional. Y digo “cuasi” porque siempre caben retoques, pero nuestro actual Estado Autonómico es tan federal como cualquier otro que así se llame.

 

Por lo tanto, y así las cosas, sin aclarar nada más, anunciar a bombo y platillo la panacea del Estado Federal como solución a los problemas del independentismo no deja de ser puro marketing de ideas. O los independentistas no saben lo que supone la independencia o desconocen lo que puede aportar de nuevo este Estado Federal de diseño. Pero puede ocurrir que ciertamente tengan una idea clara de lo que quieren hacer. Puede que sepan lo que supone de novedad el federalismo frente al autonomismo en la realidad española, pero sería bueno que nos lo explicaran porque decir, no nos han dicho nada.

 

Doctrinalmente el federalismo se explica por los esfuerzos centrípetos de unidad. El esfuerzo de unir la diversidad. Estados originariamente independientes dan origen a un solo Estado Federal, por lo que este modelo se vincula al deseo de unir lo que originariamente no lo era. Difícil encaje tiene en España por su historia y porque tal vez obedece a la necesidad de frenar movimientos contrarios, centrífugos y de desunión. Pero en todo caso esto es la teoría.

 

La práctica es mucho más simple. España ya es un Estado Federal sin llamarse así. El desarrollo de sus amplias competencias sitúa a nuestro país y sus territorios en un nivel de autonomía homologable a cualquier Estado Federal. De hecho así se hacen llamar países con un desarrollo autonómico inferior al nuestro.  Por lo tanto, ¿qué pretende el PSOE?

 

Posiblemente hacernos creer que un simple nominalismo es la excusa perfecta para solucionar problemas o encontrar “vías de entendimiento” en su propio partido, o al menos escenificarlo. Los tiempos ya no están para tonterías y teatros de obras sin guión. Que nos traten como seres pensantes no es mala idea. ¿Qué va a suponer el federalismo diferente a lo que ya tenemos?

 

Os comento solo tres de las materias o competencias más comunes en otros países federales que podrían asumir los nuevos estados federados, que así se llamarán, que sustituirían a nuestras comunidades autónomas:

 

-Código penal propio asumiendo su propia normativa penal diferente en cada territorio.

 

-Libertad para fijar sus propios impuestos, únicos en sus territorios, que serían recaudados por sus  órganos gestores diferentes para cada estado. Desaparecería la AEAT y se sustituiría por las Agencias Tributarias de cada Estado Federal al estilo de los “lander” alemanes o de las diputaciones forales en España.

 

-Policía propia que sustituiría a la actual. Los delitos, salvo que fueran federales, solo podrían ser perseguidos por la policía de cada estado.

 

¿Es esto lo que buscan modificar o es solo el nombre?  De ser lo primero que lo expliquen, de ser lo segundo no nos tomen el pelo más. No nos acostumbremos a dejarnos entretener con fuegos de artificio.

 

Necesitamos una política diferente. ¡VIVA CARTAGENA!

 

 

 

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Published by raulburillo.over-blog.es
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