Hablaremos de politica, de la Administración Pública y de todos los aspectos ligados a estos temas.
¿Somos un pueblo sin nación o una nación sin pueblo? ¿Somos un Estado plurinacional o nacional? ¿Somos realmente un solo pueblo, una sola nación y un solo Estado? ¿Somos un Estado sin pueblo? ¿Tenemos tantos pueblos como naciones?... ¿Somos un pueblo de idiotas que no sabe si tiene naciones, Estados o pueblos?¿Esto le interesa a alguien? Entonces, ¿qué hace la gente agitando banderas y hablando mal de los que las lucen de otro color, cuando su forma de pensar es exactamente igual que la de sus enemigos? ¿Eres mejor por ser Chino que chileno, o por tener la bandera roja en vez de azul? ¿Decides ser admirador y entusiasta de los lituanos después de un amplio conocimiento histórico de las bondades de Lituania o eres un vago de antología y piensas que con admirarte a ti mismo y a tu país ya está bien? ¿Crees que casualmente has nacido en el mejor lugar del mundo?
Posiblemente encontraremos a personas que afirmen o nieguen cada una de las preguntas que he formulado, aunque, sin duda, la última arrasaría; más que nada porque lo normal es no entender ni una palabra del resto, y mucho menos el interés que puedan suponer semejantes disgregaciones. La última, como digo, la entienden, desde luego, pero es en las anteriores en las que hunde sus raíces la ideología nacionalista. Como lo complejo no lo entendemos lo fácil es pensar en que somos gente afortunada por nacer aquí en vez de allí. Tu persona es menos importante, lo es la patria. ¡Oh la patria, que todo lo justifica!
Nacionalismo. De eso hablamos, de una ideología. Nacionalismo no es querer a tu tierra, no es desear lo mejor para ella, no es defenderla ante situaciones de injusticia comparativa; eso, como dicen los antiguos, es simplemente de "ser bien nacido". Una ideología es la aplicación de un conjunto de dogmas que sirven para explicar la sociedad, la política y la economía, y que desde su comprensión nace la solución a sus problemas.
Una colectividad humana homogénea, culturalmente ubicada en un espacio geográfico definido es un “pueblo”. A ese pueblo le llamamos “nación cultural”. Si esta nación cultural sigue avanzando y muestra su voluntad de autogobierno nos encontramos ante la “nación política”. Si la nación política ve satisfecho su deseo de autogobierno y adquiere su propio Estado nos encontramos ante la “nación jurídica”.
El nacionalismo es la ideología que preconiza la existencia para un territorio concreto de un solo pueblo culturalmente uniforme, una sola nación y un solo Estado, ahondando en las diferencias con culturas parecidas o superpuestas para justificar de esta forma la existencia de su autogobierno en el espacio que considera suyo.
Un pueblo es una cultura compartida. La lengua determina la cultura, pero ¿y la historia la religión, las costumbres, la arquitectura, el folclore…? Solo seremos un pueblo si nos distinguimos, hagamos de la diferencia nuestra razón de ser; ocultemos lo compartido, borrémoslo, abjuremos de ello y ensanchemos lo peculiar. Así seremos un pueblo, una nación cultural.
La cultura uniforme es compleja de conseguir y más cuando hablamos de influencias variadas a lo largo de la historia: una lengua propia, una historia separada y distinta, caracterizada, eso sí, por los muchos agravios padecidos, una religión común y "un destino en lo universal que asombrará al mundo", suele ser lo habitual. Lo más fácil de conseguir es la “Historia Nacional” porque esta suele ser de quita y pon, si no coincide con la realidad se inventa y reinterpreta al gusto del nacionalismo imperante y ya está. Lo importante es diferenciarse y no tener reparos en mentir. Un pueblo unido necesita una nación unida. Y separada, claro; antes o después separada de los demás. En eso el nacionalismo no tiene fin.
El nacionalismo es la ideología con la que los listos tratan de tontos a los tontos. Abusan de su tontería. Les sacan a la calle, les ponen uniforme, les dan banderas y les dicen lo que tiene que hacer para ser más nacionalistas que nadie. El Partido, que siempre hay un Partido, les instruye en las acciones necesarias para ser un buen nacionalista. Es una religión sin duda. Una religión que anula la inteligencia del individuo, y al integrarlos con más tontos como ellos se sienten más listos, porque a partir de ese momento lo entienden todo. Un tonto acompañado se siente más listo, o al menos eso piensa. El listo, el que de verdad sabe que todo es un "truco", se lo pasa estupendamente viendo como se ha modernizado el oficio de pastor de rebaños: ¡¡… todos a la calle, todos a gritar, las banderas a las ventanas, nos roban, somos más listos y nos tiene envidia, se aprovechan de nosotros!!! ¡¡ ….sí, sí, es verdad, nos tiene envidia porque somos más guapos, más altos y hace cuatrocientos años conquistamos “Nosequelandia” y ellos no!!.
Lo de ser una religión es un chollo. El Partido es su “Iglesia”, la que marca el camino; el que manda y dirige es su “Papa” y "guía del desfiladero"; los que no cumplen con lo que les mandan sus santos evangelios se convierten en pecadores, van al infierno y se les excomulga. Dejan de ser de los "nuestros". Vivir en ese ambiente es difícil, mejor no pensar mucho en ello porque como lo hagas te darás cuenta de lo peligroso que resulta llevar la contraria a una masa enaltecida de fervor patrio.
El nacionalismo no tiene fin. Sus fines no se cumplirán nunca. Cuando el nacionalismo es la religión del Estado el enemigo está tanto dentro como fuera, no hay que darle tregua. El pecado, el diablo está a la vuelta de la esquina. Si el nacionalismo no tiene Estado lo querrá conseguir por encima de todo y una vez que lo consiga buscará de nuevo a sus enemigos para mantener a su pueblo vigilante. No se extingue.
En España sabemos mucho de todo esto. Lo sabemos porque lo hemos padecido. El primero y más peligroso de los nacionalismos españoles es ese precisamente, el español. El más numeroso, inculto e intransigente. No admite dudas en la definición del "español", de su cultura, de su lengua y de su pensamiento. Cuando un nacionalista español te exige que seas "español" no solo te impone un carnet de identidad sino un idioma y una cultura que seguro que coincide con la suya. Ser español es lo que él decide que sea ser "español".
Desde ese planteamiento, este país cometió las mayores barbaridades de uniformidad cultural y política que, desgraciadamente, aun sobreviven en el imaginario colectivo de muchas personas: los que hablan catalán no son españoles son “polacos”; si se llama Marc seguro que es así porque es un odioso nacionalista catalán y no porque su abuelo se llamará de la misma forma; si te responden en catalán al preguntarles por una calle en Barcelona lo harán porque son independentistas de mierda. ¡¡España una, grande y libre; el español es nuestra lengua, católica la religión, roja y gualda nuestra única bandera y madridista nuestra afición. Viva el toro y la tortilla, viva la copla y el turrón, gitana es nuestra sangre, aunque a estos les tengamos en el barracón!!.
Sin duda te puedes reír, pero ese nacionalismo se convirtió en terror, represión y entradas bajo palio; todo esto dejó de ser gracioso cuando las cárceles y los paredones helaron las sonrisas hasta de los verdugos. El nacionalismo español ya ha engendrado una dictadura, pero, curiosamente, cuando hablamos de nacionalistas en España no incluimos a los peores, los nacionalistas españoles y su pensamiento único.
Pero claro, en este país, el actual, todos nos parecemos demasiado y la envidia es nuestro pecado capital; el nacionalismo español no es el único. No tiene mayores peculiaridades, ni en su génesis ni en su historia, el nacionalismo catalán o el vasco: religión, burguesía, tradicionalismo y carlismo. Cambó, Prat de la Riba y Sabino Arana tenían miedo a lo mismo, o tal vez fueron al mismo “colegio” ideológico. Sin duda Sabino Arana era el más “europeo” de la época, ya que bebió mayores sorbos en las aguas del racismo más recalcitrante y de la radicalidad militante. Hitler tuvo la oportunidad de pasar a la historia y Arana no; de dársela la habría aprovechado sin duda.
Pueblos homogéneos y monoculturales, sin fisuras, todos iguales aunque diferentes a los vecinos españoles, tan católicos como ellos, claro, pero con su propia lengua, costumbres, cultura e Historia diferentes. “Somos un pueblo” y por tanto una nación cultural, dicen. Una nación agraviada, explotada y expoliada a los largo de los años por una España que explica con su presencia todos los males que “nos” aquejan, lo que “nos” otorga el derecho a disponer de “nuestro” destino. La voluntad de un pueblo a su autogobierno. La independencia hará coincidir pueblo, nación y Estado. La cuna de la felicidad; ni liberalismo, ni sociedad de clases, la justicia social no se consigue con el socialismo sino siendo español, vasco o catalán. Está claro que hay gente para todo….
El nacionalismo, como todas las ideologías, tiene trampa. El nacionalismo de los pueblos minoritarios es aplastado en todas sus manifestaciones por gobiernos autoritarios que imponen el nacionalismo más fuerte, el mayoritario; eso es indudable. En gobiernos democráticos se impone otra lógica, la de las minorías. Al ser minotitaria, la cultura catalana o vasca debe ser protegida frente a la mayoritaria “española”, imponiéndose incluso con la mal llamada discriminación “positiva”: lo minoritario debe ser mayoritario. Forma parte de la lógica democrática. Todo parece consecuente salvo por una cosa: no es minoritaria; es la mayoritaria en su territorio. Las mayorías se vuelven a imponer a las minorías.
El nacionalismo predica su unidad como pueblo frente al “no pueblo”: los de fuera, los extranjeros, los foranos, los forasteros, los maketos o los charnegos. Los derechos que piden para ellos no los contemplan en su nuevo Estado. Piden el reconocimiento de su singularidad, lo que supone imponer una forma de cultura en su territorio, pero ¿quién defiende a sus minorías?
En mi opinión las naciones tienen derecho a decidir su futuro. No pasa nada por preguntar a los ciudadanos si quieren tener Rey, que les gobiernen siempre los mismos, o ser español o sueco. Eso es la democracia. Pero la cuestión cierta es otra: qué preguntamos, cada cuanto lo hacemos, a quién le preguntamos y a quién le hacemos caso. ¿Si los votantes de la provincia de Tarragona o del Valle de Arán no quieren formar parte de la nación catalana, les obligarán a imtegrrse en ella si sus vecinos de Barcelona o de Girona así lo deciden? ¿Acaso no tienen derecho a decidir? ¿Los derechos de autodeterminación vienen marcados por fronteras?¿Qué fronteras son estas...la provincia, la comarca… o solo la nación catalana? Los catalanes que crean en la nación española considerarán con la misma lógica que a quién hay que preguntar por la independencia de Cataluña es a toda la nación española.
Preguntemos, pero preguntemos todo. Esa es la dificultad, preguntar y hacerlo bien, siempre de forma racional y consecuente. Si Cataluña consigue su independencia, lo cual, anticipo, no me parece mal si así lo deciden, el pueblo catalán será mayoritario, pero existirá una importantísima población con diferente cultura a la suya. Si se han esforzado en su singularidad tendrán que saber que ello supone ahondar en las diferencias en su propio seno. Esa cultura interna, diferente a la suya porque ellos quieren que lo sea, ¿qué hará? ¿Preguntarán al “pueblo” no catalán que quede en su territorio lo mismo que quiere que se les pregunte a ellos? ¿Concederán la independencia a aquellas partes de su territorio en los que la cultura no catalana es mayoritaria? Ahora esas “minorías” no catalanas permanecen extrañamente calladas pero cuando se vean amenazados saldrán de su silencio y reivindicaran sus derechos. Sería lo normal, una cultura propia –no catalana- una nación, un Estado. ¿Practicarán en su territorio la discrimación positiva con el castellano que ahora se practica con el catalán? Ello supondrá que ante un posible estado Catalán democrático deberían darle la vuelta a la situación lingüística actual. El castellano será la lengua débil en Cataluña –institucionalmente como ocurre ahora- y deberán protegerla en defensa de sus minorías. Pero, ojo, ahora de verdad, los “castellanos” serán la minoría nacional en su territorio y deberán protegerles y equipararles. En sociedades multiculturales no cabe absorción e integración sino respeto al diferente y protección.
¿Y la balanza fiscal? Deberán hacer lo mismo que ahora solicitan dentro de España y por lo que se suelen “tirar de los pelos” ante tamaña injusticia y expoliación. “ Nos roban”, dicen e igual tiene razón, aunque no creo que lo puedan argumentar con alguien medianamente informado. En todo caso los territorios ricos del nuevo Estado Catalán, áreas concretas de la provincia de Barcelona podrán disfrutar tranquilamente de su riqueza, nuevos y estupendos servicios públicos les espera al igual que los recortes de los mismos a las Tierras mucho menos ricas del Segre o del Delta. A estas, a partir de ahora, que les den. Nada de solidaridad nacional, el dinero para los ricos y los pobres que arreen.
¿Lo mismo les dirán a los señores de la UE cuando al nuevo país le recuerden que tiene que ser solidarios con Hungría? No vaya a ser que les molesta la solidaridad con Badajoz y no les importe con los magiares.
En eso consiste la trampa. Cuando se consigue la independencia el nacionalismo se cierra en banda. El diferente, el extranjero, el de fuera que se integre o se vaya. Cultura única, lengua única o exilio. Esa es su miseria. Cuando son minoría en un Estado mayoritario su discurso tiene una lógica que se pierde en cuanto la trasladas a unas nuevas fronteras.
Si la nación existe cuando un pueblo la justifica sabemos que los nacionalistas harán todo lo posible por magnificar la existencia de diferencias irreconciliables entre españoles y catalanes o vascos. ¿Somos conscientes de la guerra cultural entre nacionalismos? Niños con banderas proclamando su nacionalidad y el odio a la contraria. Balcones que arrojan sus banderas sobre los vecinos imponiendo la misma mentalidad con diferente color a un lado u otro de la línea que marcan la separación de los territorios.
Creo que estamos locos. El nacionalismo no se justifica nunca. La independencia de territorios sin libertad, oprimidos y vejados culturalmente siempre. Que territorios con tantos puntos en común, como posiblemente diferencias, no encuentren en un marco institucional de libertad y de respeto razones para seguir juntos no tiene explicación. Sin duda los nacionalismos, todos, tienen la culpa de ello. Creo en una España plural y diversa, variada, culturalmente rica, con más de un idioma español, unida por la historia, la cultura compartida y la peculiar, y sobre todo por la voluntad de sus ciudadanos de seguir estando juntos, pensando en lo que nos une y no en lo que nos separa.
Piensa y libérate de las banderas
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