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4 marzo 2013 1 04 /03 /marzo /2013 01:36

DEFINICIONES PREVIAS-

 

Si me tuvieras que explicar cómo es una persona concreta, a la que tú conoces y yo no, y me dijeras … “tiene el pelo negro”…posiblemente  me dejarías indiferente, casi como estaba y pendiente de  resolver unas incógnitas muy importantes sobre la dimensión exacta de su existencia corpórea. Vamos, que estoy seguro de que me quedaría sin saber…cómo es él -Perales dixit-. No sabría si es alto o bajo, de ojos claros u oscuros, delgado o gordo, de piel blanca o morena, con rizos, o calvo. No lo reconocería  ni de casualidad si lo tuviera delante de mis narices.


Ahora bien, si me dices... "es chino”... la cosa cambia: me lo imagino claramente, casi con seguridad; lo adivino delgado, de tez clara, pelo lacio, no muy alto y con unos ojos inconfundibles. La definición “chino” me ha dado toda la información que necesito, lo cual no quiere decir que el chino en cuestión no pueda ser alto y gordo, pero lo normal es que sea tal cual me lo imagino.


Espero, amigo lector, que el ejemplo no te parezca  ridículo, sobre todo si traslado este paradigma a los sistemas políticos de gobierno y a la comparación, tan en boga en nuestro país en este momento, entre monarquía y república. Para mí es esta una de las discusiones más estériles y carentes de contenido real  de las que puedan afectar al ciudadano, y mucho menos tal y como se plantea hoy en España. Sé que para mucha gente no lo es; es algo importante, consideran, y escenifican en él la legitimidad democrática del Estado. No les falta razón, pero sigamos leyendo.


"República" no es una definición en  positivo sino, muy al contrario, lo es en negativo: República es la ausencia de monarquía. Repúblicas  hay  tantas como países, de tantos tipos que resultan de difícil clasificación: repúblicas dictatoriales hay demasiadas; las hay de derechas, como lo eran las del centro y sur de América; también de izquierdas, como la antigua URSS y la Cuba actual; repúblicas islamistas como Irán o Yemen; repúblicas “hereditarias”, cuales monarquías camufladas, como es el caso de Corea del Norte o Siria, repúblicas democráticas presidencialistas al estilo estadounidense, semi-presidencialistas tipo francés o las repúblicas parlamentarias semejantes a las de Alemania o Italia.


Por tanto hablar de "República" sin más no me ofrece información suficiente para saber en qué sistema de gobierno voy a vivir. Una incógnita. Sus presidentes, por ejemplo, pueden ser auténticos dictadores vitalicios, o en el caso de encontrarnos ante repúblicas democráticas, estos pueden tener desde poderes amplísimos, como es el caso del presidente norteamericano, a simplemente representativos o moderadores, al estilo del italiano o del alemán (por cierto, os recuerdo que este último se llama Joachim Gauck, no siéndolo la señora Merkel, que es Canciller).


No debe confundirse "República" con "Democracia", puesto que ambas aluden a principios distintos: la"República" debería suponer el gobierno de la ley mientras que "Democracia" significa el gobierno de la mayoría, lo cual no ocurre, ni una cosa ni otra, en las repúblicas totalitarias y sí  en practicamente todas las monarquías actuales.


La Monarquía es otra cosa, al menos, como digo, las actuales. Las monarquías son prácticamente todas democráticas, constitucionales y parlamentarias. Puedes elegir como referencias a Suecia, Noruega, Holanda, Dinamarca, Reino Unido, Japón, Bélgica y España. Incluso si eliges países como Marruecos o  Jordania,  estos son los más aperturistas de su entorno geográfico, todos ellos Repúblicas.


Cuando nos encontramos ante una monarquía puedo imaginarme con mayores posibilidades de éxito que si lo hiciera con una república como es políticamente el país que corona a sus Jefes de Estado: una democracia parlamentaria y constitucional con un rey con poderes simbólicos y moderadores que, en todo caso, debe ser un referente ético, de permanencia y de representatividad frente a la alternancia de los partidos políticos.


Como "el chino" del ejemplo, frente a la descripción simple del individuo de "pelo negro", una Monarquía me ofrecerá toda la información básica para definir políticamente al país que le da cobijo, frente a las dudas y variables de las Repúblicas. Esta última es nuestro señor del “pelo negro” y la monarquía  el “chino” de nuestro ejemplo.


 

MONARQUÍA O REPÚBLICA.

    
 

 

Si me preguntaran en qué país prefiero vivir, si en una República, definida sin más explicaciones, o en una Monarquía, con la misma ausencia de detalles, optaría sin duda por esta última. Esta opción me aseguraría el porcentaje más alto de posibilidades de no equivocarme. Pero claro, me puedes decir, apreciado lector, que esta pregunta tiene trampa, que la pregunta correcta es:  ¿Prefieres vivir en una República democrática o en una Monarquía también democrática?.  ¿Cuál de las dos es más democrática? Comparémoslas entonces de forma rápida.


¿Es más democrática la republicana Francia que el monárquico Reino Unido? ¿Dudamos ahora de la solvencia democrática de las monarquías nórdicas cuando siempre recurrimos a ellas como ejemplo de buen hacer?


Pongamos ejemplos. El Presidente de la República Federal Alemana tiene prácticamente las mismas prerrogativas y competencias constitucionales que nuestro Rey. Nuestro Presidente del Gobierno tiene, salvando cuestiones concretas, poderes parecidos al Presidente de la República de los Estados Unidos de América. La estructura democrática de la República Alemana -o la de la Italiana- es similar a la de la Monarquía española, salvo, precisamente, por su Jefatura de Estado, republicana o monárquica, que verdaderamente resultan indiferentes ya que ambas tienen parecidos poderes representativos, moderadores y de arbitraje. Lo cierto es que las dos serían prescindibles, salvo por la carga simbólica que tienen en relación a su ensamblaje histórico.


 Si España se convirtiera en la República Federal Española, a imagen y semejanza de la Alemana, apenas cambiaría nada de la España monárquica que hoy conocemos, salvo en que cada cinco años nuestros parlamentarios y senadores, no nosotros, elegirían a un político veterano, no especialmente conocido, para que fuera nuestro "simbólico" Presidente de la República. Así lo hacen Italia y Alemania, que no eligen directamente al Presidente de sus Repúblicas. Si por el contrario optaramos por una República Española similar a la francesa, el señor Rajoy sería ahora mismo su Presidente y posiblemente la señora Soraya Sáenz de Santamaría, por decir un nombre, ocuparía el puesto de primera ministra del gobierno. Si nuestra República siguiera el modelo americano, el señor Rajoy sería "nuestro Obama", es decir nuestro querido y grandioso Presidente. Digo esto último -lo de querido y grandioso- porque la cultura política americana hace desaparecer en buena medida las diferencias políticas una vez que los candidatos se convierten en "Presidente de todos los americanos", siendo respetados por igual  sean del partido que sean. ¿Os lo imagináis en España?


La primera conclusión clara que podemos obtener es que  historia de cada país resulta fundamental para justificar la opción republicana o la  monárquica. Si ambas son democráticas el tema se convierte en absolutamente indiferente y me daría igual una que otra, dando por buena la que asegurara un mayor apoyo popular a una figura que debe contar con una carga simbólica tan importante.


 Sinceramente, no me imagino que el Presidente de la República Española, y por lo tanto el Jefe del Estado Español, fuera el señor Rajoy y que, por ello, su figura tuviera mayores apoyos que la monarquía actual, incluso en sus peores momentos. Esto parece habérseles olvidado a los señores, normalmente de izquierdas ( y lo digo como personas no especialmente favorables a Rajoy), a los que les gusta envolverse en banderas republicanas en las manifestaciones. Los que sí lo saben, y  perfectamente además, son los otros señores, los de  de la extrema derecha española, que durante años han sido los más furibundos republicanos de este país y que nunca perdonaron al Rey la  traición a "su" Generalísimo.


Por eso precisamente me llama la atención que a nuestros historiadores se les haya "olvidado" el número correcto de "Repúblicas"  proclamadas a lo largo de nuestra historia. Eso de que en España solo hemos tenido dos … nada de nada. Hemos tenido tres: dos democráticas y una dictadura. La dictadura del General Franco fue la Tercera República Española, pese a quien pese. Un régimen exactamente igual de republicano que lo fue la República corporativa portuguesa del dictador Salazar. ¿O era la España franquista  una monarquía, con el Borbón en el exilio?


Es curioso el interés que siempre ha existido en mantener una visión democrática de las repúblicas españolas cuando padecimos 40 años de república totalitaria. El hecho de que el dictador mantuviera la bandera histórica de este país y no la republicana no  convirtió a España en una monarquía hasta que el Rey no fue proclamado como tal. ¿Era el General Franco un Rey o el Presidente de una República dictatorial? Yo creo que lo segundo.


De ahí mi desasoiego cuando veo a la gente agitar las banderas republicanas porque lo cierto es que no sé exactamente qué es lo que piden, ni tan siquiera sé si ellos mismos saben lo que quieren, lo que sí que sé es que los demás no podremos saber qué es lo que  piden o si lo piden con un conocimiento real. Posiblemente el conocimiento real sea eso, "real"; solo piden cambiar al Rey por alguien que elijan ellos, que no es poca cosa.

 

Por cierto, y como ya he anticipado, ni el Presidente de la República alemana ni el de la italiana son elegidos directamente por los electores. Ni mucho menos. Son elegidos entre políticos que ni siquiera se han presentado a elecciones democráticas para serlo, sino que son elegidos indirectamente por los parlamentarios de su país entre personalidades de reconocida trayectoria pero alejados de la política activa: lo que nosotros conocemos como “viejas glorias” o personas no especialmente significativas. Es una opción curiosa pero respetable cambiar a un Rey por un Presidente de estas características.


 

UN BUEN REY.

    

 

Pero si volvemos al chino del principio, ese chino prototipo y estándar de persona con rasgos reconocibles y previsibles, el que me da toda la información sobre sus cualidades más evidentes y, cual metáfora humana, lo trasladamos a cómo debe ser una monarquía para ser igual de reconocible, creo que es aquí donde encontramos las diferencias básicas entre repúblicas y monarquías y en aquello en lo que deberíamos ser especialmente exigentes con estas últimas.


El "estándar reconocible" de la monarquía actual es el de una democracia parlamentaria con un monarca que reina como figura simbólica y que representa la permanencia, unidad y equilibrio en la figura de un rey, que por ello, precisamente, reina y no gobierna. Su papel moderador y árbitro entre poderes le obliga a ser una persona de comportamiento intachable, ejemplo de moralidad y de ética, con unos valores en los que se pueda reconocer cualquier ciudadano del país que comparte con su rey. No puede haber dudas sobre sus actuaciones públicas ni privadas, ni de sus relaciones empresariales o políticas y su transparencia patrimonial debe ser total. Nada de lo que le rodee a él y a su familia debe dar lugar a dudas ni a escándalos y si algo perturba ese juicio debería apartarlo rápidamente de su entorno. Es difícil ser perfecto pero a  los demás también  nos resultaría complicado convertir a nuestra familia en dinastía reinante . Si no es así lo suyo es dejarlo. Siempre es reconfortante recordar que nuestros queridos visigodos elegían a sus reyes por elección.


Un Rey es un jefe de Estado, como puede serlo el Presidente de la República Alemana, solo que, y a diferencia de este, con cargo vitalicio, para él y su familia. Las esposas y los hijo/as de los presidentes de la Repúblicas no disfrutan de los honores y parafernalias de los reyes. Y eso es un privilegio inimaginable que supone un compromiso muy duro de mantener y superior a cualquier otro. Hablando claramente, ello quiere decir que el Rey debería tener todo el cuidado del mundo en mantener un comportamiento intachable durante toda su vida reinante, y entre otras cosas porque es conveniente recordar Y QUE NO SE OLVIDE que los Presidentes  de las Repúblicas no piden perdón cuando se equivocan sino que sencillamente…dimiten, como hizo el anterior Presidente alemán por recibir presuntamente regalos improcedentes (parecido a la señora Matos... pero al revés).

 

El otro gran deficit es el más grave de todos: el democrático. Un rey no puede basar su legitimidad democrática en un hecho histórico como es para buena parte de la población la aprobación de una Constitución hace cuarenta años. La necesidad de convalidación democrática es absolutamente necesaria en un país como el nuestro en el que la historia es la que se escribe día a día y no la que se lee en los libros de historia.

 

 

Una monarquía en España debería tener, en consecuencia, la misma exigencia que tienen las Repúblicas con sus Presidentes, por ello no deben caber dudas de que cuando un Rey deja de actuar con los criterios que adornan a  un "buen Rey" debe dejar de serlo inmediatamente…no vaya a ser que el chino nos salga rubio y no lo reconozcamos.

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